30 de enero de 2011

Para los hombres de Dios.....



“Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta.

Aquello de lo que te enamoras es lo que atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo.

Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama cada mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.

¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera”.

Pedro Arrupe SJ


29 de enero de 2011

Donde a Dios se le dice Alah......

UN MONASTERIO EN MEDIO DEL ISLAM
Historia de un jesuita romano y de un monasterio en ruinas que reflorece en tierra árabe, convirtiéndose en encrucijada de encuentros amigables entre cristianos y musulmanes, con una mirada realista y libre también a las luchas de poder mundano que agitan a Oriente Próximo

El sendero de piedra rosa que trepa por la garganta rocosa parece la cicatriz de una inmensa herida. Una especie de débil sutura cicatrizada zigzagueando para evitar barrancos y peligrosos riscos en la aspereza de una de las montañas del Jabal al-Qalamoun, entre Damasco y Aleppo.

Allí abajo, el desierto de donde sube el viento tibio de primavera se extiende hacia el Irak enloquecido por bombas y terror. En cambio, allá arriba, la luz rasante de la tarde hace aún más difícil de distinguir la escarpada silueta del monasterio de Mar Musa al Habashi, San Moisés el Abisinio. Los bastiones milenarios asomados a las rocas, donde una vieja torre romana velaba como un centinela contra el hostil limes persa, aún hoy sigue dando la impresión de ser una ciudadela inaccesible a los bandidos, de fortaleza izada sobre el precipicio por alguien que quería vivir a salvo de las tempestades de la historia.

Pero no hay más que subir la cuesta durante una media hora y llegar a la cumbre para darse cuenta de que se trata de algo muy diferente. La puerta del monasterio sigue siendo baja, para entrar hay que agachar la cabeza, pero por lo menos ahora está siempre abierta.

Aquí, precisamente en tiempos de Mahoma, llegó Moisés el Abisinio, hijo del rey de Etiopía, que escapaba de su destino dinástico por su deseo de hacerse monje. Se había instalado en una de las cuevas de la montaña para dar gracias a Dios con una vida de oración. Luego, mientras a su alrededor se extendían los siglos de la civilización islámica, sobre la montaña de Mar Musa la vida cristiana había seguido floreciendo en un monasterio de rito sirio, encajado en una colmena de cavernas habitadas por los monjes como celdas de una laura cenobítica.

El declive había comenzado sólo en el siglo XVIII. El último monje se había ido ya en 1830 cuando el monasterio pasó a ser propiedad de la Iglesia sirio-católica. Desde aquel entonces todo parecía encaminarse hacia el desastre. El viento y la nieve, los vándalos y la lluvia estaban desmigajando la roca monástica arrastrando hasta el valle fragmentos de frescos milenarios y pilas bautismales junto con detritos de las dolomías. Cada año, el 27 de agosto, vigilia de la fiesta de San Moisés el etíope, solo los cristianos de la cercana Nebek se acordaban de subir a la ciudadela en ruinas para repetir las oraciones de nostalgia entre los restos desolados del monasterio. Hasta que por aquellos lugares pasó Paolo Dall’Oglio, jesuita romano, hijo algo locuelo de san Ignacio. Y también, en algo al menos, de san Francisco.

UN NUEVO COMIENZO

Contando la historia del padre Paolo se puede caer en el cliché del idealista empecinado por su ego hinchado. Hijo de uno de los líderes democristianos de los primeros tiempos («cuando volvían en tren de las grandes manifestaciones, De Gasperi una vez se durmió sobre el hombro de mi padre Cesare, que a finales de los cuarenta dirigía los grupos juveniles»), cuartogénito de ocho hermanos, casa burguesa en el barrio Salario de Roma. Y luego la militancia de izquierdas, de cristiano “por el socialismo”, el voluntarismo del chaval acomodado ejercido en los arrabales romanos, el scoutismo, el servicio militar en los alpinos («queríamos ocupar el cuartel, esperábamos de un momento al otro el golpe de los americanos…»). Hasta el sorprendente propósito de entrar en la Compañía de Jesús, que le asaltó en el 74 como respuesta desbordante a una vocación sentida en medio de los tantos deseos de vivir a lo grande. Una aventura que también por casos fortuitos –un viaje de Turquía a Jordania, o el encuentro con el islamólogo jesuita Arij Roest Crollius– queda inmediatamente marcada por la fascinación por el mundo musulmán, por esa multitud «que en cada país se arrodilla en el mismo gesto, y reza susurrando en la misma lengua sus palabras de sumisión al único Dios».

A Pedro Arrupe ya en febrero del 75 el novicio romano le confiesa con petulancia su deseo de «ofrecer la vida por la salvación de los musulmanes». El general jesuita, mirándolo de arriba abajo sarcásticamente, le respondió que «es una misión difícil, pero que si es la voluntad del Señor, todo se andará». Ocho meses después Paolo está ya en Beirut estudiando árabe como un condenado. El holandés Peter-Hans Kolvenbach, entonces al frente de la provincia jesuita de Oriente Medio, le aloja en la residencia de la Compañía a pocos metros de la línea verde que separa los frentes de la guerra civil en la martirizada capital libanesa. Y luego los estudios islámicos en Damasco y en la Oriental de Nápoles, y la intuitiva y afortunada decisión de asentarse en una Iglesia local de Oriente, «de las que habían sobrevivido a la profecía coránica y durante siglos habían cohabitado con ella».

