30 de septiembre de 2009
Los pobres perdieron hoy a un amigo...
27 de septiembre de 2009
Quién soy? donde estoy?
OPERADOR: Gracias por llamar a Pizza Hut de la cadena Bush Companion. ¿Puedo tener su Número de Identificación Nacional?
CLIENTE: Este... es que yo solo quiero encargar una pizza...
OPERADOR: Pero para eso yo debo tener su Número de Identificación Nacional.
CLIENTE: Bueno... mi número es... espere... 610... 2049998... 45... 54610.
OPERADOR: Gracias, Mr. Sheehnan. Veo que Ud. vive en 1742 Meadowland Drive, su teléfono particular es el 494 2366, su oficina está en Lincoln Insurance con teléfono 745 2302, y su celular es el 266 2566. Y Ud está llamando, veo, desde su casa.
CLIENTE: Es realmente cierto... pero ¿de dónde saca toda esa información?
OPERADOR: Es que estamos conectados a la HSS.
CLIENTE: ¿Y eso qué es?
OPERADOR: El Sistema Nacional de Seguridad. Esa conexión agrega tan solo 15 segundos al tiempo de cada pedido. Bueno, ¿que pizza quiere?
CLIENTE: Quisiera dos de sus "All meat special pizza".
OPERADOR: No creo que sea una buena idea, señor...
CLIENTE: ¿Cómo? ¿Qué dice?
OPERADOR: Señor, sus informes médicos y otros sensores nos indican que Ud. es hipertenso, y lo que es más, su colesterol y triglicéridos ya duplican los valores aceptables. El Seguro Nacional de Salud no nos autoriza a venderle algo que constituye para Ud. una elección muy peligrosa. CLIENTE: Pero... ¿y qué me recomienda?
OPERADOR: Lo ideal para Ud., señor, sería nuestra "Low fat" pizza de soja. Le aseguro que le encantará.
CLIENTE: ¿Y de dónde se imagina que eso puede llegar a gustarme?
OPERADOR: Es que vemos en pantalla que la semana pasada Ud. consultó en una biblioteca pública el libro: "Porotos de soja para el gourmet". Por eso le sugerí la pizza de soja.
CLIENTE: Bueno, en fin... Mándeme dos, de tamaño familiar.
OPERADOR: Perfecto. Eso será suficiente para Ud., para su esposa y sus dos hijos. Y las sobras servirán para alimentar a sus dos perros. El total es u$s 49.99
CLIENTE: Bien, tome el número de mi tarjeta de crédito...
OPERADOR: Lo siento, señor. Deberá pagar en efectivo. Vemos que su crédito en la tarjeta VISA está totalmente excedido. A propósito: ¿para qué compra tantos profilácticos? Según nos consta en el registro, su mujer ya entró en la menopausia el año pasado, y en su informe urológico consta que su actividad sexual es de 1 contacto cada 20 días, señor.
CLIENTE: ¡Ejem!... bueno.... es que yo.... no importa, no se preocupe... hasta que lleguen iré al cajero para sacar el efectivo.
OPERADOR: No creo que sea posible, señor. No podrá sacarlo pues también ya excedió el límite del efectivo disponible para el día de hoy.
CLIENTE: Venga igual. Tengo conmigo el efectivo necesario en casa. Y tenemos hambre, ¿cuánto demorarán?
OPERADOR: Estamos un tanto demorados, unos 55 minutos aproximadamente. Veo que está cerca, si Ud. quiere puede retirarlas personalmente, aunque ignoro si tiene ganas de cargar pizzas en un ciclomotor.
CLIENTE: ¿Y cómo sabe que no iré en auto?
OPERADOR: Me aparece que su licencia de conducir está vencida, seguramente olvidó renovarla, y no querrá que le pongan una multa. En cambio su ciclomotor no requiere licencia y Ud. llenó el tanque ayer por la tarde en la gasolinera de Kensington Drive y Shermann St. CLIENTE: Pero, por que no se van a la #&%#º/()=@@!!!!
