27 de febrero de 2010

SUMA QAMAÑA

BOLIVIA: 25 POSTULADOS PARA ENTENDER EL "VIVIR BIEN"
En una entrevista, el ministro de Relaciones Exteriores y experto en cosmovisión andina, David Choquehuanca, explica los detalles principales de este planteamiento que sitúa a la vida y a la naturaleza como ejes centrales.

El Vivir Bien, el modelo que busca implementar el gobierno de Evo Morales, se puede resumir como el vivir en armonía con la naturaleza algo que retomaría los principios ancestrales de las culturas de la región.
Éstas considerarían que el ser humano pasa a un segundo plano frente al medio ambiente.

El canciller David Choquehuanca y uno de los estudiosos aymaras de ese modelo y experto en cosmovisión andina, conversó con LA RAZÓN de La Paz, durante una hora y media y explicó los detalles de estos principios reconocidos en el artículo 8 de la Constitución Política del Estado (CPE)
“Queremos volver a Vivir Bien, lo que significa que ahora empezamos a valorar nuestra historia, nuestra música, nuestra vestimenta, nuestra cultura, nuestro idioma, nuestros recursos naturales, y luego de valorar hemos decidido recuperar todo lo nuestro, volver a ser lo que fuimos”.

El artículo 8 de la CPE establece que: “El Estado asume y promueve como principios ético–morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble).

El Canciller marcó distancia con el socialismo y más aún con el capitalismo. El primero busca satisfacer las necesidades del hombre y para el capitalismo lo más importante es el dinero y la plusvalía.

Según D. Choquehuanca el Vivir Bien es un proceso que recién comienza y que poco a poco se irá masificando. “Para los que pertenecemos a la cultura de la vida lo más importante no es la plata ni el oro, ni el hombre, porque él está en el último lugar. Lo más importante son los ríos, el aire, las montañas, las estrellas, las hormigas, las mariposas (...) El hombre está en último lugar, para nosotros, lo más importante es la vida”.

En las culturas :
Aymara
• Antiguamente los pobladores de las comunidades aymaras en Bolivia aspiraban a ser qamiris (personas que viven bien).
Quechuas • De igual manera las personas de esta cultura anhelaban ser un qhapaj (gente que vive bien). Un bienestar que no es el económico.
Guaraní • El guaraní siempre aspira a ser una persona que se mueve en armonía con la naturaleza, es decir que espera algun día ser iyambae.

El Vivir Bien da prioridad a la naturaleza antes que al humano
Éstas son las características que poco a poco se implementarán en el nuevo Estado Plurinacional.

Priorizar la vida
Vivir Bien es buscar la vivencia en comunidad, donde todos los integrantes se preocupan por todos. Los más importante no es el humano (como plantea el socialismo) ni el dinero (como postula el capitalismo) , sino la vida. Se pretende buscar una vida más sencilla. Sea el camino de la armonía con la naturaleza y la vida, con el objetivo de salvar el planeta y da prioridad a la humanidad.

Llegar a acuerdos en consenso
Vivir Bien es buscar el consenso entre todos, lo que implica que aunque las personas tengan diferencias, al momento de dialogar se llegue a un punto neutral en el que todas coincidan y no se provoquen conflictos. “No estamos en contra de la democracia, pero lo que haremos es profundizarla, porque en ella existe también la palabra sometimiento y someter al prójimo no es vivir bien”, aclaró el canciller David Choquehuanca.

Respetar las diferencias
Vivir Bien es respetar al otro, saber escuchar a todo el que desee hablar, sin discriminació n o algún tipo de sometimiento. No se postula la tolerancia, sino el respeto, ya que aunque cada cultura o región tiene una forma diferente de pensar, para vivir bien y en armonía es necesario respetar esas diferencias. Esta doctrina incluye a todos los seres que habitan el planeta, como los animales y las plantas.

Vivir en complementariedad
Vivir Bien es priorizar la complementariedad, que postula que todos los seres que viven en el planeta se complementan unos con otros. En las comunidades, el niño se complementa con el abuelo, el hombre con la mujer, etc. Un ejemplo planteado por el Canciller especifica que el hombre no debe matar a las plantas, porque ellas complementan su existencia y ayudan a que aquél sobreviva.

Equilibrio con la naturaleza
Vivir Bien es llevar una vida de equilibrio con todos los seres dentro de una comunidad. Al igual que a la democracia, a la justicia también se la considera excluyente, según el canciller David Choquehuanca, porque sólo toma en cuenta a las personas dentro de una comunidad y no a lo que es más importante: la vida y la armonía del hombre con la naturaleza. Es por eso que Vivir Bien aspira a tener una sociedad con equidad y sin exclusión.

Defender la identidad
Vivir Bien es valorar y recuperar la identidad. Dentro del nuevo modelo, la identidad de los pueblos es mucho más importante que la dignidad.
La identidad implica disfrutar plenamente una vida basada en valores que se han resistido por más de 500 años (desde la conquista española) y que han sido legados por las familias y comunidades que vivieron en armonía con la naturaleza y el cosmos.

Uno de los objetivos principales del Vivir Bien es retomar la unidad de todos los pueblos
El ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca explicó que el saber comer, beber, danzar, comunicarse y trabajar son también algunos aspectos fundamentales

Aceptar las diferencias
Vivir Bien es respetar las semejanzas y diferencias entre los seres que viven en el mismo planeta. Va más allá del concepto de la diversidad .”No hay unidad en la diversidad, sino es semejanza y diferencia, porque cuando se habla de diversidad sólo habla de las personas”, dice el Canciller. Este planteamiento se traduce en que los seres semejantes o diferentes jamás deben lastimarse.

Priorizar derechos cósmicos
Vivir Bien es dar prioridad a los derechos cósmicos antes que a los Derechos Humanos. Cuando el Gobierno habla de cambio climático, también se refiere a los derechos cósmicos, asegura el Ministro de Relaciones Exteriores. “Por eso el Presidente (Evo Morales) dice que va a ser más importante hablar sobre los derechos de la madre tierra que hablar sobre los derechos humanos”.

Saber comer
Vivir Bien es saber alimentarse, saber combinar las comidas adecuadas a partir de las estaciones del año (alimentos según la época). El ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, explica que esta consigna debe regirse en base a la práctica de los ancestros que se alimentaban con un determinado producto durante toda una estación. Comenta que alimentarse bien garantiza la salud.