Elige el rito de la Iglesia siria, «apostólica, semítica, popular, una pobre Iglesia de cristianos al borde del desierto, que nunca ha sido imperial», y cuya liturgia, «sin pasar por la lengua griega ha elegido el árabe, la lengua sagrada del islam, conservando himnos y oraciones en la lengua siria (o aramea) hablada por Jesús». En el verano de 1982, en busca de un lugar aislado donde retirarse para sus ejercicios espirituales, las indicaciones de una vieja guía de Siria publicada en el 38 le llevan a las ruinas del monasterio de Mar Musa, abandonado desde hacía dos siglos. Entra en la iglesia, sin techo, su linterna escruta los frescos del siglo XI milagrosamente conservados: rostros de santos y santas pintados en las naves e incluso bajo los arcos, y, en la pared del fondo, un Juicio Universal con el Paraíso poblado de profetas, evangelistas, santos y monjes, y el Infierno también lleno de clérigos y obispos. Al principio piensa solo que valdría la pena restaurar aquel lugar, quizá implicando en el tema a algún amigo monje en Roma –los benedictinos, o quizá los trapenses–.

Pero luego, precisamente en aquellos días, pasan por allí algunos cazadores musulmanes. Se quedan sorprendidos de hallar a alguien en aquel lugar. Cenan con él, leen juntos el Corán, antes de irse le dejan toda la comida que llevan consigo, como para hacerle una limosna a un monje. Y el 27 de agosto la misma sorpresa la viven los cristianos de rito sirio que como cada año por aquella fecha suben desde Nebek. Rezan dentro de la iglesia sin techo junto al abuna Paolo, que dentro de su corazón ha decidido ya: aquel es el lugar para vivir toda la vida.

Como buen jesuita, se embarca en su empresa no programada tanteando sin ningún pudor todos los caminos posibles: palacios vaticanos, gobierno sirio, Ministerio de Exteriores italiano, Comunidad Europea, agencias de voluntariado internacional, escuelas arqueológicas de restauración. Afronta con su carácter volcánico todo tipo de obstáculos, como la más que comprensible y prudente desconfianza de algunos lugareños, tanto cristianos como musulmanes. Incluso los lazos con la Compañía de Jesús conocen durante algunos años la “suspensión” antes de que las cosas se aclaren.

A partir del 91, Mar Musa vuelve a ser la sede de una pequeña comunidad monacal, con una rama masculina y femenina, reunida alrededor de las tres «prioridades»: oración (con las liturgias cotidianas en árabe según el rito sirio), trabajo manual (aceitunas, cabras, carne y queso, frescos que restaurar, trabajos en la cocina, la biblioteca) y hospitalidad, «que en el mundo semita, árabe y de origen nómada», subraya Paolo, «es la virtud más alta». Bien mirado, nada original. Ora et labora. Si no fuera porque está en el centro del islam, y que los huéspedes a quienes Paolo les abre las puertas del monasterio son sobre todo los hijos y las hijas de la Umma islámica. Esos que cada día le repiten por lo menos cinco veces a Alá grande y misericordioso que se ponen en manos de la misericordia divina, sin lo cual nadie puede encontrar el gusto de Dios.

HACERSE TODO A TODOS

Hasta allí suben muchas personas, sobre todo el viernes, su día de fiesta. Solos, en grupos, familias con niños. Entran en la iglesia quitándose los zapatos, se sientan en el suelo en las alfombras beduinas, a veces de cara a la pared blanca colocada en dirección de La Meca. Pero también tienen gestos devotos ante los rostros de la Virgen María, de Jesús y de Juan Bautista. Luego comen bajo la gran tienda que hace de refectorio, o en la falda de la montaña diseminada de cuevas para aprendices de ermitaños.

Sus visitas relajadas son también el reflejo más ordinario de la trama de encuentros y relaciones con el mundo islámico que los monjes de Deir Mar Musa han entablado en más de quince años. Si el gran jesuita Matteo Ricci asumió los ritos de la tradición confuciana en su misión de testimoniar a Jesús en el Imperio Celeste, tampoco al padre Paolo le parece escandaloso asimilar prácticas y costumbres compartidas por el ambiente musulmán circundante. Cuando sus amigos musulmanes ayunan en Ramadán, también él se une a su práctica de penitencia. «No es por imitación», dice, «sino por simpatía en Cristo».

Los jóvenes cristianos del lugar le han contado a menudo que han ayunado junto a los amigos musulmanes durante el servicio militar o cuando estaban fuera de casa por trabajo. A quienes lo acusan de crear escándalo y confusión les responde que él no se ha inventado nada. Que aquí «las poblaciones cristianas árabes han custodiado durante siglos la percepción de ser una comunidad de destino única con la mayoría musulmana. Y que son testigos de Cristo para los musulmanes, mucho más que frente a los musulmanes, más con la vida que con las palabras». Una proximidad que ha diseminado sus huellas no solo en las vivencias cotidianas, sino también en los gestos más comunes de la vida de fe. De este modo, también en los santuarios más antiguos de la cristiandad siria, como el mariano de Saydnaya, o el de Santa Tecla, en Maalula, se entra descalzo y se reza arrodillado sobre las alfombras, como en cualquier mezquita.

