1. La imagen del desierto se asocia a un tiempo de soledad donde los apoyos cotidianos desaparecen enfrontándonos con nuestra propia realidad. El desierto nos fascina. Es el lugar por excelencia del despojo supremo. Es un lugar necesario para la construcción de la propia persona, espacio de purificación y de abandono, lugar de las pruebas. Según las enseñanzas bíblicas ir al desierto no significa desertar de nuestra época, sino camino de tránsito hacia la tierra prometida.
Por eso los grandes espirituales de los primeros siglos de la Iglesia han reflexionado más sobre los “desiertos interiores” que sobre los desiertos geográficos. Entonces, es verdad que hay que pasar por el desierto, que también puede ser geográfico, pero especialmente es interior, hay que recogerse, hay que hacer silencio, para tomar conciencia de la Presencia Amorosa de Dios que nos llama y que nos da una vocación, una misión, para vivirla en nuestro propio Nazaret.
2. Debemos matizar cuando decimos “ir al desierto”, “hacer desierto” o “tiempo de desierto”. El común denominador de estas expresiones es la palabra “desierto”, que se podría definir como “lugar inhóspito donde no hay nada. Y en esto está su grandeza. Es necesario pasar por el desierto, por esa “nada”, despojarse de todo lo superfluo para permanecer en lo esencial. En principio tota la vida es oración.
Podemos y debemos rezar en toda ocasión. Pero cuando decimos “un tiempo de desierto”, queremos decir “un tiempo destinado solo a Dios”, para entrar en la órbita de su amor y poder llegar a ser uno mismo dentro del misterio de Dios. Cuando nos adentramos por este camino, vamos de sorpresa en sorpresa, ya que en el silencio interior se alumbran grandes cosas.
3. ¿Es necesario este silencio interior? En el silencio nos autodescubrimos, vemos con mayor claridad nuestra propia vida, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer, la calidad de nuestra existencia y lo que Dios y el prójimo espera de nosotros. El silencio condiciona el equilibrio de la existencia y su crecimiento.
El silencio es como un pedagogo que nos enseña, en primer lugar a escuchar nuestra conciencia para conocernos mejor y poder así orientar nuestra vida; en segundo lugar, nos enseña a escuchar a los hermanos que nos enriquecen con su diversidad y así los vamos queriendo cada vez más, y, finalmente, en tercer lugar, a escuchar a Dios que nos habla en lo más profundo de nuestro ser para comunicarnos su propia vida.
Si nos fijamos podríamos cambiar la palabra desierto por la de silencio. Entonces podemos afirmar: “Tiempo de silencio”, es decir lugar donde se combate contra las fuerzas del mal que anidan en nuestro propio interior; lugar de la purificación, y lugar donde adentrarse en el misterio de Dios.
4. Dentro de la familia espiritual del hermano Carlos de Foucauld existe, como tradición esencial, siempre según las circunstancias, el hacer un tiempo diario de adoración eucarística; realizar una jornada de desierto; una semana de retiro o un mes de Nazaret.
Pongo a vuestra consideración, por su importancia y su actualidad, lo que el hermano René Voillaume nos propone en su libro Por los caminos del mundo sobre las “Fraternidades de desierto”, para que pueda suscitar nuestra capacidad creativa y consolidar también las experiencias positivas hechas hasta el momento a la búsqueda de nuevas formas para nuestro tiempo, como son los lugares de “desierto” que las distintas fraternidades de hermanas y hermanos de Carlos de Foucauld tienen en España, como Farlete, Guadalupe, “El monte de la Paz” en Murcia, o la Comunidad de Jesús en Tarrés.
Dice así el hermano René Voillaume: “El padre Foucauld redactó sus primeras reglas, la de los Hermanos de Jesús, en 1896, y la de los Hermanos del Sagrado Corazón, en 1899, refiriéndose a un concepto de la vida de Nazaret muy separada y silenciosa. Este concepto respondía a una necesidad sentida por él durante ese período de oración solitaria que fue su vida en la Trapa y en el convento de las Clarisas de Nazaret.
Aun cuando la vida de sus hermanos haya sido concebida por él con arreglo al tipo clásico de una vida comunitaria, en el fondo desea que vivan como solitarios; de ahí el nombre de Eremitas del Sagrado Corazón con que les llamó algún tiempo: “Se consideran como solitarios, aun viviendo varios juntos, a causa del gran recogimiento en el que transcurre su vida” (C. FOUCAULD, Reglamento de los Hermanos del Sagrado Corazón, 1899).
Más tarde, en Beni-Abbés y en Tamanrasset, cuando el hermano Carlos de Jesús tenga a la vista realizar la vida de Nazaret viviendo en íntimo contacto con las gentes del país, buscará la soledad con intervalos, bien sea en sus ermitas, bien sea en el curso de sus viajes a través del desierto. También los hermanos están llamados, a causa de su misma vocación para la vida de Nazaret, a vivir periódicamente en el desierto, especialmente en ciertas ocasiones; por ejemplo, en el transcurso de su formación, o a intervalos regulares durante su vida entre los hombres, y también en la época de estancias más o menos prolongadas, sobre todo para aquellos hermanos que se sintieran interiormente llamados por Dios, con miras a una oración de intercesión más urgente dentro de la línea misma de su vocación, que les destina a ser redentores con Jesús.