OPERADOR: Yo le aconsejo, señor, que modere su lenguaje. Veo que fue denunciado por un policía de tránsito el mes pasado por insultarlo y un juez lo condenó a pasar dos semanas en prisión... y salió la semana pasada... ¿Son estas las primeras pizzas que encarga desde que salió en libertad?
CLIENTE: ... (sin habla).
OPERADOR: ¿Algo más, señor?
CLIENTE: Sí... tengo el cupón de un aviso de Uds. por una Coca Cola de 2 litros sin cargo.
OPERADOR: Lo siento, pero nuestro aviso, en la letra pequeña, incluye una cláusula que indica que estamos inhibidos de ofrecerle gaseosas a diabéticos, tal como la Constitución recién sancionada lo indica. Y Ud. aparece en un reciente chequeo con la glucemia muy alta. Ya le estamos enviando las pizzas de soja, señor. Muchas gracias por llamar a Pizza Hut y esperamos volver a estar a su servicio….
Cómo diría el Evo... tu huella - tu voto... hermano.-
26 de septiembre de 2009
Sacerdotes según el Corazón de Cristo III
MENDICIDAD - RADICALIDAD

En la insuprimible y profunda sed de Él, la dimensión más auténtica de nuestro sacerdocio es la mendicidad: la petición sencilla y continua; se aprende en la oración silenciosa, que siempre ha caracterizado la vida de los santos; hay que pedirla con insistencia.
Esta conciencia de la relación con él se ve sometida diariamente a la purificación de la prueba. Cada día caemos de nuevo en la cuenta de que este drama también nos afecta a nosotros, ministros que actuamos in persona Christi capitis.
No podemos vivir un solo instante en su presencia sin el dulce anhelo de reconocerlo, conocerlo y adherirnos más a él. No cedamos a la tentación de mirar nuestro ser sacerdotes como una carga inevitable e indelegable, ya asumida, que se puede cumplir "mecánicamente", tal vez con un programa pastoral articulado y coherente.
El sacerdocio es la vocación, el camino, el modo a través del cual Cristo nos salva, con el que nos ha llamado, y nos sigue llamando ahora, a vivir con él.
La única medida adecuada, ante nuestra santa vocación, es la radicalidad. Esta entrega total, con plena conciencia de nuestra infidelidad, sólo puede llevarse a cabo como una decisión renovada y orante que luego Cristo realiza día tras día.
Incluso el don del celibato sacerdotal se ha de acoger y vivir en esta dimensión de radicalidad y de plena configuración con Cristo. Cualquier otra postura, con respecto a la realidad de la relación con él, corre el peligro de ser ideológica.
Incluso la cantidad de trabajo, a veces enorme, que las actuales condiciones del ministerio nos exigen llevar a cabo, lejos de desalentarnos, debe impulsarnos a cuidar con mayor atención aún nuestra identidad sacerdotal, la cual tiene una raíz ciertamente divina. En este sentido, con una lógica opuesta a la del mundo, precisamente las condiciones peculiares del ministerio nos deben impulsar a "elevar el tono" de nuestra vida espiritual, testimoniando con mayor convicción y eficacia nuestra pertenencia exclusiva al Señor.
Él, que nos ha amado primero, nos ha educado para la entrega total. "Salí al encuentro de quien me buscaba.
Dije: "Heme aquí" a quien invocaba mi nombre". El lugar de la totalidad por excelencia es la Eucaristía, pues "en la Eucaristía Jesús no da "algo", sino a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su sangre. Entrega así toda su vida, manifestando la fuente originaria de este amor divino" (Sacramentum caritatis, 7).
18 de septiembre de 2009
Sacerdotes según el Corazón de Cristo II

Queridos hermanos, seamos fieles a la celebración diaria de la santísima Eucaristía, no sólo para cumplir un compromiso pastoral o una exigencia de la comunidad que nos ha sido encomendada, sino por la absoluta necesidad personal que sentimos, como la respiración, como la luz para nuestra vida, como la única razón adecuada a una existencia presbiteral plena.