Saber beber
Vivir Bien es saber beber alcohol con moderación. En las comunidades indígenas cada fiesta tiene un significado y el alcohol está presente en la celebración, pero se lo consume sin exagerar o lastimar a alguien. “Tenemos que saber beber, en nuestras comunidades teníamos verdaderas fiestas que estaban relacionadas con las épocas estacionales. No es ir a una cantinas y envenenarnos con cerveza y matar las neuronas”.

Saber danzar
Vivir Bien es saber danzar, no simplemente saber bailar. La danza se relaciona con algunos hechos concretos como la cosecha o la siembra. Las comunidades continúan honrando con danza y música a la Pachamama, principal mente en épocas agrícolas; sin embargo, en las ciudades las danzas originarias son consideradas como expresiones folclóricas. En la nueva doctrina se renovará el verdadero significado del danzar.

Saber trabajar
Vivir Bien es considerar el trabajo como fiesta. “El trabajo para nosotros es felicidad”, dice el canciller David Choquehuanca, quien recalca que a diferencia del capitalismo donde se paga para trabajar, en el nuevo modelo del Estado Plurinacional, se retoma el pensamiento ancestral de considerar al trabajo como una fiesta.
Es una forma de crecimiento, por eso que en las culturas indígenas se trabaja desde pequeños.

Retomar el abya yala
Vivir Bien es promover que los pueblos se unan en una gran familia. Para el Canciller, esto implica que todas las regiones del país se reconstituyan en lo que ancestralmente se consideró como una gran comunidad. “Esto se tiene que extender a todos los países, es por eso que vemos buenas señales de presidentes que están en la tarea de unir a todos los pueblos y volver ser el Abya yala que fuimos”.

Reincorporar la agricultura
Vivir Bien es reincorporar la agricultura a las comunidades. Parte de esta doctrina del nuevo Estado Plurinacional es recuperar las formas de vivencia en comunidad, como el trabajo de la tierra, cultivando productos para cubrir las necesidades básicas para la subsistencia. En este punto se hará la devolución de tierras a las comunidades, de manera que se generen las economías locales.

Saber comunicarse
Vivir Bien es saber comunicarse. En el nuevo Estado Plurinacional se pretende retomar la comunicación que existía en las comunidades ancestrales. El diálogo es el resultado de esta buena comunicación que menciona el Canciller. “Tenemos que comunicarnos como antes nuestros padres lo hacían,y resolvían los problemas sin que se presenten conflictos, eso no lo tenemos que perder”.

El Vivir Bien no es “vivir mejor” como plantea el capitalismo
Entre los preceptos que establece el nuevo modelo del Estado Plurinacional, figuran el control social, la reciprocidad y el respeto a la mujer y al anciano.

Control social
Vivir Bien es realizar un control obligatorio entre los habitantes de una comunidad. “Este control es diferente al propuesto por la Participación Popular, que fue rechazado (por algunas comunidades) porque reduce la verdadera participación de las personas”, dijo el canciller Choquehuanca. En los tiempos ancestrales, “todos se encargaban de controlar las funciones que realizaban sus principales autoridades”.

Trabajar en reciprocidad
Vivir Bien es retomar la reciprocidad del trabajo en las comunidades. En los pueblos indígenas esta práctica se denomina ayni, que no es más que devolver en trabajo la ayuda prestada por una familia en una actividad agrícola, como la siembra o la cosecha. “Es uno más de los principios o códigos que nos garantizarán el equilibrio frente a las grandes sequías”, explica el Ministro de Relaciones Exteriores.

No robar y no mentir
Vivir Bien es basarse en el ama sua y ama qhilla (no robar y no mentir, en quechua ).
Es uno de los preceptos que también están incluidos en la nueva Constitución Política del Estado y que el Presidente prometió respetar. De igual manera, para el Canciller es fundamental que dentro de las comunidades se respeten estos principios para lograr el bienestar y confianza en sus habitantes. “Todos son códigos que se deben seguir para que logremos vivir bien en el futuro”.

Proteger las semillas
Vivir Bien es proteger y guardar las semillas para que en un futuro se evite el uso de productos transgénicos. El libro “Vivir Bien, como respuesta a la crisis global”, de la Cancillería de Bolivia, especifica que una de las características de este nuevo modelo es el de preservar la riqueza ancestral agrícola con la creación de bancos de semillas que eviten la utilización de transgénicos para incrementar la productividad, porque se dice que esta mezcla con químicos daña y acaba con las semillas milenarias.

Respetar a la mujer
Vivir Bien es respetar a la mujer, porque ella representa a la Pachamama, que es la Madre Tierra poseedora de dar vida y cuidar a todos sus frutos. Por estas razones, dentro de las comunidades, la mujer es valorada y está presente en todas las actividades orientadas a la vida, la crianza, la educación y la revitalización de la cultura.
Los pobladores de las comunidades indígenas valoran a la mujer como base de la organización social, porque transmiten a sus hijos los saberes de su cultura.

Vivir Bien y NO mejor
Vivir Bien es diferente al vivir mejor, que se le relaciona con el capitalismo. Para la nueva doctrina del Estado Plurinacional, vivir mejor se traduce en egoísmo, desinterés por los demás, individualismo y solamente pensar en el lucro. Considera que la doctrina capitalista impulsa la explotación de las personas para la captación de riqueza en pocas manos, mientras que el Vivir Bien apunta a una vida sencilla que mantenga una producción equilibrada.

Recuperar recursos
Vivir Bien es recuperar la riqueza natural del país y permitir que todos se beneficien de ésta de manera equilibrada y equitativa.
La finalidad de la doctrina del Vivir Bien también es la de nacionalizar y recuperar las empresas estratégicas del país en el marco del equilibrio y la convivencia entre el hombre y la naturaleza en contraposición con una explotación irracional de los recursos naturales. “Ante todo se debe priorizar a la naturaleza”, agregó el Canciller.

Ejercer la soberanía
Vivir Bien es construir, desde las comunidades, el ejercicio de la soberanía en el país .
Esto significa, según el libro “Vivir Bien, como respuesta a la crisis global”, que se llegará a una soberanía por medio del consenso comunal que defina y construya la unidad y la responsabilidad a favor del bien común, sin que nadie falte.
En ese marco se reconstruirán las comunidades y naciones para construir una sociedad soberana que se administrará en armonía con el individuo, la naturaleza y el cosmos.