Las fraternidades en el desierto parecen responder, por tanto, a una doble necesidad de los hermanos: la de una iniciación progresiva a la oración contemplativa dentro del marco de una vida de Nazaret más solitaria, iniciación que se efectúa principalmente en las fraternidades de noviciado; y la de una vida de adoración y de intercesión, cuya intensidad requiere como de sí misma lo absoluto del desierto.
Es a esta última necesidad a lo que responden, sobre todo las fraternidades de desierto propiamente dichas. Es con la intención de mantener este ritmo de oración solitaria por lo que las fraternidades, y especialmente las establecidas en aglomeraciones urbanas y dedicadas al trabajo, deben establecer en los alrededores inmediatos una ermita que ofrezca las condiciones de aislamiento y de silencio que permitan efectuar periódicamente verdaderas estancias en el desierto.
Estas breves estancias en una ermita serán ya para los hermanos ocasión de entregarse a una oración de intercesión más apremiante. Pero otras fraternidades deben ser capaces de procurar a los hermanos unas condiciones que hagan posible estancias prolongadas en la soledad, añadiéndoles el ambiente de recogimiento de una comunidad fraternal, del que muchos tendrán necesidad para renovarse, dentro de la fidelidad a su vocación de “permanentes de la oración”.
Las contradicciones aparentes de la vida de las fraternidades hacen difícil a los hermanos la perfecta realización de su vocación. Por esto es indispensable que los hermanos que hayan vivido o trabajado durante largo tiempo en medio de un ambiente materialista, puedan encontrar no solamente lugares desiertos favorables a la oración, sino, además, verdaderas fraternidades que les aseguren el ambiente de recogimiento, de oración y de adoración al santísimo Sacramento de que tienen necesidad. Es, sobre todo, en estas fraternidades en donde son llamados a vivir los hermanos que, por su vocación, pedirían orientar su vida hacia una oración solitaria más apremiante. Las fraternidades de desierto, están, por tanto, estrechamente asociadas a las otras fraternidades dentro de la realización de una vocación única”. (R. VOILLAUME, Por los caminos del mundo, Marova, Madrid 1973, 296-299)
5. El converso Carlos de Foucauld quiso imitar al máximo la vida de Jesús de Nazaret. Constató que la mayor parte de la vida del artesano Jesús de Nazaret fue como la de cualquier otro paisano de su pueblo. Vivió en el seno de una familia, fundamentada en José y María, viviendo relaciones de amistad y cooperación con las personas de su tiempo. Así, vivir Nazaret es vivir en solidaridad con la gente pobre y corriente, como uno más, como un trabajador, un vecino, uno más en el barrio, en el pueblo o en la ciudad. Y desde esta situación donde debe arrancar nuestra oración, que tiene que ser concreta como lo es la vida. No se puede orar volviendo las espaldas a esta solidaridad, que está abierta a una dimensión invisible pero presentida.
Se trata de vivir con la mirada consciente en lo que se vive; de vivir con los ojos abiertos para ver lo que nos rodea; vivir tanto las alegrías y las esperanzas, como estar atentos al sufrimiento y al dolor humano, buscando siempre sus causas para intentar remediarlas. Algunas causas son naturales, como la enfermedad o los accidentes, pero hay otros males que tienen como causas la injusticia, la desigualdad y el cinismo de los sistemas económicos deliberadamente injustos que benefician sólo a unos pocos, y que luego dejan a tanta gente hundida en las cadenas de la pobreza y la marginación. La vida de Nazaret nos lleva a toparnos con el sufrimiento que procede de la injusticia y preguntamos por nuestra responsabilidad frente a estas situaciones, para presentar después nuestra plegaria de intercesión ante el Señor, pidiendo ayuda ante las situaciones que nos superan.
6. La gran intuición de Foucauld y que hemos de tener en cuenta todos los seguidores de Jesús de Nazaret, es la de no separar como si se tratase de personas distintas al Jesús que nace pobre y se gana la vida como un carpintero, del Jesús qu parte al desierto a preparar su misión, o al Jesús que predica que otro modo de vida es posible, el reino de su Padre.
¿Qué se quiere decir con esto? Que el Jesús que recorre los caminos de Palestina es el mismo Jesús que vivió en Nazaret. Que Jesús anuncia el Reino de Dios con medios pobres y humildes, como fue toda su vida, y que, por lo tanto, nuestro anuncio del Reino de Dios se ha de hacer desde estos medios: el servicio, el compartir, la bondad, la amistad, el testimonio. Debemos a Gandhi el habernos hecho tomar conciencia de que tan importantes son los fines que nos proponemos como los medios con los que actuamos para conseguir dichos fines. Lo mismo podríamos decir de Jesús en Palestina predicando o en el desierto. Es el mismo Jesús que vivió pobremente en Nazaret.
Lo que no es válido es que nosotros hoy, en la montaña de las Bienaventuranzas, lugar que Carlos de Foucauld quiso establecer una fraternidad de pobres ermitaños orantes, como la Sagrada Familia, establezcamos, como se ha hecho, un monasterio “por todo lo alto” y para justificarlo pongamos una reliquia de Carlos de Foucauld. (Recordar la opción de Foucauld cuando estaba en la Trapa de Siria (Akbés))
En Cristo, dice Pablo en la segunda lectura, todas las promesas han recibido un “sí”. Algo muy diferente de lo que nos tiene acostumbrada la estulticia humana. La fuerza se nos va por la boca y se nos olvida que las palabras sólo se hacen auténticas, se llenan de valor y verdad, cuando van acompañadas de los hechos. Y esto es aplicable a todos los ámbitos de la relación humana: desde la amistad hasta los niveles de más alta política internacional.