El Santo Padre, en la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (n. 66), nos vuelve a proponer con fuerza la afirmación de san Agustín:
Como la dimensión misionera es intrínseca a la naturaleza misma de la Iglesia, del mismo modo nuestra misión está ínsita en la identidad sacerdotal, por lo cual la urgencia misionera es una cuestión de conciencia de nosotros mismos. Nuestra identidad sacerdotal está edificada y se renueva día a día en la "conversación" con nuestro Señor. La relación con él, alimentada siempre en la oración continua, tiene como consecuencia inmediata la necesidad de hacer partícipes de ella a quienes nos rodean. En efecto, la santidad que pedimos a diario no se puede concebir según una estéril y abstracta acepción individualista, sino que, necesariamente, es la santidad de Cristo, la cual es contagiosa para todos: "Estar en comunión con Jesucristo nos hace participar en su ser "para todos", hace que este sea nuestro modo de ser" (Spe salvi, 28).
Este "ser para todos" de Cristo se realiza, para nosotros, en los tria munera de los que somos revestidos por la naturaleza misma del sacerdocio. Esos tria munera, que constituyen la totalidad de nuestro ministerio, no son el lugar de la alienación o, peor aún, de un mero reduccionismo funcionalista de nuestra persona, sino la expresión más auténtica de nuestro ser de Cristo; son el lugar de la relación con él. El pueblo que nos ha sido encomendado para que lo eduquemos, santifiquemos y gobernemos, no es una realidad que nos distrae de "nuestra vida", sino que es el rostro de Cristo que contemplamos diariamente, como para el esposo es el rostro de su amada, como para Cristo es la Iglesia, su esposa. El pueblo que nos ha sido encomendado es el camino imprescindible para nuestra santidad, es decir, el camino en el que Cristo manifiesta la gloria del Padre a través de nosotros.
"Si a quien escandaliza a uno solo y al más pequeño conviene que se le cuelgue al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar (...), ¿qué deberán sufrir y recibir como castigo los que mandan a la perdición (...) a un pueblo entero?" (san Juan Crisóstomo, De sacerdotio VI, 1.498). Ante la conciencia de una tarea tan grave y una responsabilidad tan grande para nuestra vida y salvación, en la que la fidelidad a Cristo coincide con la "obediencia" a las exigencias dictadas por la redención de aquellas almas, no queda espacio ni siquiera para dudar de la gracia recibida. Sólo podemos pedir que se nos conceda ceder lo más posible a su amor, para que él actúe a través de nosotros, pues o dejamos que Cristo salve el mundo, actuando en nosotros, o corremos el riesgo de traicionar la naturaleza misma de nuestra vocación. La medida de la entrega, queridos hermanos en el sacerdocio, sigue siendo la totalidad. "Cinco panes y dos peces" no son mucho; sí, pero son todo. La gracia de Dios convierte nuestra poquedad en la Comunión que sacia al pueblo. De esta "entrega total" participan de modo especial los sacerdotes ancianos o enfermos, los cuales, diariamente, desempeñan el ministerio divino uniéndose a la pasión de Cristo y ofreciendo su existencia presbiteral por el verdadero bien de la Iglesia y la salvación de las almas.
Por último, el fundamento imprescindible de toda la vida sacerdotal sigue siendo la santa Madre de Dios. La relación con ella no puede reducirse a una piadosa práctica de devoción, sino que debe alimentarse con un continuo abandono de toda nuestra vida, de todo nuestro ministerio, en los brazos de la siempre Virgen. También a nosotros María santísima nos lleva de nuevo, como hizo con san Juan bajo la cruz de su Hijo y Señor nuestro, a contemplar con ella el Amor infinito de Dios: "Ha bajado hasta aquí nuestra Vida, la verdadera Vida; ha cargado con nuestra muerte para matarla con la sobreabundancia de su Vida" (san Agustín, Confesiones IV, 12).