Y precisamente en Deir Mar Musa, las restauraciones que han salvado los frescos del siglo XI han sacado a la luz también numerosas inscripciones árabo-cristianas llenas de expresiones y palabras cordialmente tomadas del léxico devocional musulmán, a partir del incipit coránico «en el nombre de Dios clemente y misericordioso». Una mezcla inevitable, visto que las Iglesias de aquí han adoptado como lengua litúrgica la misma del Corán, la que todo el islam utiliza como lengua sagrada. «Y que, mira tú por donde», subraya Dall’Oglio, «es también la última citada entre las lenguas habladas en las que por milagro se oyó el anuncio de los apóstoles, el día de Pentecostés».

Las voces sobre las efusiones de simpatía filoislámica practicadas en Deir Mar Musa llegaron también al Vaticano. Cuando el monasterio pidió la aprobación de su regla, los textos y las informaciones sobre la comunidad monacal fueron sometidos al examen atento de las Congregaciones romanas, que duró de 2002 a 2006. Tras exámenes escrupulosos y algunos retoques a los textos, llegó el nihil obstat que abre el camino a la aprobación canónica por parte de la diócesis sirio-católica de Homs, que posee jurisdicción sobre el monasterio. Abuna Paolo y sus compañeros saben bien que no lo habrían conseguido si quienes hubieran dado su parecer hubiera sido el grupo de opinión leaders que desde hace años esparcen por todos los medios de comunicación occidentales alarmas sobre la agresión islamista contra la civilización cristiana, describiendo a los islámicos como mil millones de potenciales cortadores de cabezas. Si fuera por ellos, también los pocos monjes de Dei Mar Musa deberían terminar ex officio en la lista de los desertores, culpables de comerciar con el enemigo.

El hecho es que, mirándola desde esta altura del desierto sirio, toda la incandescente cuestión de las relaciones entre el mundo islámico y el mundo cristiano parece muy otra cosa, y sugiere valoraciones por lo menos originales. Escuchando a abuna Paolo, el mundo islámico representa a veces más bien un providencial y paradójico aliado incluso geopolítico de la aventura cristiana en el mundo. Los miles de millones de musulmanes que cada día, según las palabras del Concilio, «rinden culto a Dios, sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno», son para el hiperbólico jesuita «la masa de contención de toda sedicente y hegemónica “cruzada” en sus distintas formas, incluidas las “laicas” de la modernidad secularizada y globalizada».

Mientras que el terror islamismo que ensangrienta al mundo y degüella a tantas personas que llevan el nombre de Jesús «no habría estallado sin el inmenso lodazal de complicidades occidentales que han preparado el terreno a las plantas venenosas». La misma fiebre identitaria que ha contagiado a tantos líderes cristianos, «este ansia de tener que demostrar continuamente la “superioridad” de su religión, en el fondo es síntoma de la angustia profunda del mundo cristiano, la sospecha de que Él, Cristo, no está realmente vivo, y por lo tanto es necesario apretar los dientes para “convencerse” de la verdad del cristianismo y de su superioridad moral mediante la victoria cultural y socioeconómica en las religiones».

LA PACIENCIA DE DIOS

En Damasco, uno de los tres alminares de la inmensa mezquita de los Omeyas es conocido como el alminar de Jesús. Según una tradición guardada por los musulmanes damascenos, precisamente en aquella torre aparecerá Jesús el día de su regreso para derrotar al Anticristo, para anunciar el final de los tiempos y separar a los buenos de los malvados. El Concilio Vaticano II dijo que la Iglesia honra y mira con estima a los musulmanes que «tratan de someterse con todo el corazón a los decretos de Dios», y «esperan el día del juicio, cuando Dios retribuirá a todos los hombres resucitados».

La actitud “mimética”, o mejor, incultural, de abuna Paolo y sus compañeros hacia la inmensidad islámica que les rodea no es solo una versión actualizada de los viejos “camuflajes” de los que se acusaba a los jesuitas, y ni siquiera una estrategia tica de supervivencia para minorías asediadas. Él advierte de que «el islam no es un fenómeno temporal ni efímero». La negación coránica de la divinidad de Cristo «es análoga al rechazo judío de aceptar el anuncio evangélico».

Y si san Pablo abrazó el rechazo de los israelitas en la perspectiva del final de los tiempos, cuando «todo Israel será salvado» (Rm 11, 26), abuna Paolo por analogía proyecta sobre los últimos tiempos también sus esperanzas «de unirnos por intercesión de la Virgen María ante Cristo juez misericordioso y rey de paz, al coro de los ángeles y los santos junto a los salvados de la Umma de Mahoma». Mientras tanto, que además es el tiempo de la Iglesia, el cordial “estar” en medio del islam de los discípulos del Nazareno, como ya lo vivieron san Francisco, Charles de Foucauld y durante siglos las milenarias Iglesias minoritarias de Oriente, le parece que sigue siendo el único camino eficaz y sencillo de «mostrar el amor de Jesús por los hijos de Ismael». Y colocar la única esperanza en su acción que también hoy puede tocar los corazones y humedecer los ojos de quien quiere. «Yo mismo ya me habría convertido al islam hace mucho tiempo», dice de sí mismo abuna Paolo, «si no hubiera saboreado en mi vida la ternura de Jesús de Nazaret, el Hijo del Altísimo».