¡Cuántas promesas de fidelidad “para siempre” se van quedando rotas por el camino en los matrimonios de nuestros días! Pero también cuántas promesas de los políticos que cada cuatro años se presentan puntualmente a las elecciones y nos poden fervorosamente el voto se quedan olvidadas. Lo que fue titular un día se convierte con el tiempo en pura nada perdida en la memoria.
En una revista leí hace tiempo que en un país había habido una carretera a la que por cuatro veces, con gobiernos y en años diferentes, se había acercado los políticos de turno a inaugurar solemnemente el comienzo de las obras. Unas obras que nunca habían comenzado realmente. Y allí seguía la carretera no sólo sin hacer sino convertida en prueba y verificación del valor de la palabra de aquellos políticos.
En Cristo, la palabra se hace vida Pero en Cristo la palabra se hace realidad, vida tangible y palpable. El relato de hoy nos hace pensar en una característica del mundo judío de los tiempos de Jesús. Se pensaba entonces que la enfermedad tenía una relación inmediata con el pecado de la persona. Como causa y efecto. Si la persona estaba enferma era la natural consecuencia de su pecado.
Así es más fácil entender la forma de actuar de Jesús. Primero perdona los pecados al paralítico. Pero ante la oposición de los que ponen en duda su capacidad para hacerlo, cura también al paralítico. Su palabra se hace vida, tienen consecuencias reales. No se queda en un mero “flatus vocis”, en un sonido sin consecuencias. Jesús perdona los pecados y, al hacerlo, abre un nuevo futuro para la persona. Puede tomar su camilla y echarse a andar.
Hay que suponer que los escribas que ponen en duda la capacidad de Jesús para perdonar los pecados están incluidos en el “todos” del final del relato evangélico que “se quedaron atónitos y daban gloria a Dios”. Su sorpresa consiste en descubrir que la palabra de Jesús es viva y eficaz, que perdona los pecados y cura la enfermedad, que la persona puede volver a andar por sí misma. La Palabra de Jesús nos empuja a la vida Jesús ha abierto un futuro nuevo a esa persona. El que estaba acostado y eran otros los que le llevaban y traían, ahora es capaz de tomar la camilla y decidir por sí mismo su propio rumbo. ¡Realmente Jesús ha realizado algo nuevo! En Jesús comienza esa nueva vida que se anuncia en la primera lectura. Esa nueva vida se hace posible porque Dios borra nuestros crímenes y se olvida de nuestros pecados, porque Dios abre caminos en el desierto y ríos en el yermo.
Ser positivos y optimistas, personas de esperanza, forma parte del bagaje personal de todo creyente. Los discípulos de Jesús somos gentes del “sí”, afirmamos la vida, levantamos a los caídos y los invitamos a tomar sus camillas y echarse a andar. Porque creemos en un Dios que nos reconcilia, que sana nuestras heridas internas y nos llama a tomar nuestros propios caminos.
Donde nosotros, con nuestra miopía, no vemos más que un desierto, Dios abre caminos para construir la fraternidad, para modelar unas relaciones humanas más justas y más fraternas. Pero ése ya es trabajo y responsabilidad nuestra. Es cuestión de abrir los ojos y los oídos y acoger su Palabra de Vida. Y hacer que nuestra palabra sea también palabra de vida y esperanza para los que nos rodean.
Pedro Miguel Lamet sj publicado por El libro de arena; gracias Padre Claudio
Acabo de leer al última circular de Pedro Casaldáliga, que es, desde sus años y su párkinson, todo un himno a la utopía evangélica. Partiendo de las palabras del cardenal Martini de cierta desilusión ante el sueño de una Iglesia libre, pobre y limpia, traza un maravilloso acto de fe en la ilusión y juventud que debe brotar de la fe. Supongo que aflorará en cientos de sitios en la web. Pero yo quiero compartirlo con vosotros:
«HOY YA NO TENGO ESOS SUEÑOS»,
(dice el Cardenal Martíni)
Pedro Casaldáliga Circular 2009
El Cardenal Carlo M. Martini, jesuita, biblista, arzobispo que fue de Milán y colega mío de Parkinson, es un eclesiástico de diálogo, de acogida, de renovación a fondo, tanto de la Iglesia como de la Sociedad. En su libro de confidencias y confesiones Coloquios nocturnos en Jerusalén, declara: «Antes tenía sueños sobre la Iglesia.
Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad, que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza; que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con una Iglesia joven.
Hoy ya no tengo más esos sueños». Esta afirmación categórica de Martini no es, no puede ser, una declaración de fracaso, de decepción eclesial, de renuncia a la utopía. Martini continúa soñando nada menos que con el Reino, que es la utopía de las utopías, un sueño del mismo Dios.