Dios Padre escogió como condición para nuestra redención, para el cumplimiento de nuestra humanidad, para el acontecimiento de la encarnación del Hijo, la espera del "fiat" de una Virgen ante el anuncio del ángel. Cristo decidió confiar, por decirlo así, su vida a la libertad amorosa de su Madre: "Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, sufriendo con su Hijo que moría en la cruz, colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su obediencia, su fe, su esperanza y su amor ardiente, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia" (Lumen gentium, 61).
16 de septiembre de 2009
Bere bere,...... cómo yo
TÚ TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO...Entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a
MOUSSA AG ASSARID:
- No sé mi edad: ¡nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo
- ¡Qué turbante tan hermoso...!
- Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
- Es de un azul bellísimo...
- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...
- ¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?
- Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.
- ¿Por qué?
- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.
- ¿Quiénes son los tuareg?
- Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.
- ¿Cuántos son?
- Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece...
- Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre.... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante. ..

- Mucho.. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
- ¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
- Vi correr a la gente por el aeropuerto.. .. ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...
- Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...
- Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.
- Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
- ¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...
- ¿Tanto como eso?
- Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
- ¿Qué pasó con su familia?
- Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad. ..!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor....

- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
No hace falta....
porque...

Sgeun etsduios raleziaods
por una Uivenrsdiad Ignlsea,
no ipmotra el odren en el que
las ltears etsen ecsritas,
la uicna csoa ipormtnate
es que la pmrirea y la utlima ltera esetn ecsritas en la psiocion cocrreta.
El retso peuden etsar ttaolmntee mal
y aun pordas lerelo sin pobrleams,
pquore no lemeos cada ltera en si msima
snio cdaa paalbra en un contxetso.
me preace icrneilbe!
Tnatos aoñs de colgeio al pdeo!
14 de septiembre de 2009
Sacerdotes según el Corazón de Cristo....
Se plantea, queridos hermanos en el sacerdocio, la urgencia de "un movimiento de oración, que ponga en el centro la adoración eucarística continuada, durante las veinticuatro horas, de modo tal que, de cada rincón de la tierra, se eleve a Dios incesantemente una oración de adoración, agradecimiento, alabanza, petición y reparación, con el objetivo principal de suscitar un número suficiente de santas vocaciones al estado sacerdotal y, al mismo tiempo, acompañar espiritualmente -al nivel de Cuerpo místico- con una especie de maternidad espiritual, a quienes ya han sido llamados al sacerdocio ministerial y están ontológicamente conformados con el único sumo y eterno Sacerdote, para que le sirvan cada vez mejor a él y a los hermanos, como los que, a la vez, están "en" la Iglesia pero también, "ante" la Iglesia (cf. Pastores dabo vobis, 16), haciendo las veces de Cristo y, representándolo, como cabeza, pastor y esposo de la Iglesia" (Carta de la Congregación para el clero, 8 de diciembre de 2007).
Se delinea, últimamente, una nueva forma de maternidad espiritual, que en la historia de la Iglesia siempre ha acompañado silenciosamente el elegido linaje sacerdotal: se trata de la consagración de nuestro ministerio a un rostro determinado, a un alma consagrada, que esté llamada por Cristo y, por tanto, que elija ofrecerse a sí misma, sus sufrimientos necesarios y sus inevitables pruebas de la vida, para interceder en favor de nuestra existencia sacerdotal, viviendo de este modo en la dulce presencia de Cristo.
Esta maternidad, en la que se encarna el rostro amoroso de María, es preciso pedirla en la oración, pues sólo Dios puede suscitarla y sostenerla. No faltan ejemplos admirables en este sentido. Basta pensar en las benéficas lágrimas de santa Mónica por su hijo Agustín, por el cual lloró "más de lo que lloran las madres por la muerte física de sus hijos" (san Agustín, Confesiones III, 11). Otro ejemplo fascinante es el de Eliza Vaughan, la cual dio a luz y encomendó al Señor trece hijos; seis de sus ocho hijos varones se hicieron sacerdotes; y cuatro de sus cinco hijas fueron religiosas. Dado que no es posible ser verdaderamente mendicantes ante Cristo, admirablemente oculto en el misterio eucarístico, sin saber pedir concretamente la ayuda efectiva y la oración de quien él nos pone al lado, no tengamos miedo de encomendarnos a las maternidades que, ciertamente, suscita para nosotros el Espíritu.