Por Gianni Valente

Fotos de Massimo Quattrucci

Fuente: 30 DIAS

25 de enero de 2011

La Pascua de jTatic Samuel.....

Homilia de Fray Raúl VeraObispo de Saltillo, en la misa de exequias de Mons. Samuel Ruiz.
Estas lecturas que hemos escuchado revelan a don Samuel como un hombre que vivió íntegramente el Evangelio.
El texto del profeta Jeremías, de manera espléndida, revela su propia vida. La providencia de Dios quiso que hace cincuenta y un años, dos sacerdotes de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas eligieran para él, el lema que utilizó en su escudo episcopal, que era precisamente “Para Construir y Plantar” que está tomado de este texto del profeta Jeremías.
Don Samuel fue como el profeta Jeremías, un hombre que vivió y experimentó la contradicción. Una persona cuyas acciones eran discutidas y condenadas por una parte de la sociedad, pero para los pobres y para quienes hemos trabajado junto con él, para ellos, don Samuel fue una luz potente en quien se cumplió íntegramente aquello que Dios le dijo al profeta: “Desde hoy te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos, para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar” (Jer.1,10).
Don Samuel llegó a un Chiapas plagado de injusticias y de abusos contra el pueblo indígena y contra los pobres.
Le tocó ver con sus propios ojos las espaldas de los hombres indígenas marcadas por el látigo de los finqueros; constató desde la palabra de los pobres indígenas, cuando él llegó a esa zona, que el salario para ellos era de tres centavos al día, y todavía se trataba de un salario que nunca se pagaba, pues existía la tienda de raya.
También conoció a las muchachas indígenas sometidas a la “ley de la pernada”, es decir, el patrón, antes de que ellas llegaran al matrimonio, tenía que constatar, uniéndose a ellas, su virginidad.
Toda esta situación de injusticias, de abusos, de trato inhumano para los indios mayas, es lo que no sólo con su palabra de verdad, de justicia y de amor en su proclamación de la dignidad que tienen los hijos y las hijas de Dios denunció, sino sobre todo con la construcción de una Iglesia en la que puso los medios para que toda esa serie de injusticias y maltratos desaparecieran a través de las instancias que poco a poco se fueron construyendo, en donde por medio de la evangelización, quienes habían sido esclavos, quienes estaban sometidos, quienes no tenían voz, conocieran la dignidad que Dios les dio desde su nacimiento.
Y esos mismos indígenas hombres y mujeres, por medio de su participación activa y la construcción de esas instancias, participaron en el cambio de las estructuras sociales, en las que se justificaba y se instrumentaba el trato inhumano que recibían.
De esta manera jTatic Samuel ayudó a que quienes eran oprimidos y humillados, se convirtieran como anuncia el profeta Isaías, en robles de justicia, reparadores y reconstructores de ciudades devastadas (Cf. Is. 61,3-4).
Todos y todas somos testigos, quienes colaboramos con él en Chiapas y quienes conocieron su obra desde otros espacios, de lo que significó para él este trabajo por la liberación de los pueblos mayas que viven en Chiapas.
Entendemos perfectamente por el texto del profeta Jeremías de dónde le venía la fortaleza inquebrantable que lo caracterizó.
Como si estuvieran grabadas en su corazón estas palabras: “Mira que hoy te he convertido en plaza fuerte en pilar de hierro, en muralla de bronce, frente a toda esta tierra… Te harán la guerra, más no podrán contigo, pues contigo estoy para salvarte” (Jer. 1,18-19).
El texto de la Carta a los Romanos describe por boca de San Pablo el ánimo que caracteriza a los elegidos de Cristo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿La tribulación?, ¿La angustia?, ¿La persecución?, ¿El hambre?, ¿La desnudez?, ¿Los peligros?, ¿La espada?… En todo esto salimos vencedores gracias a Aquél que nos amó” (Rm. 8, 35.37)….
Hoy en la Pascua de jTatic, nosotros y nosotras estamos celebrando su triunfo, con la fuerza de Cristo, sobre todos estos obstáculos; él nos deja la herencia de la esperanza en un mundo diferente, en un México justo, en un México en el que reine la paz.
Con su sabiduría de la vida, con su testimonio de fe, con su amor por la familia humana, nos dice: TIENEN QUE LUCHAR, TIENEN QUE SER VALIENTES, PUES EL TRIUNFO DEL BIEN SOBRE EL MAL ESTÁ ASEGURADO. QUE NO DECAIGA NUNCA SU FORTALEZA, QUE NO LES VENZA NUNCA EL DESÁNIMO.
El comienzo del Sermón de la Montaña que nos muestra el evangelio de Mateo con el discurso de las bienaventuranzas, nos demuestra la calidad del hombre que fue jTatic Samuel, ya que encarnó en toda su integridad la palabra de Jesús. Hoy, con toda verdad, podemos llamar a jTatic, bienaventurado.
Por su identificación con los pobres y afligidos, por su perseverancia para vencer el mal a fuerza de bien, por las lágrimas que le vimos derramar al lado de los humillados víctimas de la crueldad humana a los que él les enseñó a trabajar por la justicia, liberándose de cualquier sentimiento de rencor y de cualquier movimiento de venganza, confiando en que el Señor, es la recompensa de los justos.
Él es un ejemplo de los hambrientos y sedientos de justicia; con todas sus fuerzas trabajó por desterrar la injusticia y suplantarla por la justicia.
Con todas sus fuerzas mantuvo por encima de todo su lucha por el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de todos y todas.
No había sufrimiento que no tocara su corazón. Siempre ante quienes lo calumniaron, lo trataron de detener por los medios más ruines en este trabajo por el bien de la comunidad humana, don Samuel actuó siempre con misericordia ante ellos, esperando con paciencia que un día entendieran cuál sería el fin desastroso de sus vidas si seguían adheridos al mal, a sus ambiciones y a su egoísmo.
Don Samuel tuvo ojos para ver la imagen de Dios en cada uno de sus hermanos y hermanas porque tenía el corazón limpio. Y con toda verdad vemos que hasta el final de su vida se conservó como un auténtico hijo de Dios por su trabajo por la paz, que nace de la justicia y del amor.
Dichoso tú, jTatic Samuel, perseguido por la causa de la justicia, porque tuyo es hoy en plenitud, el Reino de los Cielos. Dichoso tú, jTatic Samuel, que fuiste objeto de injurias y calumnias; de innumerables persecuciones, de vituperios, de insultos por la causa de Jesús, que es la plenitud de la vida de los pobres, la plenitud de la vida para todos los seres humanos en esta tierra. Alégrate ahora y salta de contento ante Dios porque esto lo sufriste por ser profeta fiel de Jesús. DICHOSO TÚ, JTATIC SAMUEL, QUE HOY DISFRUTAS DE LA RECOMPENSA DE LOS JUSTOS.
Fray Raúl VeraObispo de Saltillo
en el funeral por jTatic Samuel Ruiz García
Capilla del CUC
24 de enero del 2011 - México, D.F.

