19 de julio de 2010

Evita, Bergoglio y De Nevares....

Aunque de verdad no comparto para nada la decisión tomada por nuestros legisladores y estoy totalmente en contra de ella, creo que en esta nota se dicen verdades de fondo que me parece bueno compartirlas, es una lástima y me llama la atención la manera que sostuvo su postura nuestra Iglesia Argentina, ello enciende más los rencores y lo bueno se pierde en la nube del no querer....




Durante la discusión, Bergoglio declaró una supuesta guerra y se llevó a Dios para su lado. (DYN)

"Sabe Señora, compartimos la misma suerte, ser puto, ser pobre y ser Eva Perón, en este país despiadado es la misma cosa”, dijeron los de la agrupación Putos Peronistas en la audiencia pública en el Senado de la Nación, para debatir el matrimonio igualitario. La frase se la dijo el modisto Paco Jamandreu a Eva Perón a fines de los años ’40. Para Evita donde había una necesidad nacía un derecho. Esto le costó que se escribiera en las paredes de los barrios de la gente pudiente “Viva el Cáncer”, festejando de esa manera su muerte.

Mientras eso sucedía los pobres la lloraban, convirtiendo a su sepelio en el más multitudinario de la historia. Éstos reconocen en ella el derecho de redención social, la persona que les dio dignidad a sus vidas, la que los sacó de ser grasas , término que se usa para todo aquel que no comparta el estilo de la clase alta, cabecita negra a quienes por el color de su piel diferencian de los bienpensantes , que son los sectores mejor acomodados de la sociedad, y aluvión zoológico , el término que acuñó el diputado de la UCR Ernesto Sanmartino para referirse a los primeros diputados obreros que irrumpieron en la escena política en 1946.

Todos estos calificativos se dijeron en la Argentina cuando se ampliaban los derechos sociales, hace más de 50 años.

Lo que hemos visto y oído en esta última semana en Buenos Aires, sin duda actualiza la visión de Paco Jamandreu de hace tantos años. Es más, en muchas voces poderosas retrocedimos al 19 de septiembre de 1811, cuando el Cabildo del Río de La Plata resolvió no considerar “vecinos” a los negros, indígenas, mestizos y mujeres y que sólo podían participar quienes tenían casas fundadas. Resultado: la ciudadanía era para los varones blancos, heterosexuales y propietarios.

Discutir simplemente el derecho a ser iguales, el derecho que tiene cualquier persona que ama a casarse por ley si lo desea, nos valió que la máxima autoridad de la Iglesia Católica nos declare una guerra en la que quiso robarse a Dios para su lado.
Otro obispo llegó a mentir que los homosexuales eran 30 veces más violentos que los heterosexuales y que se caracterizan por no tener relaciones duraderas dado que poseen hasta 500 parejas a lo largo de toda sus vidas.

Además, el mismo diocesano aseguró que “las personas gay poseen una mayor tendencia al suicidio y a consumir estupefacientes, lo cual las vuelve poco tolerantes a los niños y menos beneficiosas para el Estado”. No se sabe quién le dio los datos, seguro que no fue el Indec de Guillermo Moreno.

Gracias a Dios uno se crió con Monseñor Jaime De Nevares, nuestro obispo en Neuquén, quien antes de ser sacerdote se había recibido de abogado y siempre nos decía “al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios”.

“Dios es amor, seguía enseñando, y crea al hombre por y para el amor, y no nos olvidemos que todos somos hijos de Dios”, nos predicaba. “El compromiso cristiano es hacer carne en uno, la necesidad del otro, ser solidario.”

Por último, “no recen mirando hacia arriba para olvidar lo que pasa acá abajo. Cristo se presenta en la persona de carne y hueso que está sufriendo una privación”. Jamás salió de su boca la palabra guerra, sólo la palabra amor.
Parece que nuestros senadores fueron inspirados por Jaime Francisco De Nevares, ya que decidieron que el amor era más importante que la guerra.

Eduardo Valdés, Conductor de Café las palabras

2 comentarios :

E. Baregó dijo...

Sin duda, es triste ver cómo se va degrandando poco a poco la sociedad. Creo, sin embargo, que ella misma volverá a su cauce.Pues como el hombre griego de la antiguedad que para seguir sintiendo placer vomitaba lo que comía, el hombre de hoy llegará al día que vomitará lo que le causa placer sin más y a lo cual llama a veces amor. Pero para ello debemos como Iglesia tener mucha comprensión, ser precisos y claros en nuestro mensaje , pero nunca ofensivos y degradantes.

Saludos y Bendiciones Hermano Claudio.

Claudio IFRAN dijo...

Gracias Padre y estoy en todo de acuerdo contigo, pasa que a veces se recurre a lenguajes que hiere y espanta, demasiado tiene nuestra gente, nuestra sufrida gente con su vida, pero hay que hablar la verdad y solo alli encontraremos al que es tambien la vida y en eso debemos ser irreductibles.