Aprovechar el agua
Vivir Bien es distribuir racionalmente el agua y aprovecharla de manera correcta.
El Ministro de Relaciones Exteriores comenta que el agua es la leche de los seres que habitan el planeta. “Tenemos muchas cosas, recursos naturales, agua y por ejemplo Francia tampoco tiene la cantidad de agua ni la cantidad de tierra que hay en nuestro país, pero vemos que no hay ningún Movimiento Sin Tierra, así que debemos valorar lo que tenemos y preservarlo lo más posible, eso es Vivir Bien”.

Escuchar a los mayores
Vivir Bien es leer las arrugas de los abuelos para poder retomar el camino. El Canciller destaca que una de las principales fuentes de aprendizaje son los ancianos de las comunidades, que guardan historias y costumbres que con el pasar de los años se van perdiendo.
“Nuestros abuelos son bibliotecas andantes, así que siempre debemos aprender de ellos”, menciona. Por lo tanto los ancianos son respetados y consultados en las comunidades indígenas del país.
Fuente: La Razón (Bolivia)

22 de febrero de 2010

Cuaresma 2010

Ante varias preguntas acerca de La Cuaresma; aquí un breve pero interesante apartado sobre este tiempo, ojala nos sirva a todos para aprender y profundizar...

¿QUÉ ES LA CUARESMA? Llamamos Cuaresma al período de cuarenta días (cuadragésima) reservado a la preparación de la Pascua, y señalado por la última preparación de los catecúmenos que deberían recibir en ella el bautismo.

¿DESDE CUÁNDO SE VIVE LA CUARESMA? Desde el siglo IV se manifiesta la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

¿POR QUÉ LA CUARESMA EN LA IGLESIA CATÓLICA? "La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto"

¿CUÁL ES, POR TANTO, EL ESPÍRITU DE LA CUARESMA? Debe ser como un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales, con la purificación del corazón, una práctica perfecta de la vida cristiana y una actitud penitencial.

¿QUÉ ES LA PENITENCIA? La penitencia, traducción latina de la palabra griega metanoia que en la Biblia significa la conversión (literalmente el cambio de espíritu) del pecador, designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

¿QUÉ MANIFESTACIONES TIENE LA PENITENCIA? "La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 Pedro, 4,8.)."

¿ESTAMOS OBLIGADOS A HACER PENITENCIA? "Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por la ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia."

¿CUÁLES SON LOS DÍAS Y TIEMPOS PENITENCIALES? "En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma."

¿QUÉ DEBE HACERSE TODOS LOS VIERNES DEL AÑO? En recuerdo del día en que murió Jesucristo en la Santa Cruz, "todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo."

¿CUÁNDO ES CUARESMA? La Cuaresma comienza el Miércoles de ceniza y concluye inmediatamente antes de la Misa Vespertina in Coena Domini. (jueves santo). Todo este período forma una unidad, pudiéndose distinguir los siguientes elementos:
1)
El Miércoles de ceniza,
2)Los domingos, agrupados en el binomio, I-II; III, IV y V; y el
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor,
3)La
Misa Crismal y
4)Las ferias.

¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES DE CENIZA? Es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de CONVERSIÓN a Dios. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

¿CUÁNDO TIENE ORIGEN LA PRÁCTICA DE LA CENIZA? El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

¿CUÁNDO SE BENDICE E IMPONE LA CENIZA? La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.

¿DE DÓNDE PROVIENE LA CENIZA? La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

¿CUÁL ES EL SIMBOLISMO DE LA CENIZA? El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora del hombre;
c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.

¿A QUÉ NOS INVITA LA IGLESIA EN LA CUARESMA? La Iglesia persiste en invitarnos a hacer de este tiempo como un retiro espiritual en el que el esfuerzo de meditación y de oración debe estar sostenido por un esfuerzo de mortificación personal cuya medida, a partir de este mínimo, es dejada a la libertad generosidad de cada uno.

¿QUÉ DEBE SEGUIRSE DE VIVIR LA CUARESMA? Si se vive bien la Cuaresma, deberá lograrse una auténtica y profunda CONVERSIÓN personal, preparándonos, de este modo, para la fiesta más grande del año: el Domingo de la Resurrección del Señor.

¿QUÉ ES LA CONVERSIÓN? Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Supone e incluye dejar el arrepentimiento y la Confesión de todos y cada uno de nuestros pecados. Una vez en gracia (sin conciencia de pecado mortal), hemos de proponernos cambiar desde dentro (en actitudes) todo aquello que no agrada a Dios.

¿POR QUÉ SE DICE QUE LA CUARESMA ES UN "TIEMPO FUERTE" Y UN "TIEMPO PENITENCIAL? "Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de CUARESMA, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia. Estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes (obras caritativas y misioneras)."

¿CÓMO CONCRETAR MI DESEO DE CONVERSIÓN? De diversas maneras, pero siempre realizando obras de conversión, como son, por ejemplo:
1.Acudir al Sacramento de la Reconciliación (Sacramento de la Penitencia o Confesión) y hacer una buena confesión: clara, concisa, concreta y completa.
2.Superar las divisiones, perdonando y crecer en espíritu fraterno.
3.Practicando las Obras de Misericordia.

¿CUÁLES SON LAS OBRAS DE MISERICORDIA? Las Obras de Misericordia espirituales son:

  1. Enseñar al que no sabe.
  2. Dar buen consejo al que lo necesita.
  3. Corregir al que yerra.
  4. Perdonar las injurias.
  5. Consolar al triste.
  6. Sufrir con paciencia las adversidades y flaquezas del prójimo.
  7. Rogar a Dios por los vivos y los muertos

Las Obras de Misericordia corporales son:

  1. Visitar al enfermo.
  2. Dar de comer al hambriento.
  3. Dar de beber al sediento.
  4. Socorrer al cautivo.
  5. Vestir al desnudo.
  6. Dar posada al peregrino.
  7. Enterrar a los muertos.

¿QUÉ OBLIGACIONES TIENE UN CATÓLICO EN CUARESMA? Hay que cumplir con el precepto del AYUNO y la ABSTINENCIA, así como con el de la CONFESIÓN y COMUNIÓN anual.

¿EN QUÉ CONSISTE EL AYUNO? El AYUNO consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. No se debe comer nada entre los alimentos principales, salvo caso de enfermedad.

¿A QUIÉN OBLIGA EL AYUNO? Obliga vivir la ley del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años.

QUÉ ES LA ABSTINENCIA? Se llama abstinencia a privarse de comer carne (roja o blanca y sus derivados).

¿A QUIÉN OBLIGA LA ABSTINENCIA? La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años.

¿PUEDE CAMBIARSE LA PRÁCTICA DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA? "La Conferencia Episcopal de cada País puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad."