Él y millones de personas en la Iglesia soñamos con la «otra Iglesia posible», al servicio del «otro Mundo posible». Y el cardenal Martini es un buen testigo y un buen guía en ese camino alternativo; lo ha demostrado. Tanto en la Iglesia (en la Iglesia de Jesús que son varias Iglesias) como en la Sociedad (que son varios pueblos, varias culturas, varios procesos históricos) hoy más que nunca debemos radicalizar en la búsqueda de la justicia y de la paz, de la dignidad humana y de la igualdad en la alteridad, del verdadero progreso dentro de la ecología profunda. Y como dice Bobbio «hay que instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad»; hoy con una visión y una acción estrictamente mundiales. Es la otra globalización, la que reivindican nuestros pensadores, nuestros militantes, nuestros mártires, nuestros hambrientos…
La gran crisis económica actual es una crisis global de Humanidad que no se resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el capitalismo sigue siendo homicida, ecocida, suicida. No hay modo de servir simultáneamente al dios de los bancos y al Dios de la Vida, conjugar la prepotencia y la usura con la convivencia fraterna. La cuestión axial es: ¿Se trata de salvar el Sistema o se trata de salvar a la Humanidad? A grandes crisis, grandes oportunidades. En idioma chino la palabra crisis se desdobla en dos sentidos: crisis como peligro, crisis como oportunidad.
En la campaña electoral de EE UU se enarboló repetidamente «el sueño de Luther King», queriendo actualizar ese sueño; y, con ocasión de los 50 años de la convocatoria del Vaticano II, se ha recordado, con nostalgia, el Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre. En el 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, 40 Padres Conciliares celebraron la Eucaristía en las catacumbas romanas de Domitila, y firmaron el Pacto de las Catacumbas. Dom Hélder Câmara, cuyo centenario de nacimiento estamos celebrando este año, era uno de los principales animadores del grupo profético. El Pacto en sus 13 puntos insiste en la pobreza evangélica de la Iglesia, sin títulos honoríficos, sin privilegios y sin ostentaciones mundanas; insiste en la colegialidad y en la corresponsabilidad de la Iglesia como Pueblo de Dios, y en la abertura al mundo y en la acogida fraterna.
Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad.
Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC…). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad».
Como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio, la pasión obsesiva de Jesús, el Reino. Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres, comunidad ecuménica y macroecuménica también. El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús, no puede ser de ningún modo causa de fundamentalismos, de exclusiones, de inclusiones absorbentes, de orgullo proselitista. Ya basta con hacer de nuestro Dios el único Dios verdadero. «Mi Dios, ¿me deja ver a Dios?».
Con todo respeto por la opinión del Papa Benedicto XVI, el diálogo interreligioso no sólo es posible, es necesario.
Haremos de la corresponsabilidad eclesial la expresión legítima de una fe adulta. Exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación, la plena igualdad de la mujer en la vida y en los ministerios de la Iglesia. Estimularemos la libertad y el servicio reconocido de nuestros teólogos y teólogas.
La Iglesia será una red de comunidades orantes, servidoras, proféticas, testigos de la Buena Nueva: una Buena Nueva de vida, de libertad, de comunión feliz.
Una Buena Nueva de misericordia, de acogida, de perdón, de ternura, samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad.
Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial la advertencia de Jesús: «No será así entre vosotros» (Mt 21,26). Sea la autoridad servicio.
El Vaticano dejará de ser Estado y el Papa no será más Jefe de Estado.
La Curia habrá de ser profundamente reformada y las Iglesias locales cultivarán la inculturación del Evangelio y la ministerialidad compartida.
La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones, en las grandes causas de la justicia y de la paz, de los derechos humanos y de la igualdad reconocida de todos los pueblos.
Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación. La política vivida por todos los cristianos y cristianas será aquella «expresión más alta del amor fraterno» (Pío XI).
Nos negamos a renunciar a estos sueños aunque puedan parecer quimera. «Todavía cantamos, todavía soñamos». Nos atenemos a la palabra de Jesús: «Fuego he venido a traer a la Tierra; y qué puedo querer sino que arda» (Lc 12,49).
Con humildad y coraje, en el seguimiento de Jesús, miraremos de vivir estos sueños en el cada día de nuestras vidas. Seguirá habiendo crisis y la Humanidad, con sus religiones y sus iglesias, seguirá siendo santa y pecadora. Pero no faltarán las campañas universales de solidaridad, los Foros Sociales, las Vías Campesinas, los Movimientos populares, las conquistas de los Sin Tierra, los pactos ecológicos, los caminos alternativos de Nuestra América, las Comunidades Eclesiales de Base, los procesos de reconciliación entre el Shalom y el Salam, las victorias indígenas y afro y, en todo caso, una vez más y siempre «yo me atengo a lo dicho: la Esperanza».
Cada uno y cada una a quien pueda llegar esta circular fraterna, en comunión de fe religiosa o de pasión humana, reciba un abrazo del tamaño de estos sueños.
Los viejos aún tenemos visiones, dice la Biblia (Jl 3,1). Leí hace unos días esta definición: «La vejez es una especie de posguerra»; no necesariamente de claudicación. El Parkinson es sólo un percance del camino y seguimos Reino adentro.
«Si doy comida a un pobre, me llaman santo, pero si pregunto por qué es pobre, me llaman comunista».
* Tal vez esta frase pueda servir como síntesis de la vida de Helder Pessoa Câmara, nacido el 7 de febrero de 1909, en Fortaleza, Estado de Ceará (Brasil).