23 de enero de 2011

Cuándo la esperanza se llama Mecky.......

Tiene síndrome de Down y se prepara para ir a la universidad “Mecky”, de 18 años, logró un 8,50 de promedio en el colegio. Y fue elegida mejor compañera.

La sonrisa, siempre. Para bailar, tocar la guitarra, cocinar, patinar o hacer collares. Mecky decora su historia de esfuerzo y superación con la sonrisa que se le dibuja en la cara. Mercedes Sciutti –Mecky para la familia y los amigos– nació con síndrome de Down y con 18 años acaba de terminar el secundario. Y ya prepara su ingreso a la facultad, la consecuencia lógica de su propia historia.

“Siempre apostamos a ella y como familia optamos por la inclusión y por la igualdad de oportunidades” , dice la mamá, Liliana Cáceres. “La formamos como se forma a cualquier hijo”, explica con simpleza.

En el colegio María Auxiliadora de San Isidro la eligieron como la mejor compañera, algo tan valorado por todos como el 8,50 de promedio que tuvo. Según cuenta su mamá, haber ido a una escuela “común” fue una experiencia valiosa para todos. Mecky tuvo que adaptarse y los profesores también aprendieron a estar con ella. “ Yo digo que Mecky se formó en el colegio y también ella formó a los profesores . Fue una relación maravillosa para todos, las autoridades, los profesores y también los compañeros”.

Este año será de transición, porque Mecky hará un curso de preparación en el Instituto CCRAI (Centro de Capacitación y Recursos de Apoyo). Ya tuvo 4 entrevistas y sorprendió a los profesores por su “alto nivel de escolarización”. De hecho, según la prueba que le tomaron en la Universidad Católica, ya podría empezar a cursar este mismo año, pero prefieren ir de a poco y no quemar etapas. Entonces será en 2012 cuando empezará a cumplir el sueño de recibirse.

Estudiará Formación Laboral y el plan es que pueda ayudar a su papá Alejandro en el estudio de abogacía . La familia la completa Sebastián, su hermano dos años mayor.
Igual que cuando cumplió los 15, terminar el colegio fue un proceso muy importante para Mecky. Desde siempre tuvo la ayuda de sus dos acompañantes terapéuticas, Mariana y Milagros. En septiembre fue con sus compañeros a Bariloche, de viaje de egresados, y el acto de fin de año terminó siendo el broche ideal. “Lo vivió maravillosamente bien. Creo que estábamos más nerviosos nosotros que ella”, confiesa Liliana.

Cuando no está estudiando, Mecky toca la guitarra, baila flamenco y reggaetón. Hace natación y patina. Y también es fanática de cocinar y cantar. “Siempre está haciendo algo. El año pasado no nos fuimos de vacaciones y entonces le dije que tenía que encontrar algo para ocupar el tiempo.
Se puso a fabricar collares artesanales y armó su microemprendimiento. Le puso collares MS . Y ahora parece que va a empezar con las remeras”, cuenta la mamá de Mecky, la chica que a todo lo que hace le agrega la sonrisa.

Por Diego Geddes
Fuente: Clarin.com

17 de enero de 2011

El legado de Foucauld, contado por un hombre de fuego

De las mas grandes satisfacciones que tengo en esta vida son los amigos.... contados amigos, pero que sabor de boca dejan los encuentros que tenemos.

Uno de ellos es un estudiante jesuita que se está yendo a Brasil y sin duda dejará un gran vacio en nuestras vidas, pero cómo buen catalán creará una necesidad; la de ir a Brasil, obviamente. Este "compañero" me regaló hace un tiempo la fotocopia de un recorte de un diario, donde cuenta el actual general de la Compania sus encuentros con Arrupe.