Santa Teresa del Niño Jesús, consciente de la necesidad extrema de oración por todos los sacerdotes, sobre todo por los tibios, escribe en una carta dirigida a su hermana Celina: "Vivamos por las almas, seamos apóstoles, salvemos sobre todo las almas de los sacerdotes (...). Oremos, suframos por ellos, y, en el último día, Jesús nos lo agradecerá" (Carta 94).
Encomendémonos a la intercesión de la Virgen santísima, Reina de los Apóstoles, Madre dulcísima. Contemplemos, con ella, a Cristo en la continua tensión a ser total y radicalmente suyos. Esta es nuestra identidad.
Recordemos las palabras del santo cura de Ars, patrono de los párrocos: "Si yo tuviera ya un pie en el cielo y me vinieran a decir que volviera a la tierra para trabajar por la conversión de los pecadores, volvería de buen grado. Y si para ello fuera necesario que permaneciera en la tierra hasta el fin del mundo, levantándome siempre a medianoche, y sufriera como sufro, lo haría de todo corazón" (Frère Athanase, Procès de l'Ordinaire, p. 883).
10 de septiembre de 2009
Las dos ciruelas o el grano de mostaza...
Historia de verano , en dos actos y un epílogo.Esta mañana como muchas otras, me fui al mercado con mi carrito de compras.
Tenía la nevera tan vacía que aproveché de ponerla en orden y ver cuantas cosas faltaban. Con mi lista hecha salí temprano para no coger los calores que más tarde se echan encima. ¡Iba de muy buen humor, contenta...!
Me acerqué al puesto de verdura y pedí:
- “ Póngame tres kilos de papas y uno de pimientos y ... ”
- “Señora… (me interrumpió un hombre tocándome en el brazo), pídame para mi dos ciruelas, estoy enfermo y las necesito ”
Me volví, y contemplé un hombre mal vestido, mal lavado y delgado, o sea, vi a un pobre de los tantos que ahora pueblan nuestras ciudades.
Volviéndome al vendedor de verduras le dije:
- “Miguel, ponle...”
Pero el “pobre “, había metido ya sus manos y las tocabas todas para escoger las más blanditas.
- “¡¡ Aquí no se puede meter las manos!! “, gritó Miguel.
Yo intercedí: - “Es que están las ciruelas un poco verdes y las quiere maduras...”
Noté que la gente empezó a murmurar y a decir:
- “Encima se cuela”.
La cosa se ponía “caliente”, a pesar de haber salido de casa con la fresquita.
Para tranquilizar el “ambiente”, dije:
- “Miguel, pónmelas en mi cuenta, yo te las pagaré.”
Pero los murmullos seguían.
El “pobre” se fue con sus dos ciruelas muy contento, no sin antes decirme
– “Muchas gracias, me van a aliviar mucho”
Lo dijo mirándome, y vi en sus ojos que decían verdad.
No hizo más que desaparecer entre la gente, los murmullos se volvieron en gritos:
- “Sinvergüenza
- “¡ Manta de vagos¡ “
- “ ¡ Caradura ! ” “... ... ... ”
Yo miraba a todos sin comprender.
Y en su mismo tono les dije :
- “¡Señoras!, que sólo han sido dos ciruelas!”
Una de ellas con voz destemplada me respondió:
- “¡Ud, y las que son como Ud, tienen la culpa de que pidan los pobres!”
- “¿ ¡¡ Yo !!? le contesté muy sorprendida . Y levantando la voz le dije :
- “¡ Que sepa Vd, que este señor se ha llevado dos ciruelas que son de él, porque yo se las he regalado, y que cuando me pidan comida voy a hacer siempre lo mismo ! ”
- “Nos tenía que dar vergüenza, continué diciendo, insultar a una persona por pedirnos dos ciruelas ” (quizás, no tenía que haberlo añadido)
Epílogo :
Cogí mi carrito de las compras y me fui, aunque enfadada.