¿QUÉ ES LO QUE IMPORTA DE FONDO DEL AYUNO Y LA ABSTINENCIA? Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia.

¿QUÉ ASPECTOS PASTORALES QUE CONVIENE RESALTAR EN LA CUARESMA?
El tiempo de Cuaresma es un tiempo litúrgico fuerte, en el que toda la Iglesia se prepara para la celebración de las fiestas pascuales.
La Pascua del Señor, el Bautismo y la invitación a la reconciliación, mediante el Sacramento de la Penitencia, son sus grandes coordenadas.
Se sugiere utilizar como medios de acción pastoral:
1)La catequesis del Misterio Pascual y de los sacramentos;
2)La exposición y celebración abundante de la Palabra de Dios, como lo aconseja vivamente el cánon. 767, & 3, 3).
3)La participación, de ser posible diaria, en la liturgia cuaresmal, en las celebraciones penitenciales y, sobre todo, en la recepción del
Sacramento de la penitencia: "son momentos fuertes en la práctica penitencial de la Iglesia" (CEC, n. 1438), haciendo notar que "junto a las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"; y,
4)El fomento de los ejercicios espirituales, las peregrinaciones, como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna y las obras caritativas y misioneras.

El cristianismo no es moralismo, sino Don

El Papa a los futuros sacerdotes
En la “lectio divina” con los seminaristas de la diócesis de Roma

ROMA, miércoles 17 de febrero de 2010 (ZENIT.org)

El cristianismo no consiste tanto en el respeto de las normas exteriores como en penetrar el misterio de Dios, que se sacrificó gratuitamente y que sufrió por amor, y modelar sobre esto nuestro actuar.

Así lo afirmó el pasado viernes 12 el Papa Benedicto XVI, al encontrarse en la Capilla del Seminario Romano Mayor con los alrededor de 200 alumnos seminaristas de la diócesis de Roma – acompañados por sus rectores, directores espirituales y educadores – y con los jóvenes del año propedéutico que están verificando su vocación y la posibilidad de entrar en el seminario el año que viene,

Es tradición que, con ocasión de la fiesta de Nuestra Señora de la Confianza, patrona del Instituto, que tiene lugar el sábado 13 de febrero, el Papa se encuentre con los seminaristas y cene con ellos.

Este año, por primera vez, se reunieron en el Seminario Romano todos los seminaristas de la diócesis de Roma, incluyendo los del Pontificio Seminario Romano Menor, los del Colegio diocesano Redemptoris Mater, los del Almo Collegio Capranica y los del Seminario de Nuestra Señora del Divino Amor.

El Papa centró la lectio divina en la parábola de la vid y los sarmientos (Jn 15,1-8), que tiene mucho que ver con el Año Sacerdotal en curso, porque “habla indirecta pero profundamente del sacramento, de la llamada, del estar en la viña el Señor y servidores de su misterio”.

La vid – explicó el Pontífice – es una imagen veterotestamentaria que sirve para indicar al Pueblo de Dios: “Dios plantó una vid en este mundo. Dios cultivó esta vid, su viña, y la ha protegido”.

Al mismo tiempo, prosiguió, “esta imagen de la vid, de la viña, tiene un significado esponsal y es expresión del hecho de que Dios busca el amor de su criatura, que quiere entrar en una relación de amor, en una relación esponsal con el mundo a través del Pueblo elegido por Él”.

Con todo, comentó el Papa, “la historia concreta de este Pueblo es una historia de infidelidad”, que en lugar de “uva preciosa”, generó “solo pequeñas cosas incomestibles”.

De hecho, “esta unidad, esta unión sin condiciones entre el hombre y Dios” no se ha convertido “en la comunión del amor”. Al contrario, “el hombre se encierra en sí mismo, quiere poseerse a sí mismo, quiere tener a Dios para sí, quiere tener el mundo para sí. Y así la viña es devastada” y “se convierte en un desierto”.

Pero “Dios – prosiguió el Papa – se hace hombre y se convierte él mismo en raíz de la vid” y “así la vid es indestructible porque Dios mismo se ha implantado en esta tierra”.

Por eso “el cristianismo no es un moralismo. No somos nosotros quienes debemos hacer lo que Dios espera del mundo”, porque en realidad “debemos, ante todo, entrar en este misterio ontológico en el que Dios se entrega”.

Debemos “estar en Él”, identificarnos con Él, ser “ennoblecidos en su sangre” para “actuar con Cristo”, porque – explicó el Papa – “la ética es consecuencia del ser” y “el ser precede al actuar”. “No es ya una obediencia, una cosa exterior, sino que es realización del don del nuevo ser”.

Vivir en la creatividad del amor de Cristo

Sucesivamente el Papa recordó la invitación dirigida por Jesús a los apóstoles en el contexto de la Última Cena: “amaos como yo os he amado”, comentando que la aquí expresada es “una radicalización del amor al prójimo a imitación de Cristo”.

“Pero también aquí la verdadera novedad no es cuanto hacemos nosotros, la verdadera novedad es cuanto ha hecho el Señor. El Señor nos ha dado a sí mismo”, nos “ha dado la verdadera novedad de ser miembros de su Cuerpo”.

Y por tanto, “la nueva Ley no es otro mandato más difícil que los demás. La nueva Ley es un don”, es la “presencia del Espíritu Santo que nos fue dado en el sacramento del Bautismo, en la Confirmación y que nos es dado cada día en la Santísima Eucaristía”.

“La novedad por tanto es que Dios se ha dado a conocer – añadió –, que Dios se ha mostrado, que Dios ya no es el Dios desconocido, buscado pero no encontrado o sólo adivinado desde lejos”. “Dios se hizo ver en el rostro de Cristo”, “se mostró en su realidad total, ha mostrado que es razón y amor” y así nos ha hecho sus amigos.

“Por desgracia aún hoy – observó el Pontífice – muchos viven alejados de Cristo, no conocen su rostro y así la eterna tentación del dualismo se renueva siempre y quizás no haya sólo un principio bueno sino también un principio del mal”, de modo que lo que domina es la visión de un mundo a merced de “dos realidades igualmente fuertes”.

“También en la teología católica – lamentó – se difunde ahora esta tesis de que Dios no se´ria omnipotente”. Se intenta una especie de “apología de Dios”, según la cual Dios “no sería responsable del mal que encontramos ampliamente en el mundo”.

“Pero qué pobre apología: un Dios no omnipotente”. ¿Y cómo podríamos confiarnos a este Dios, cómo podríamos estar seguros de su amor si este amor acaba donde empieza el poder del mal?”, se preguntó.