Combatido por las elites insensibles al sufrimiento humano y cargando la cruz de los prejuicios, nunca se dejó abatir. Fue propuesto cuatro veces para el Premio Nóbel de la Paz. Recorrió el mundo en la lucha contra todo tipo de opresión. Mereció el reconocimiento internacional, mientras en Brasil se prohibía mencionar su nombre en los medios de comunicación durante 10 años, en el triste periodo de la dictadura militar.
* Sabía discernir con su sabiduría la diferencia entre la caridad-limosna que ve en el pobre solamente el objeto de su generosidad -y la expiación de sus culpas conscientes e inconscientes- , y la verdadera caridad: la que trata de rescatar a los desamparados, ofreciendo posibilidades concretas de alcanzar lo que no le fue proporcionado en la infancia o a lo largo de su vida, como derecho a la educación, salud, salario digno, vivienda decente, o sea, esperanza y no solo limosna.
* Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1931, en 1952 obispo-auxiliar de Río de Janeiro y en 1964 Arzobispo de Olinda y Recife; regresaba así al nordeste de donde había partido. Participó en la creación del Consejo Episcopal Latino-Americano (CELAM). Desempeñó altos cargos en la jerarquía eclesial, pero la humildad nunca lo alejó del pueblo de Dios. Tuvo una influencia decisiva en los nuevos rumbos adoptados por la Iglesia durante y en el post Concilio Vaticano II, que abrió las ventanas del Vaticano para que los acontecimientos de la Historia desempolvasen el trono de san Pedro. Su espíritu se manifestó leve y sabio en muchos libros que dejó publicados. Los profetas no se callan, vuelven fértil al desierto (título de uno de sus libros publicado en español por Sígueme).
«Que nadie se haga falsas ilusiones, que nadie obre de manera ingenua: quien escucha la voz de Dios y hace su opción interior, sale de sí mismo y parte para luchar pacíficamente por un mundo más justo y más humano, no piense que va a encontrar un camino fácil, pétalos de rosa bajo sus pies, multitudes escuchándole, aplausos por todas partes y, permanentemente, como protección decisiva, la Mano de Dios. Quien se arranca de sí y parte como peregrino de la Justicia y de la Paz, prepárese para enfrentar desiertos».
* Y él supo enfrentar desiertos con firmeza y mansedumbre.
Schopenhauer decía que «talento es cuando un tirador alcanza un blanco que otros no consiguen. Genio, cuando un tirador alcanza un blanco que otros no ven». Cuando muchos se esforzaban para 'catequizar' a los jóvenes, Dom Helder enfocaba mas allá y serenamente indicaba el camino:
«Los jóvenes siempre tienen sus antenas conectadas y saben muy bien como captar las señales del amor apasionado y apasionante de Dios.
¿Por qué hablar siempre de 'práctica religiosa' y jamás de 'práctica evangélica', hecha de amor y de valor siempre al servicio de los demás? Todo parece indicar que tal práctica no ha sido abandonada. Muy al contrario, la veo en plena acción por dondequiera que pase. Si los jóvenes van menos a la iglesia, tal vez sea porque en ella no encuentran adecuadamente reunidas la Vida y el Evangelio».
* Era una visión profética, en los pasados años 70, del vaciamiento de los templos y seminarios, principalmente en Europa y en América del Norte, como se constata actualmente. Dom Helder fue un eterno joven. La santa utopía corría en sus venas, en su corazón, en sus palabras, dando el aliento necesario para enfrentar desiertos y tempestades. A propósito de la Teología de la Liberación afirmaba
«No debemos quedarnos en las palabras. Es posible que muchas personas no hayan comprendido bien la esencia de la 'teología de la liberación', que hayan oído decir que tiene influencia marxista o algo parecido. Pero están también los que la entienden adecuadamente, como el redescubrimiento del poder revolucionario del amor de Dios en la historia de los hombres, lo cual les parece muy peligroso. Por eso se ve tanto debate en torno a la 'teología de la liberación', aunque sea indiscutible que Cristo quiera que todos los hombres luchen por la liberación de sus semejantes. El progreso humano, la campaña contra las causas de las injusticias, la conquista de la dignidad, son la manera más directa como los hombres pueden cooperar a su propia redención y salvación, causas por las cuales el Señor dio su vida».
* La Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín, en 1968, fue el 'aggionarmento' de la Iglesia en América Latina, dejando en el pasado una actuación condenable en relación a los indios, a los esclavos, a los desamparados, por haber firmado un pacto con los estados y la aristocracia, con las fuerzas opresoras que nada tenían de cristianas. Esa llama de Medellín no puede morir aunque haya quien diga que tenía 'polvo ideológico'. Es un debate rico, que invita a la participación hasta de los no-creyentes en la búsqueda de un mundo mas digno y fraterno, como hizo el Cardenal Carlo Maria Martini al abrirse, en hermoso diálogo epistolar, con el escritor Umberto Eco en el libro ¿En que creen los que no creen?. Dom Helder con la mirada puesta en el Ecumenismo había declarado años antes:
«Discúlpenme si di la impresión de que sólo los creyentes, los cristianos pueden trabajar por un mundo mejor. De ninguna manera pienso eso. Cuando miro a mi alrededor veo que no todos los que se dicen creyentes tienen verdadera esperanza de paz, justicia, felicidad para los hombres, y que muchos de aquellos que no creen en nada, que ni siquiera reconocen la existencia de Dios, están dispuestos a participar en los combates de la esperanza sin temor a poner sus vidas en juego. Bien imagino la sorpresa que tendrán muchos cuando se den cuenta que el Señor dice a aquellos que sin conocerle, o reconocerle, vivieron la fraternidad universal: 'Os agradezco por haberme acogido, tratado, vestido y alimentado, defendido y amparado contra la injusticia'. Muchos cristianos, muchos católicos se sorprenderán al constatar que no son los únicos invitados a entrar en la casa del Padre, pues el Corazón del Padre es mucho más amplio que los registros de todas las parroquias del mundo, y el Espíritu sopla en todas direcciones, incluso en aquellas donde los pies del misionero nunca se han posado».