Pero en el fondo, allá muy dentro comencé a sentir la alegría de lo pequeño.
Se me vino el recuerdo el Evangelio de la mañana que hablaba acerca de que “el Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta”.
Y no era que comparara las ciruelas con la mostaza, no, sino que al pagar, en la lista de los precios que me cobró el vendedor, me di cuenta que no figuraban las dos ciruelas.
¡ Manolo, a quien le vi una sonrisa de complicidad al dármela, les había regalado las dos ciruelas.
Julio 2009. M. P.
9 de septiembre de 2009
Historias de un....
Ignacio Gómez Mc Gregor es un jesuíta argentino que se encuentra realizando la etapa de "magisterio", en África. En esta nota cuenta sus primeras impresiones
Muchos son los correos que recibí preguntándome más detalles sobre el lugar en el que vivo, mi trabajo, los refugiados, la seguridad, etc. Por eso decidí tomarme el tiempo para contarles más en detalle. Ahora tengo un poco más claro los alcances del proyecto y lo que se me pide. Los primeros números que me habían dado incluían algunos campos de los cuales no me tengo que ocupar.
6 de septiembre de 2009
Un Rosario de orfandad....
Las cifras hablan de niñas de entre 12 y 16 años arrojadas a la intemperie. Esto sucede en la ciudad que algunos llaman ampulosamente “la Barcelona argentina”. Fuente de datos:Diario Rosario/12 24-08-09
4 de septiembre de 2009
Mi corazón bostero.....
"No tengas miedo", reza un afiche en el sitio web http://www.lapaginaxeneize.com.ar/.3 de septiembre de 2009
MISTICA....

Compartimos aquí lo sucedido contado por los propios Padres del Monasterio.
Oración y controversia... en las elecciones
Pastor Joe WrightEn 1996 el Pastor Joe Wright del estado de Kansas fue invitado a iniciar la sesión de la casa de representantes en el estado (una sesión de diputados). Se esperaba una típica bendición de su parte.
1 de septiembre de 2009
Mis amigos: Los cleferos de Cochabamba III - Don Daniel
Viernes, 26 de Junio de 2009 21:50
Será inútil pedirle a Don Daniel más datos sobre su persona. Ni él, ni nadie podrá responder. Él es “Don Daniel” a secas y nada más. Tendrá, sin duda, un apellido, pero ni él mismo lo sabe. Nuestro personaje es, en realidad, un mendigo muy original, fuera de serie: yo diría que es “un señor mendigo”, un verdadero “caballero” dentro de ese mundo, tan despreciado, de la mendicidad.Suele llegar con mucha frecuencia a mi casa por la noche, bastante tarde, pidiendo algo de comer. Camina acompañado por dos famélicos perros
- “ Don Daniel, le pregunto, ¿esos perros son suyos…?”
- “No, no son míos, me responde. No sé de quien serán, pero siempre me siguen. Son muy buenos.” - “Es que usted los trata con mucho cariño.”
- “Sí. Siempre trato de darles algo de lo que me dan de limosna”.
Llevado de mi curiosidad le pregunté abiertamente: - “Y usted, Don Daniel ¿dónde se va a alojar esta noche…”?
- “Debajo del puente, como siempre”, me responde con sinceridad.
- “No, le replico. Hace mucho frío. ¿ Por qué no va al Hogar de los Franciscanos. Cuesta solo dos pesos para pasar la noche. Yo se lo pago.
- “Ahí no dejan entrar a los perros!!!!!.
- “Pero los perros no necesitan un alojamiento para pasar la noche…”
- Sí, me responde, pero los perros también sufren, sobre todo si no se les da cariño.”
- “Bueno, ya veo, Don Daniel, que tiene Ud. buen corazón. Así que Ud. se va a pasar la noche debajo del puente y en compañía de todos esos jóvenes que tienen muy mala fama. Se comenta que los que pasan la noche debajo del puente roban, se drogan …
- “No, me responde con energía Don Daniel. Conmigo son muy buenos. A veces tienen que robar y tomar “clefa” porque sufren hambre y tienen mucho frío…”
- ¿Y Ud. no roba ni aspira “clefa”…?, le pregunto abiertamente.