“Pero Dios ya no es un desconocido: en el rostro de Cristo crucificado vemos a Dios y vemos la verdadera omnipotencia, no el mito de la omnipotencia”, ese mito alimentado por hombres que conciben el poder como “capacidad de destruir, de hacer mal”.

Al contrario, explicó el Papa, “la verdadera omnipotencia es amar hasta el punto de que Dios puede sufrir” por nosotros.

De ahí que la verdadera justicia ya no se revela más como una “obediencia a algunas normas” sino como “el amor creativo que encuentra de por sí la riqueza y la abundancia del bien”; como el “vivir en la creatividad del amor con Cristo y en Cristo”, de un amor impregnado de “dinamismo”.

Oración y purificación

El Papa pasó a hablar del valor de la oración y de la importancia de invocar de Dios el “don divino”, “la gran realidad”, “para que nos dé su Espíritu de modo que podamos responder a las exigencias de la vida y ayudar a los demás en sus sufrimientos”.

“Es justo rezar a Dios también por las cosas pequeñas de nuestra vida de cada día – precisó el Pontífice – pero al mismo tiempo, rezar es un camino, diría una escalera: debemos aprender cada vez lo que podemos pedir y lo que no debemos pedir porque son expresión de mi egoísmo” o de “mi soberbia”.

De esta forma, rezar “se convierte en un proceso de purificación de nuestros pensamientos y de nuestros deseos”.

“Permanecer en Cristo es un proceso de purificación lenta, de liberación de mí mismo”, un “camino verdadero” que se abre a la alegría y que está caracterizado por un “fondo sacramental”.

“Así – prosiguió – podemos aprender que Dios responde a nuestras oraciones” y a menudo “las corrige, las transforma, las guía para que seamos final y realmente ramas de su Hijo, de la 'vid verdadera', miembros de su Cuerpo”.

“Demos gracias a Dios por la grandeza de su amor – concluyó –. Oremos para que nos ayude a crecer en su amor y a permanecer realmente en su amor”.

Mensaje para la cuaresma 2010

Mensaje de S.S. Benedicto XVI para la Cuaresma 2010
Jueves 4 de febrero de 2010

Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22).

Justicia: "dare cuique suum"
Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra "justicia", que en el lenguaje común implica "dar a cada uno lo suyo" - "dare cuique suum", según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste "lo suyo" que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia "distributiva" no proporciona al ser humano todo "lo suyo" que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si "la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo... no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios" (De Civitate Dei, XIX, 21).

¿De dónde viene la injusticia?
El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: "Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas" (Mc 7,15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene "de fuera", para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ­advierte Jesús­ es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: "Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre" (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?

Justicia y Sedaqad
En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que "levanta del polvo al desvalido" (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad,. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe. No es casualidad que el don de las tablas de la Ley a Moisés, en el monte Sinaí, suceda después del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en "escuchar el clamor" de su pueblo y "ha bajado para librarle de la mano de los egipcios" (cf. Ex 3,8). Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un "éxodo" más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?

Cristo, justicia de Dios
El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: "Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado... por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).

¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la "propiciación" tenga lugar en la "sangre" de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la "maldición" que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la "bendición" que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14). Pero esto suscita en seguida una objeción: ¿qué justicia existe dónde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendición que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de "lo suyo"? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.

Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo "mío", para darme gratuitamente lo "suyo". Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia "más grande", que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica.

Vaticano, 30 de octubre de 2009

21 de febrero de 2010

Heme aquí Señor

Heme, Señor a tus divinas plantas,
baja la frente y de rubor cubierta,
porque mis culpas son tales y tantas,
que tengo miedo de tus miradas santas
y el pecho mío a respirar no acierta.

Mas, ay! que renunciar la lumbre hermosa
de esos divinos regalados ojos
es condenarme a noche tenebrosa;
y esa noche es horrible, es espantosa
para el que gime a tus pies de hinojos.

Dame licencia ya Padre adorado,
para mirarte y moderar mi miedo;
mas no te muestres de esplendor cercado;
muestrate Padre mío en cruz clavado,
porque sólo en la cruz mirarte puedo. Amén.

Himno de vísperas del miércoles de ceniza.

Primer domingo de cuaresma

Lectura orante del Evangelio: Lucas 4,1-13

“No hay rostro más fascinante y más libre que el de quien permanece o ha permanecido a solas en su trato de amistad con el Misterio” (Angel Moreno).

El Espíritu lo fue llevando (a Jesús) por el desierto. El desierto, además de ser un lugar, es una experiencia fuerte en la vida. El desierto es silencio que limpia de lo inútil, tiempo de soledad que va más allá de toda máscara. El desierto es posibilidad de verdad en el encuentro con los propios límites, con la fragilidad y la falta de fuerzas para el camino. Ir al desierto por propia iniciativa es imprudente. Adentrarse en las latitudes solitarias por curiosidad es arriesgado. Solo se puede ir al desierto empujado por el Espíritu. Ven, Espíritu Santo. Guíame en esta hora de mi vida.

Mientras era tentado por el diablo. El desierto y la tentación van juntos. La tentación no es pecado; puede llevarnos a la tristeza, que es fuente de infidelidad, pero puede guiarnos a la alegría de la fe, que es manantial inagotable de entrega. Tentados por el diablo y, a la vez, mendigos de la mirada compasiva de Dios sobre nosotros. Posibilidad de confesar al único Dios o de irnos tras tres halagos –tener, poder, placer-, que son símbolo de todas las idolatrías que desplazan a Dios. Cuando se obedece a la voz del Espíritu, la tentación se convierte en victoria. ¿Quién habita mi corazón: las tinieblas o la luz, la verdad o la mentira? ¿Me habita tu ternura, Señor?

Está escrito: ‘No solo de pan vive el hombre’. Las Palabras luminosas, guardadas en el corazón en los tiempos de soledad orante, son un tesoro de confianza que acalla las voces del Diablo, que llevan al abismo. Más allá de lo que tenemos, somos; de esta profundidad brota un sentimiento de anchura y libertad que no se deja atar por la idolatría del tener. Que nadie me engañe, Señor. Sólo Tú me haces vivir.

Está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto’. Frente a las propuestas halagadoras de la tentación, viene la Palabra, que vence la nada y crea el ser. Y surge la experiencia de la adoración, que es el supremo gesto de amor gratuito; nace en el silencio del corazón como música callada y soledad sonora. Y se abre paso la mirada de la Madre, como beso que serena. Te adoro, mi Dios. Solo Tú colmas mi corazón.