* En días de angustia, como estos de ahora en que nos sentimos impotentes ante el 'holocausto de los palestinos', por la furia israelita sobre Gaza, sin perdonar a niños, mujeres ni ancianos, Dom Helder decía:
«Por más que el hombre avance en la ciencia y la técnica, mientras haya guerras en el mundo daremos un triste testimonio de falta de madurez espiritual».
* Dom Helder Câmara fue al encuentro del Señor el día 28 de agosto de 1999 a los 90 años de edad. Para él ya no hay más misterios o dudas. Para nosotros quedó la certeza de una vida dedicada en plenitud al amor, a la humildad y a la fe. En febrero del año pasado, la Comisión Nacional de Presbíteros, vinculada a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), dirigió a la Congregación para la causa de los Santos la petición de beatificación de dom Helder Pessoa Câmara.
En su desierto nacieron flores.
Eugenio Mattos Viola - Adital, 7 de febrero de 2009
Cuando hace ya casi cuatro años, los cardenales de todo el mundo se congregaron para elegir al sucesor de Juan Pablo II, la mayoría de ellos no tuvo suficientemente en cuenta hacia dónde rumbeaba la historia de la humanidad. A la sombra del enorme pontificado del Papa polaco, optaron por un hombre intelectualmente brillante, la mano derecha de Karol Wojtyla, pero de convicciones aún más conservadoras, que colisionaban con los muchos que, dentro y fuera de la Iglesia, soñaban –tras un largo y férreo papado--con un nuevo Juan XXIII, que volviera a aggionar al catolicismo, sin traicionar su esencia.
Acaso arrinconados por las duras –y, con frecuencia, injustas-- críticas de los sectores más anticlericales de la sociedad post moderna hacia la Iglesia, los cardenales decidieron abroquelarse y apostar a un hombre que saliera a presentar batalla.
Que frente a la "dictadura del relativismo", contrapusiera sin vergüenza los grandes principios morales y religiosos. Que ante las propuestas de una vida religiosa light, mostrara que la religión es exigente Un hombre, en fin, que no cediera a las presiones modernosas y ratificara, sin cortapisas, la doctrina católica macerada en una larga tradición de dos mil años.
Es cierto que el colegio cardenalicio no contaba con otra figura tan respetada como Ratzinger, sobre todo porque muchos de sus miembros –nombrados por Juan Pablo II—estaban cerca de su pensamiento.
En los días previos al cónclave, los analistas más agudos decían que, o se elegía al alemán, o se iba a varios días de votaciones, sometiéndose a la Iglesia a un desgaste frente al mundo, al enviar la señal de que no había acuerdo.
Falta de otro candidato de peso, temor a una mala imagen, los cardenales optaron por "lo seguro" y eligieron a Ratzinger en la tercera votación.Pero, a poco de andar, empezaron los problemas.
El perfil conservador del Papa comenzó a chocar con un mundo poco afecto a las posiciones más dogmáticas, que requiere de mucho diálogo y comprensión.
De una gran cintura política. Es cierto que Ratzinger puede -y le gusta- confrontar sus ideas con los intelectuales más brillantes y salir bien parado, pero a la hora de conducir la barca de Pedro, la reafirmación de sus concepciones conservadoras son anticipo de cortocircuitos.
¿Debe cambiar su modo de pensar? No, debe expresarlo de manera distinta.El problema central es que el Papa no sólo no es afecto al aggionamiento de la Iglesia, sino que cree que el Concilio Vaticano II -la gran asamblea que en los '60 modernizó al catolicismo- fue interpretado incorrectamente por muchos católicos.
Para Ratzinger, no pocos creyeron que con el concilio prácticamente arrancaba una nueva Iglesia, lo cuál significaba, en los hechos, una ruptura con casi 20 siglos de historia. Por eso, puso un gran énfasis en subrayar una continuidad que supone limar todo aquello que parezca interrupción.
El caso de la misa en latín es emblemático. Benedicto XVI consideró que no podía dejarse de lado una liturgia tan antigua. Liberó, entonces, su celebración para todo aquel que quisiera optar por ella, en vez de empeñarse ante la poca asistencia al culto. Llegó a pedir que el saludo de la paz no sea tan efusivo para no distraer el oficio.
Lo cierto es que, casi dos años después de su decisión, el número de misas en latín es mínimo. Y la necesidad de atraer fieles al templo sigue tan vigente como en aquel momento.