Lo que me emociona que Nicolas, termina reconociendo que Arrupe cumplió el sueño del Hermano Carlos de Foucauld, ser camino silencioso de conversión a traves de la amistad...

Don pedro es un verdadero ejemplo, les prometo algunas entradas más contando la vida de..... Arrupe.

Mis ocho encuentros con el P. Arrupe

Por Adolfo Nicolas sj

La primera vez no lo conocía, solo lo vi. Era finales de 1952 o principios de 1953. Yo tenía 17 años y estaba en mi último año de escuela secundaria en Madrid. Él dio una conferencia sobre sus experiencias en Hiroshima tras la bomba atómica. El auditorio estaba lleno. Yo me senté en una escalera. Para ese momento, yo ya había decidido ser jesuita. El Padre Arrupe fue el gran misionero, un héroe nacional, un hombre de fuego.

La segunda vez lo ví en Japón en 1961. Lo tuve como Provincial por casi cuatro años. Recuerdo muy bien las conversaciones que tuvo a los escolares. Era apasionante. Trataba de advertirnos sobre los peligros del Japón de aquel entonces e intentaba la difícil reconstrucción de la provincia japonesa. Tuvo que recaudar fondos, reclutar jesuitas de todo el mundo. Esto lo mantuvo alejado de nosotros, a excepción de sus visitas temporales. En aquellos tiempos, yo era su peluquero personal: poco para cortar, pero mucho para escuchar. Era una persona cálida y un gran conversador.

Luego lo volví a ver en Roma en 1970. Era ya el Padre General y yo estaba defendiendo mi tesis doctoral en el Colegio Bellarmino. Existía la tradición de que el P. General hablase anualmente a los candidatos al doctorado. Los primeros 30 minutos de su charla fueron la de un visionario. Magnífico e inspirado: los signos de los tiempos, la Iglesia post Vaticano II y los desafíos de un nuevo mundo emergente. La segunda mitad de la charla fue "anti-climatic" ; él pensó que tenía que justificar teológicamente lo que nos había presentado, pero sintió que no podía. Al igual que Ignacio, la visión y la intuición de Arrupe estuvieron a la vanguardia de su Teología, gracias a Dios.

Nos reunimos de nuevo en Hong Kong en 1972. El II Coloquio de jóvenes promotores jesuitas. Fue un esfuerzo para reunir a 28 jesuitas del Este y del Oeste asiático con el objetivo de mirar el futuro de la Compañía. En realidad no fue así, pero produjo frutos. Arrupe llegó de improviso y se quedó tres días con nosotros. El Japón lo había cambiado. Él quería que el Este tenga un impacto en el resto de la Compañía. Compartió con nosotros sus preocupaciones y, una vez más, expresó muy claramente su corazón ignaciano y su pasión por la vocación y vida jesuitas.

Su discurso fue clave para nosotros. Habló de la obediencia declarando enfáticamente: "Si no hay obediencia, tendremos "caos" en la Compañía". Por su entusiasmo pronunció "caos" en español, que sonó muy parecido a "cows" (Vacas). Podemos imaginar la confusión de los que hablaban Inglés. La pregunta durante el receso fue: "¿De dónde provienen de esas vacas?"

Luego lo vi en la Malasia peninsular en 1980. El punto culminante de la Reunión de Superiores Mayores fue la celebración de la Eucaristía en la Iglesia de Francisco Javier, en Malacca. El escenario era perfecto: un techo e iglesia en ruinas con un espacio vacío donde el cuerpo de Francisco Javier había estado, y de donde había sido robado (o lo que la historia dice). Arrupe había pasado por los años de malentendidos y desconfianza con la Santa Sede. La Congregación General 32 y los años venideros habían sido duramente sorteados. La Homilía de Arrupe ese día se concentró en los últimos meses de Francisco Javier, su experiencia de abandono, el fracaso, la soledad en la isla de Shangchuan. "El Santo no fue a ninguna parte y su cuerpo experimento el misterio de la Cruz". Esa Homilía nos dio a todos una idea del corazón de Arrupe y de su espiritualidad ignaciana, que habíamos aprendido en los primeros años encarnados en Don Pedro. Ésta fue también una anticipación profética de las cosas que vendrían.

En 1981 visitó Filipinas. Le encantó el personal y los participantes en el EAPI que tuvieron el privilegio de escucharlo. El fuego todavía estaba allí, así como su apertura y su visión imaginativa de la evangelización. Tuve la oportunidad de compartir con él unos minutos durante una de sus muy pocas pausas. Fue en Angono. Compartió su preocupación por la Compañía y lo resumió todo en su última carta sobre el Amor. Esta fue su última palabra. Él ya estaba a punto de irse: Al día siguiente voló a Bangkok y de Bangkok a la enfermería.

Yo lo visité en Roma tres años después, en 1984. En esa ocasión pude ver a Francisco Javier en la costa mirando China. Don Pedro todavía ardía, deseoso de comunicar, de inspirar, de estimular, de continuar su misión en cada uno de nosotros. Sentí su calidez a pesar de su incapacidad por comunicarse, la frustración de estar en cadenas, el dolor del momento.