- No, yo no robo. Es que a mí la gente me da limosna pero a ellos no les dan nada”.
- ¿ Y la “clefa”…? - Don Daniel se sonríe mientras me dice :
- “Yo duermo muy bien sin ”clefa”. Algunas noches muy frías se me acercan los chicos para dormir a mi lado dándome un poco de calor.
Padresito, el otro día me dijeron los presos que el P.Amado había muerto y que era un santo…? ¿Es verdad:::?
- Sí, le respondo. E P. Amado muríó hace dos meses y yo también creo que era un santo.”
- “Entonces yo le puedo rezar a él para que me ayude…?
- “Sí, claro, le puedes rezar. El P. Amado que era muy bueno y quería mucho a los presos, a los mendigos y a todos lo que viven debajo de los puentes…. Pero, según lo que me cuentas quiere decir que también tú has estado preso alguna vez…?
- Sí, padresito. A veces viene la policía y, sin decir nada, nos lleva presos a todos. Después, a mí me sueltan pero a los chicos los tratan muy feo y a mí me da mucha pena….”
- “Don Daniel, le voy a hacer una pregunta ¿le contaron a Ud. alguna vez la historia del “Pobre Lázaro”, aquel mendigo que pasaba mucha hambre y que el rico Epulón no le daba ni las migajas que caían de la mesa....y que los perros le mostraban su cariño lamiéndole las heridas…?
Tengo la impresión que Ud. se parece mucho a ese pobre Lázaro del Evangelio.
Yo creo que también él dormía debajo de algún puente, acompañado por algunos perros que, seguramente, no eran de él.”
Picado en su curiosidad, Don Daniel me preguntó:- ¿Y qué pasó después con ese pobre mendigo…?
- “Dicen que se murió él y que también se murió el rico.
Al Pobre Lázaro el Señor lo llevó a su gloria pero al Rico avariento y egoísta no. …”
- “Y los perros…? me preguntó Don Daniel con cierta malicia…
- “ Los perros buenos, como los tuyos, tienen también un cielo aparte”.
- Don Daniel, le dije como despedida, ya que Ud. no quiere ir al alojamiento porque no dejan entrar a los perros y esta noche hace mucho frío, le voy a regalar una frazada un poco usada. Creo que le vendrá muy bien,…”
- “Gracias, Padrecito. Es Ud. muy bueno…”
En ese momento se me vino a la mente una idea muy lógica pero que no me atreví a expresarla sabiendo que Don Daniel no la iba a aceptar. Lo que yo quería decirle a era lo siguiente: - “Don Daniel, Ud. es mucho mejor que yo….”
Don Daniel se fue caminando hacia el frío del invierno y hacia la oscuridad de la noche mientras yo me dirigía hacia mi confortable habitación.!!!!!
Don Daniel, pienso yo, tiene algún parecido con Francisco de Asís: ve a los perros como si fueran sus hermanos, con derecho a un alojamiento, sabe disculpar los excesos de los “inadaptados sociales” alojados debajo del puente porque , según él, ellos tienen pleno derecho a matar su hambre y a protegerse contra el frío, sabe compartir lo poco que tiene con aquellos que tienen menos que él, se preocupa y trata de defenderlos cuando la policía los apresa….
Don Daniel no guarda resentimiento contra nadie, ni siquiera contra esta sociedad que ha sido tan injusta y despiadada con él. Se siente feliz y quiere , de algún modo, comunicar esa felicidad a los desvalidos que no encuentran otro sitio mejor para dormir que debajo de un puente…..
Ya acostado, antes de cerrar los ojos, sentí que un pensamiento me golpeaba con insistencia y no me dejaba conciliar sueño:
* P. Gregorio Iriarte, es sacerdote, pertenece a los Padres Oblatos de María Inmaculada OMI