Está mandado: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. La Palabra es la identidad del creyente. Su lectura lleva comida sólida a la boca, la meditación la mastica y rumia, la oración prueba su gusto y la contemplación es la dulzura misma. Con la Palabra en los labios y en el corazón, la prepotencia se convierte en libertad, las excusas evasivas en transparencia de vida, la dureza del pecado en barro humedecido, el egoísmo en manos solidarias, la existencia errática en camino de alegría. Tú eres mi Dios.

CIPE – Febrero 2010


19 de febrero de 2010

10.000 nada más y nada menos


Amig@s: parece imposible, pero llegamos a 10.000 visitas de los cinco continentes y varios amig@s en esta humildísima página de encuentros, hay otr@s amig@s que esta cifra la tienen en una semana, a Munaysonqo le costo más de un año y por eso un GRACIASSSS enorme a tod@s los que muchas veces diariamente visitan esta ventanita.
De nuevo gracias y a por más.
CLAUDIO

18 de febrero de 2010

Contemplativos en la liberación II

Contemplativos «en la liberación»

Ello significa varias cosas.

Significa en primer lugar que contemplamos la realidad desde la perspectiva de la Liberación Mayor que descubre la fe, la perspectiva del Reino. La realidad sobre la que hacemos nuestra experiencia espiritual, mirada a la luz de la fe y desde la opción por los pobres (desde los «pequeñitos»), la miramos a la luz del gran proceso de la Liberación, el proceso mismo del Reino que enmarca los particulares procesos históricos de nuestros pueblos y de cada una de nuestras personas.

Significa que nuestra contemplación se da en medio de un proceso de liberación: con sus agita­ciones, sus condicionamientos, sus riesgos, limitaciones y posibilidades. No se da de hecho fuera del mundo, en las nubes, en un Olimpo celestial, en la pura intimidad, en la abstrac­ción, en la neutralidad política, en la contemplación puramente intelectual

Significa que dentro de la realidad global nosotros enfocamos especialmente la realidad de la Liberación, es decir, los procesos liberadores de nuestros pueblos, sus luchas por construir el Mundo Nuevo, liberado.

Significa también que contemplamos la realidad de liberación no desde fuera, sino desde dentro, «en la liberación», en la liberación misma, involucrados en ella, participando en sus lu­chas, asumiendo sus Causas. Contemplamos en la liberación, realizándola también, «liberando» y liberándonos.


Contemplamos liberando. Y contemplando también aportamos a la Liberación.

«Contemplativos»: qué vemos, qué contemplamos

Antiguamente se decía que el «objeto» de la contemplación eran las «cosas divinas», la misma «gloria eterna futura» ya presente anticipadamente en el alma por la Gracia. Estas «cosas divinas», tal como las describen las diferentes escuelas clásicas de ascética y mís­tica, están de hecho muy alejadas de la realidad de este mundo. Más aún, con frecuencia se observa en esas escuelas una especie de competencia o rivalidad entre la atención dedicada a las «cosas divinas» y la dedicada a las «cosas del mundo».

Sin negar lo que haya de intuición correcta en lo que los grandes místicos y teólogos querían decir con esas expresiones, nosotros, aquí y ahora, en esta «hora» histórica tan peculiar de nuestro Continente ‑y en cualquier hora y lugar, si se quiere superar el dualismo y la desencarnación‑, con toda la carga de experiencias que hemos acumulado, realizamos nuestra experiencia de Dios desde unos planteamientos y unas categorías diversos.

Para nosotros, las «cosas divinas» objeto de la contemplación mística no pueden ser otras que «estas cosas» que el Padre ha revelado a «los pequeñitos» (Lc 10, 21-24). Son «las cosas del Reino»: su avance, sus obstáculos, su anuncio, su construcción, la comunicación de la Buena Noticia que libera a los pobres, la acción del Espíritu que excita los anhelos de libertad y subleva a los pobres hacia su dignidad de hijos y de hermanos, la deseada llegada del Reino.

Son ciertamente «cosas divinas», pero no por referencia a un Dios cualquiera, sino en referencia al Dios-del-Reino, al Dios que tiene un proyecto sobre la Historia y nos ha llamado a contemplarlo realizándolo. Es decir, son las «cosas divinas» del Dios de Jesús.

Con los mártires, los testigos, los militantes de todo el Continente comprometidos radicalmente hasta la muerte por «estas cosas», por la Causa del Reino, nosotros testimoniamos nuestra experiencia de Dios cuando decimos que sentimos estar colaborando con el Señor_

  • en la creación inacabada, tratando de continuarla y perfeccionarla.
  • en la cosmogénesis, biogénesis, noogénesis, cristogénesis.
  • en la construcción del proyecto histórico de Dios sobre el mundo, la utopía de su Reino.
  • en tareas liberadoras de la opresión, plenamente humanizantes, redentoras de la huma­nidad, constructoras del Mundo Nuevo, que completan lo que falta a la pasión de Cristo (Col 1, 24).
  • en la prosecución de la Causa de Jesús.
  • en el cambio social.
  • en el discernimiento de los signos de los tiempos para encontrar las huellas del Reino que crece entre nosotros.

Con un lenguaje más teológico diríamos que el hecho de ser «contemplativos en la liberación» nos hace

  • experimentar a Dios en la realidad,
  • contemplar los avances de su Reino en nuestra historia,
  • «sentir» la trascendencia en la inmanencia,
  • descubrir la Historia de la Salvación en la Historia única,
  • discernir la Salvación escatológica construyéndose en la Historia,
  • captar la «geopolítica de Dios» tras la evolución de las coyunturas históricas.

Esta contemplación carga nuestra vida con un profundo sentido de responsabilidad, en cuanto que nos hace saber que está entretejida de responsabilidades divinas. Configuramos atómica pero realmente el mundo futuro. Sabemos que en nuestras luchas históricas, al hacer que el Reino avance, estamos gestando ya el Nuevo Mundo, estamos configurando concreta­mente el futuro absoluto que esperamos, el cielo.

Por eso, podemos amar este mundo, esta tierra, esta historia, porque no es para nosotros un simple escenario de cartón destinado al fuego una vez que en él concluya la representación del «gran teatro del mundo», ni es un material vano sobre el que realizar una prueba o un examen que una vez aprobado será premiado con una salvación que nada tendría que ver con nuestra realidad actual (heterosalvación).

