A Katyia Rowe
le dijeron que el cerebro de su bebé no se había formado adecuadamente y que
nunca caminaría o hablaría y que necesitaría atención las 24 horas. Pero
después de verlo en tiempo real, haciendo burbujas, pateando y moviendo los
brazos tomó la decisión de tener a su bebé.
Lamentablemente
Luciano, como ella lo llamó, murió nueve horas después de que él naciera. A
pesar de la terrible experiencia, la sra. Rowe dijo que no se arrepentía de
haber tenido al bebé, pues tuvo la enorme dicha de abrazar a su hijo. Luciano
nació el 23 de octubre del 2012. Antes de su muerte, su madre lo abrazó y e
incluso conoció a sus abuelos.

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