La última vez que lo vi fue muy breve, en Roma. En 1987, tuvimos una Congregación de Procuradores. No pudimos hablar con él. Su luz se iba, a pesar de que todavía le quedaban cuatro años de vida. Fuimos testigos de su pasión, en silencio, en oración, en acción de gracias. Estábamos viendo el final de una vida de total coherencia, de gran amor, de una dedicación que no sabía nada de condiciones ni de reservas.

Fue después de esta última visita que oí la historia. Un viejo japonés que había recibido catequesis y el bautismo de un joven P. Arrupe compartió sus recuerdos: "Pedí ser bautizado, no porque él fuera un buen catequista, sino porque entendí lo que me dijo. No porque él intentara convencerme. .. sino por la Bondad de su persona. Si el cristianismo, me dije a mi mismo, puede producir tanta calidad en una persona, éste también sería muy bueno para mí".

11 de enero de 2011

Brindis......

Ayer anduve de farra, unos amigos me invitaron a festejar por el nuevo año; a la hora del brindis me acorde de este escrito del genial Mex; y bueno ahorita me apetece compartirlo con uds.
Que en este año 2011 nos... brindemos mucho entre amigos.
Chau

Brindar por Brindar…

Brindemos.
Brindemos todo lo que podamos brindar.
Brindemos por brindar.
Brindémonos.

Que todo el mundo brinde lo mejor que tenga para brindar.
Que cada uno brinde su aporte.

Que el mundo brinde oportunidades; que los economistas brinden soluciones; que los comerciantes brinden mejores precios; que la escuela brinde herramientas que sirvan; que el fútbol brinde espectáculo; que los políticos no brinden espectáculo..

Que los horóscopos brinden buenas noticias en Amor; que los pronósticos no brinden fantasía; que los hospitales públicos brinden la mejor atención; que las empresas privatizadas brinden mejores servicios.

Que los vecinos se brinden ayuda; que los padres brinden apoyo a los maestros; que los maestros brinden apoyo a sus alumnos; que los alumnos se brinden ayuda entre ellos.

Que los automovilistas no brinden mucho si van a conducir; que la televisión brinde algo más.

Que se les brinde tierra a los sin tierra, techo a los sin techo, alimento a los subalimentados.
Que los sueños brinden realidad; que la realidad brinde algunos sueños.

Que la industria brinde trabajo bien remunerado.
Que las fronteras no brinden muros; que a las víctimas se les brinde justicia.

Que los lectores sigan brindando su tiempo para la lectura.

Que los libros brinden libertad.
Que los libreros brinden ofertas.
Que la historia brinde lecciones.
Que la naturaleza nos brinde sus disculpas; que nadie tenga que pedir disculpas por brindarse a su propia naturaleza.

Que los gobernantes se brinden a los ciudadanos.
Que las personas se brinden confianza; que los que se brindan por entero al prójimo sean festejados.

Que a nadie le falte un festejante con quien brindar.
Que el pasado nos brinde experiencia; que la experiencia no nos brinde sólo canas.

Que el Primer Mundo brinde un buen trato al Ultimo Mundo; que no se brinden acuerdos en desacuerdo con el mundo.

Que haya más brindados y menos blindados.

Que brindar por la paz sea más que una frase hecha.


Que la política brinde la posibilidad de evitar las guerras.
Que ningún gobernante, por brindar de más, inicie una guerra.
Que los soldados brinden en sus casas con sus familias.
Que la familia brinde un lugar para ser feliz.

Que la vida nos brinde siempre otra oportunidad.
Que todo el mundo brinde.
Que cada uno brinde su aporte.
Brindemos.
Brindemos todo lo que podamos brindar.
Brindémonos.
Antes del brindis, después del brindis, brindemos un tiempo mejor.
Brindemos un futuro.
Brindemos mañana: que todas las Noches pueden ser Buenas, si cada uno brinda al mundo lo mejor que tiene para brindar.

Nadie nos quita lo brindado..

Mex Urtizberea

9 de enero de 2011

Solemnidad del Bautismo del Señor....

Evangelio según San Mateo 3,13-17.
Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: "Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!".
Pero Jesús le respondió: "Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo". Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él.
Y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".
Homilía atribuida a san Hipólito de Roma (?-hacia 235)
Homilía del siglo IV para la Epifanía, la santa Teofanía.

«En él he puesto todo mi amor»

Cristo, creador de todas las cosas descendió como lluvia, se dio a conocer como fuente, se derramó como río (Os 6,3; Jn 4,14; 7,38) y lo vemos bautizado en el Jordán...
La Fuente inasequible, que hace brotar la vida para todos los hombres y que no tiene fin, fue escondido por unas pobres y efímeras aguas. Aquel que está presente en todo, que de ninguna parte está ausente, que es inasequible a los ángeles e invisible a los hombres, viene al bautismo por su propia voluntad...

«Se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: 'Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto'.»

El Hijo amado engendra amor, y la luz inmaterial engendra «la luz inaccesible» (1Tm 6,16). «Este es mi Hijo amado»...
En el arca de Noé la paloma manifestó el amor de Dios para con los hombres (Gn 8,11). Ahora el Espíritu desciende bajo la apariencia de paloma, como la que trajo un ramo de olivo, se posa encima de aquel de quien da testimonio.