Podemos amar esta tierra y esta trabajosa historia humana porque es el Cuerpo de Aquel que es y que era, que vino y que viene, al que seguimos esperando bajo los velos de la carne. Y porque en ella y en su inmanencia crece el Reino transcendente que llevamos entre manos.

Para nosotros no es indiferente el curso de la historia. Porque aunque en la fe sintamos como cierto el triunfo final, lo sabemos sometido históricamente al combate de sus enemigos, y estamos entregando la vida en la tarea de acelerarlo.

Amamos esta tierra y esta historia porque es para nosotros la única mediación posible de en­cuentro con el Señor y su Reino. El deseo de Dios y de su Reino no nos hacen apartarnos de este mundo, ni de los avatares históricos. Porque no tenemos otra forma de construir eternidad que en la historia. «La tierra es el único camino para ir al cielo». Nadie nos puede acusar de ser desertores, de evadirnos, de no comprometernos, de no amar locamente el triunfo de la Causa de la Persona Humana, la Causa de los pobres, que es la Causa de Jesús, que es la misma Causa de Dios.

Por eso sabemos que esto que estamos viviendo, nuestras luchas por el amor y por la paz, por la libertad y la justicia, por construir un mundo mejor y sin opresión, es decir, «los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad, en una palabra, todos los frutos ex­celentes tanto de la naturaleza como de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el Reino eterno y universal, Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz. El Reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra. Cuando venga el Señor se consumará su perfección».

Sabemos que esto que contemplamos en la Liberación bajo el signo de la fugacidad y la debilidad, lo volveremos a encontrar. «Que toda la ruta es puerto y el tiempo es eternidad»

«La consumación que esperamos ya comenzó en Cristo, es impulsada por el Espíritu Santo y por él continúa. La plenitud de los tiempos ha llegado a nosotros (1 Cor 10,11) y la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y se anticipa ya en este mundo. Pero mientras no terminen de llegar los nuevos cielos y la nueva tierra donde mora la justicia (2 Pe 3, 13), y aunque poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior (Rom 8, 23) y ansiamos estar con Cristo (Fil 1, 23), en medio de este mundo que gime con dolores de parto en la esperanza de ser liberado del destino de muerte que pesa sobre él y aguardando la manifestación de la libertad y la gloria de los hijos de Dios (Rom 8, 19-22)».

Nos sentimos presentes (¡y muy presentes!) en la inmanencia y en la trascendencia, simultáneamente, y sin conflicto, aunque sí con una gran tensión en el corazón. Tenemos sentimientos encontrados en nuestro interior. Si por una parte amamos tan apasionadamente esta tierra y su historia, por otra nos sentimos peregrinos y forasteros (Heb 11, 13), ciudadanos del cielo (Fil 2, 30) y a la vez desterrados lejos del Señor (2 Cor 5, 6); llevamos en nosotros la imagen de este siglo que pasa (1 Cor 7, 31) y a la vez miramos las cosas sub especie aeternitatis; por la Patria Grande caminamos hacia la Patria Mayor (Heb 11, 14-16), corresucitados (Col 3, 1), sabiendo que todavía no se ha manifestado lo que seremos (1 Jn 3, 2; 2 Cor 5, 6).


Cuanto más encarnadamente históricos, más ansiosamente escatológicos nos sentimos.

Cuanto más buscamos la trascendencia, más la encontramos en la inmanencia. Porque el Reino de Dios no es otro mundo, sino este mismo, aunque «totalmente otro». Por eso seguimos gritando el grito más verdadero que se ha proclamado en este mundo: ¡Que venga tu Reino! (Lc 11, 2; Mt 6, 10). ¡Que pase este mundo y que venga tu Reino! ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22, 20).

No contemplamos parajes celestiales, sino que tratamos de escuchar el grito de Dios en el grito de la realidad.

Tratamos de contemplarlo en la zarza ardiendo del proceso de Liberación, en el que escuchamos la Palabra que nos envía como a Moisés para liberar a nuestro pueblo. Tratamos de escucharlo obedientemente, con «ob‑audientia».

La contemplación de la liberación es siempre un llamado a un renovado compromiso con la realidad.

15 de febrero de 2010

Un Gotán.... (se me pianta un lagrimón)

Los 75 años de Cambalache
Hugo Gregorutti (El Diario de Paraná)

El tango compuesto por Enrique Santos Discépolo reconoce tácitamente como fecha de estreno el 20 de febrero de 1935. La letra, descarnada y real, inspirada en la Década Infame, vaticina lo que iba a suceder en el 2000 también. Contundente, lapidaria y sin desperdicios, mantiene, lamentablemente, plena vigencia.

La antológica obra, letra y música de Discépolo, denuncia en sus versos el descreimiento de valores básicos de la condición y convivencia humanas. Fue censurada durante todos los Golpes de Estado en Argentina a partir de su creación. También se vio afectada por una resolución del gobierno de facto del Gral. Pedro Pablo Ramírez en 1943, quien prohibió los voseos y títulos en lunfardo en los tangos. Dicha medida fue derogada por el presidente Perón, progresivamente para no chocar con la Iglesia, que también discrepaba con ese vocabulario popular.

Cambalache, en Argentina y Uruguay, refiere a una prendería, lugar de compraventa de enseres usados. De aquí surge la frase La Biblia y el calefón, que contrasta un libro de gran valor religioso con un artefacto mundano. Fue empleada, entre otras ocasiones, por un programa de Jorge Guinzburg y un tema con dicho nombre de Joaquín Sabina, incluido en el álbum 19 días y 500 noches (1999). Asimismo, la estrofa ¡Siglo veinte Cambalache, problemático y febril! motivó el nombre de un programa de Teté Coustarot por Telefé.
La canción Siglo XXI de Luis Eduardo Aute (álbum UFF!, 1990) se inspira en el tango de Discepolín, comenzando con la estrofa: Siglo XX, cambalache, problemático y febril/ anunció Santos Discépolo, un poeta del 2000/ y profeta en aquel tango que cantó a la corrupción/ que gobierna las cloacas de la humana condición... En otra de sus canciones, Imán de mujer (álbum Alevosía, 1995), el cantautor filipino también se inspira en la obra: Que el mundo fue y será una porquería/ ya lo dijo Enrique Santos/ y hoy tengo un día de esos/ en que sufro toda esa poesía cruel. Asimismo, la expresión: en el 2000 también…, es utilizada como una referencia en muchísimos casos, quedando entre las frases grabadas a fuego en el lenguaje popular.

ESTRENO CON HISTORIA.
En una suerte de prueba, el tango fue interpretado por Sofia Bozán en la revista del teatro Maipo (1934), pese a que el productor Ángel Mentaste trató de impedirlo pues había encargado esa letra a Discépolo para su próxima película: El Alma del Bandoneón. Con ese mismo propósito tentativo, lo grabó la orquesta de Francisco Lomuto con la voz de Fernando Díaz.


Finalmente, la referida película fue estrenada el 20 de febrero de 1935 en el cine Monumental de calle Lavalle, dirigida por Mario Sóffici. En ella, Lomuto interpreta Cambalache con la voz de Ernesto Famá. La fecha se considera como el lanzamiento histórico de la obra que produjo verdadero impacto en la cultura popular. De inmediato se sucedieron grabaciones, como las de Roberto Maida con la orquesta de Francisco Canaro (1935) y Tania en Paris (1936) dirigida la orquesta por el propio Discépolo. Durante la década del 40, sobresalen las versiones de Roberto Arrieta con Miguel Caló y de Alberto Echagüe con Juan D’Arienzo (esta remasterizada en el CD Joyas del lunfardo -1996-RCA-).


Entre muchos registros discográficos posteriores, figuran: la descarnada interpretación de Tita Merello (Odeón-1956); Edmundo Rivero con Héctor Stamponi (1959) y Virginia Luque en Microfón. Julio Sosa hizo dos versiones: con Armando Pontier (1958) en la cual introdujo cambios de nombres propios (Yatasto y Marimón / Gatica y San Martín…) y luego la mejor lograda y auténtica, con Leopoldo Federico ese mismo año. También dejaron su sello las voces de Rubén Juárez con A. Pontier (1973), Susana Rinaldi con Julián Plaza (1976) y el Polaco Goyeneche (1982), en plena guerra de Malvinas.

EN UN MISMO LODO…
Como indicio de la confusión contemporánea, para establecer la decadencia de valores que afectaba al siglo pasado, Discépolo menciona una serie de figuras contrastantes y de actualidad en esa época: el famoso estafador Alexander Stavisky, que se suicidó en una cárcel de Bayona en 1934; San Juan Bosco, sacerdote fundador de la Orden Salesiana, canonizado por el Papa Pio XI en ese año; Don Chicho, apodo del jefe de la mafia argentina Juan Galiffi, procesado en 1932, y Primo Carnera, el gigante boxeador italiano de 125 kg., campeón mundial de peso completo en el bienio 1933-1934.
En cuanto a La Mignon, personaje de dos novelas francesas, parece la forma usual de la voz mignone (querida o mantenida). Dos históricos militares, uno francés de Córcega, el Emperador Napoleón Bonaparte, y el Libertador José de San Martin, prócer de los argentinos, le sirvieron al autor de contraste frente a los héroes de las páginas policiales y deportivas del periodismo sensacionalista, representado en ese momento por el diario Crítica.

TÉRMINOS.
El registro coloquial del texto (maldá, se vamo, dublés, igualao, etc) y sus lunfardismos (gil, chorro, labura) explican asimismo que maquiavelos tenga esa connotación casi delictiva, cuando Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe (1513) fue en realidad sólo el iniciador de actitudes realistas y prácticas en materia de filosofia-política. Acerca del carácter revulsivo de este tango, basta decir que 75 años después de su aparición, sigue vigente.

MOTIVACIONES.

Comenzaban los años 30. Mientras el país le abría la puerta a la barbarie política del dictador José Félix Uriburu, el tango estaba torciendo su cintura: la Guardia nueva, Discépolo, Cadícamo, Manzi y tantos otros músicos y poetas, eran el saber filoso y la ironía de pensar alto y vivir pobre. Afuera, la década infame, que arrasaba con el trabajo y con la dignidad; que fundaba la villa Desocupación, de lata y basura, para que miles de personas se apilaran en la miseria. Época de fraude político y negociados. Los medios fogoneaban, para distraer, una guerra absurda entre Bolivia y Paraguay, el entierro del matón Ruggierito envuelto en la Bandera Argentina o la proclamación de Adolfo Hítler como führer de Alemania. ¿Algo ha cambiado en el 2000?

E1 derrumbe de la economía mundial en 1929, los acontecimientos del 30 y la pobreza desatada, abrieron los oídos para lo que Discépolo venía sentenciando unos años antes en sus tangos Qué vachaché, Yira...Yira..., ¿Qué sapa, Señor....? Y allí la mezcla que anuncia el cambalache del mundo. Poetas, pensadores y artistas, muchos hijos de inmigrantes, hablaban y construían una identidad argentina a fuerza de palabras y esfuerzo, mientras el vicepresidente, Julio Argentino Roca (h) declaraba el orgullo de ser parte de una colonia inglesa.
Ese es el cambalache que vio Discépolo; la pérdida de una referencia, de una línea que permitiera diferenciar entre el bien y el mal. Si quien gobierna es hijo del fraude y del engaño, si atentan de muerte contra un senador por defender los intereses de la Nación, si el tesoro nacional es rico y los hombres son pobres, entonces, todo es lo mismo, lo bueno y lo malo, el canalla y el santo. El dique está roto y todo se confunde. La Argentina es el prisma para ver la decadencia del mundo. Por ello es la vidriera del siglo XX una especie de cielo mercantil, donde todo se mezcla.


Crudeza:
Así, el lenguaje con el que fue escrito Cambalache condujo a un territorio casi inhóspito para el tango: no están en juego ni la pasión, ni la tristeza, ni el amor, sino la verdad. Porque intenta describir realidades más que sensaciones íntimas, a la manera de un cronista, montado sobre una sentencia que parece inapelable: todo es lo mismo, el que trabaja y el que vive de los otros, el Cura y el colchonero. Desde siempre, cualquiera sea la época o los nombres. Y aunque más de una vez se calificó a este antológico tango como nuestro verdadero Himno Nacional, sentirse indignado por la falta de valores éticos, parece ser una premisa que se amolda no sólo a las diferentes generaciones de argentinos, sino también a otros países. Como lo demuestran la cantidad de interpretaciones registradas, de disímiles orígenes.

Cambalache - Tango – 1935


Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también;
que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.


Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador...
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro afana en su ambición,
da lo mismo que sea Cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.

¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón...
Mezclao con Stavisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto a un calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás...!
¡Dale, que va...!
¡Que allá en el Horno
se vamo´a encontrar...!
No pienses más; sentate a un lao,
que a nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de las minas,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley.
Letra y música: Enrique Santos Discépolo.