¿Por qué? Para que se comprenda con toda certeza que es la voz del Padre...: «La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales» (Sl 28,3)
¿Qué dice esta voz? «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. En él he puesto todo mi amor». Es aquel a quien llaman hijo de José, y es mi Hijo único según el ser divino. «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto»: tiene hambre y alimenta a innumerables multitudes, sufre y alivia a los que sufren.
No tiene donde reclinar la cabeza y todo lo lleva en su mano, sufre y cura los sufrimientos. Le golpean, mas concede al mundo la libertad; le traspasan el costado mas repara el costado de Adán.

8 de enero de 2011

Inntroducción a la oración contemplativa....

Este es un link a un muy valioso post de nuestro hermano blog
http://wwwespiritualidadcisterciense.blogspot.com
sobre la Introducción a la oración contemplativa, es una charla que dió José Antonio Vazquez de muy alta calidad por su vivencia diaria.
Haciendo click sobre la imagen podemos disfrutar de ella

6 de enero de 2011

Tradición de la fiesta de los Reyes en Bolivia......

La Iglesia celebra la fiesta de la "Epifanía" que significa Manifestación del Señor Jesús que se da a conocer a todas las culturas y razas del mundo.
En Bolivia este día cientos de fieles acuden a las iglesias con la imagen del Niño Jesús para que "escuchen misa" y sean bendecidos.
Con esta fiesta se da por concluida la etapa de Navidad.
La Epifanía o manifestación de Jesús ante los magos de oriente, aquellos tres sabios que siguieron la estrella y llegaron hasta Belén, lugar de nacimiento del Mesías.
En el SIGLO II la iglesia otorgo a los sabios el rango de Reyes y en el siglo VIII los nombres de los sabios fueron difundidos en el mundo cristiano, Melchor, Gaspar y Baltasar.
La tradición popular indica que en este encuentro con los sabios de oriente Jesús se da ha conocer a todo el mundo.
Esta fiesta de los Reyes que se remonta hace muchos siglos es celebrada en gran parte de Europa, España es uno de los países donde está fiesta tiene gran relevancia realizándose las tradicionales cabalgata de Reyes el día 5 de enero, es el día 6 donde los niños reciben los regalos que han pedido a los Reyes en sus cartas porque fueron ellos los que llevaron las ofrendas al Niño Jesús.
Melchor trae oro al Niño representando la realeza, Gaspar lleva el incienso que representa la dignidad de Jesús y Baltasar ofrece mirra sustancia usada para embalsamar los cadáveres representando la humanidad y sufrimiento de Cristo.
Actualmente las reliquias de los reyes magos se encuentran en la Catedral de Colonia (Alemania), el Papa Benedicto XVI visitó esta basílica el 2005 en ocasión de la jornada mundial de la juventud.
En Bolivia el Vicariato de Reyes celebra su aniversario en esta fecha, la población de Reyes capital de la provincia Ballivián del Beni, se encuentra situada en el oriente boliviano aproximadamente a 500 kilómetros de la ciudad de La Paz y cuenta con una población de más de 15 mil habitantes. Tiene un clima bastante cálido como su gente y es exuberante en flora, fauna y vegetación.
Durante estos días el pueblo celebra esta fiesta con gran alegría, son distintas las actividades que incluyen bailes y la solemne eucaristía en la catedral de Reyes presidida por Mons. Carlos Bürgler.

Fuente: Iglesia Viva

1 de enero de 2011

Solemnidad de Santa María madre de Díos

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2,16-21.

Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.

Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.

Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.

Comentario de San León Magno, papa y doctor de la Iglesia

6º sermón para Navidad, 2,3, 5

María, Madre de Dios, Madre del Príncipe de la Paz (Is 11,5)

La fiesta de Navidad renueva en nosotros los primeros instantes de Jesús, nacido de la Virgen María. Y nosotros, al adorar el nacimiento de nuestro Salvador, celebramos nuestro propio origen. En efecto, el pueblo cristiano comienza en el momento de venir Cristo al mundo: el aniversario de la cabeza es el aniversario del cuerpo.

Ahora bien, entre los tesoros de la generosidad divina ¿podemos encontrar algo más de acorde con la dignidad de la fiesta de Navidad que la paz proclamada por el canto de los ángeles en el nacimiento del Señor? (Lc 2,41).

Porque es la paz la que engendra hijos de Dios, la que favorece el amor, la que hace nacer la amistad, la que es el descanso de los bienaventurados, la morada de la eternidad. Su obra propia, su particular beneficio es unir a Dios los que ella separa del mundo...

Puesto que, los que «no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano» sino que «nacen de Dios» (Jn 1,13) deben ofrecer al Padre la voluntad unánime de hijos constructores de paz. Todos los que, por adopción han llegado a ser miembros de Cristo, deben acudir presurosamente y encontrarse junto al primogénito de la nueva creación, el que ha venido «no a hacer su propia voluntad, sino la voluntad del que lo ha enviado (Jn 6,38).

Los que la gracia del Padre adopta como herederos no están divididos o en contraste entre ellos sino que tienen los mismos sentimientos y el mismo amor. Los que son recreados según la Imagen única (cf Hb 1,3; Gn 1,27) deben tener un alma que les asemeje. El nacimiento del Señor Jesús, es el nacimiento de la paz. Tal como lo dice san Pablo: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14).