Los esfuerzos por atraer a los lefebvristas parecen seguir la misma lógica contraria a la lectura rupturista del concilio.
Si el obispo francés Marcel Lefebvre y los suyos se fueron en la Iglesia por oponerse a los dictados de esa asamblea, bien podrían reconsiderar volver si comprenden que la tradición de la Iglesia se mantiene sin cortapisas. De hecho, la decisión de Benedicto XVI de liberar la misa en latín fue hecha, entre otras cosas, pensando en facilitar la vuelta de los lefebvristas a la Iglesia.
Pero, en un mundo que sigue raudo su marcha, con aciertos y errores, los intentos por rescatar un pasado que ya fue tienen tantos riesgos como los saltos irreponsables hacia el futuro. Al meterse con una comunidad ultraconservadora, Ratzinger tropezó con todos los fantasmas de mentes cerradas a los cambios del mundo, sus actitudes dogmáticas y prejuicios, comenzando por la negación del Holocausto.
¿Era necesario correr semejante riesgo con un grupo tan marginal? Nadie sensato dentro de la Iglesia espera una revolución que haga tabla rasa con una sólida doctrina de más de 2000 años, pero son muchos los que esperan que sus líderes, con el Papa a la cabeza, salgan al encuentro de un futuro desafiante que exige no añorar tanto lo que fue, sino atreverse a soñar lo que será.
El nuevo arzobispo de salvadoreño; exhortó a los grupos ideológicos y políticos que dejen de atacar o de enarbolar al fallecido obispo. Llamó a que la devoción hacia él sea mayor. Oscar Romero, asesinado en 1980, fue y es un ícono de la lucha social.
El nuevo arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, pidió este domingo dejar de atacar a la figura del extinto obispo Oscar Arnulfo Romero, y de enarbolarlo con fines políticos, para que avance el proceso de canonización que realiza el Vaticano.
En su primera conferencia de prensa, luego de tomar el sábado posesión del cargo de jefe de la Iglesia católica de San Salvador, Escobar recordó que el proceso requiere de un ambiente tranquilo para poder estudiar las enseñanzas y virtudes de la persona. "Yo soy de esos sacerdotes que esperamos que se canonice pronto", dijo.
Según el religioso, el llamado no busca señalar a nadie, pero indicó que cualquier agrupación que utilice su figura como "una bandera, como un símbolo o como una identidad de su grupo, no abona al proceso de canonización". Aclaró que el proceso de canonización incluye "un examen exhaustivo de la persona que se está canonizando con todas sus enseñanzas y todas sus obras, sus virtudes" por lo que es importante que la figura no sea utilizada para cuestiones políticas.
Explicó que lo más importante para que avance la canonización es invocar a Romero, así como dar a conocer ante el Vaticano las gracias que concede la intercesión del religioso. Precisó que en El Salvador existe una oficina que recoge todos los testimonios de milagros y los envía al Vaticano, lo cual, dijo, sí cuenta para el avance de su reconocimiento como santo.
En ese sentido, el arzobispo indicó que aunque la devoción al religioso es indiscutible en este país, pidió que ésta sea mucho mayor para ayudar al proceso iniciado en 1992. Un santo y una figura política Romero, quien fue arzobispo de San Salvador, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un francotirador de la derecha salvadoreña en el momento en que oficiaba misa.
El asesino formaba parte de un escuadrón armado que supuestamente actuó por órdenes de Roberto d'Aubuisson, el fundador del gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA, derecha). Escobar Alas, durante la homilía de su toma de posesión, recordó al arzobispo Romero como el "mártir quien tuvo la dicha de unir su sangre a la de Cristo en la celebración de la santísima eucaristía, sellando de esta manera el hermoso ejemplo de santidad de toda su vida".
Agregó que tener un santo salvadoreño "sería la más grande dicha de la Iglesia de este país y la más grande bendición que pudiésemos tener". El crimen de Romero fue uno de los hechos que desataron la guerra civil que enfrentó la nación entre 1980 y 1992.
El religioso denunciaba en sus homilías la injusticia, la represión y la pobreza que vivían la mayoría de salvadoreños en la época previa al conflicto armado. Por esto, Romero continúa siendo un ícono de la lucha social en el país.
Su figura es recordada a cada momento, sobre todo, por agrupaciones de la oposición, de movimientos sociales, religiosos, guerrilleros y civiles del país, aunque en sectores del actual gobierno y de la derecha de este país les incomoda su recuerdo.
Cuánta falta hacen estos verdaderos HOMBRES, así con todas las letras y con mayúsculas, tanto nos envuelven las tinieblas de la corrupción en nuestros países en que a los funcionarios solo les importa llenarse los bolsillos aún a costa de undir en la desolación a nuestros pueblos, deseo rescatar esta carta de un Dr, de un ser humano y de un alma que habla al mundo......
(Del Dr. René Favaloro/ julio 29-2000 -14,30 hs.)
"Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces. Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Güemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles.
Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo.
En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.
La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).
Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.
Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.
A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.
Este era nuestro único contacto.
A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular.
Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.
La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza).
Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno!
Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.
Lo mismo ocurre con el Pami. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.
Valga un solo ejemplo: el Pami tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente) .
Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.
El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno.
Los mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.
Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más ! ¿De dónde proviene este infundio ?. Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. 'Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo ?'. 'Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe'. El cirujano 'de real valor' además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!
Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las 'indicaciones' de su cardiólogo. '¿Doctor, usted sigue operando?' y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.
Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.
Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna 'lecture' de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el 'sistema' y el dinero es lo que más les interesa.
La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios.
Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter echo, camara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos.
No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle 'la operación económica' y entregará el sobre correspondiente !.
La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir 'no hay camas disponibles' .
Nuestro juramento médico lo impide.
Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.
En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.
Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando.
Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica! ) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta.
¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?
Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.
La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic, le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!
Sin duda la lucha ha sido muy desigual.
El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.
Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al 'sistema'.
Sí al retorno, sí al ana-ana. (N de R: "mitad y mitad").
'Pondremos gente a organizar todo'. Hay 'especialistas' que saben como hacerlo. 'Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás enterado'. 'Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación'
¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!
En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: 'a mí no me ha derrotado nadie'. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.
'¡La leyenda, la leyenda!'
Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga.
Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.
Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.
No puedo cambiar.
No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.
No se hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano.
Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.
En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.
En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.
A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.
Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa. Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.
Esta entrada la acabo de robar de un blog muy lindo que tiene Ricardo, "ser sal de la tierra", para todos aquellos que nos dedicamos a convivir en las calles con estos duendecillos; nos cala muy hondo este poema, gracias Ricardo por hacernos recordar que en este momento...
hay un niño en la calle. Le digo amor, me digo, recuerdo que yo andaba con las primeras luces de mi sangre, vendiendo un oscura vergüenza, la historia, el tiempo, diarios, porque es cuando recuerdo también las presidencias, urgentes abogados, conservadores, asco, cuando subo a la vida juntando la inocencia, mi niñez triturada por escasos centavos, por la cantidad mínima de pagar la estadía como un vagón de carga y saber que a esta hora mi madre está esperando, quiero decir, la madre del niño innumerable que sale y nos pregunta con su rostro de madre: qué han hecho de la vida, dónde pondré la sangre, qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.
Es honra de los hombres proteger lo que crece, cuidar que no haya infancia dispersa por las calles, evitar que naufrague su corazón de barco, su increíble aventura de pan y chocolate, transitar sus países de bandidos y tesoros poniéndole una estrella en el sitio del hambre, de otro modo es inútil ensayar en la tierra la alegría y el canto, de otro modo es absurdo porque de nada vale si hay un niño en la calle.
Dónde andarán los niños que venian conmigo ganándose la vida por los cuatro costados, porque en este camino de lo hostíl ferozmente
cayó el Toto de frente con su poquita sangre, con sus ropas de fé, su dolor a pedazos y ahora necesito saber cuáles sonríen mi canción necesita saber si se han salvado, porque sino es inutil mi juventud de música y ha de dolerme mucho la primavera este año.
Importan dos maneras de concebir el mundo, Una, salvarse solo, arrojar ciegamente los demás de la balsa y la otra, un destino de salvarse con todos, comprometer la vida hasta el último náufrago, no dormir esta noche si hay un niño en la calle.
Exactamente ahora, si llueve en las ciudades, si desciende la niebla como un sapo del aire y el viento no es ninguna canción en las ventanas, no debe andar el mundo con el amor descalzo enarbolando un diario como un ala en la mano, trepándose a los trenes, canjeándonos la risa, golpeándonos el pecho con un ala cansada, no debe andar la vida, recién nacida, a precio, la niñez, arriesgada a una estrecha ganancia, porque entonces las manos son dos fardos inútiles y el corazón, apenas una mala palabra.
Cuando uno anda en los pueblos del país o va en trenes por su geografía de silencio, la patria sale a mirar al hombre con los niños desnudos y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre que historia les concierne, qué lugar en el mapa, porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra
la espalda escandalosa de las grandes ciudades nutriéndose de trigo, vides, cañaverales donde el azúcar sube como un junco en el aire, uno encuentra la gente, los jornales escasos, una sorda tarea de madres con horarios y padres silenciosos molidos en la fábricas, hay días que uno andando de madrugada encuentra la intemperie dormida con un niño en los brazos.
Y uno recuerda nombres, anécdotas, señores que en París han bebido por la antigua belleza de Dios, sobre la balsa en donde han sorprendido la soledad de frente y la índole triste del hombre solitario, en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian de amantes esta noche, de médico esta tarde, porque el tedio que llevan ya no cabe en el mundo y ellos son los accionistas de los niños descalzos.
Ellos han olvidado que hay un niño en la calle, que hay millones de niños que viven en la calle y multitud de niños que crecen en la calle.
A esta hora, exactamente, hay un niño creciendo.
Yo lo veo apretando su corazón pequeño, mirándonos a todos con sus ojos de fábula, viene, sube hacia el hombre acumulando cosas, un relámpago trunco le cruza la mirada, porque nadie proteje esa vida que crece y el amor se ha perdido como un niño en la calle...
Armando Tejada Gómez poeta argentino
No hay esfuerzo suficiente, no hay vida que no se deba arriesgar y dar alegremente por rescatar a un niño en peligro.-Un Dios todo misericordia y bondad quiso hacerse un frágil Niño en brazos de su Madre para la Salvación de toda la humanidad.-Quiera el Espíritu de Jesús abrirnos el corazón para darnos cuenta que todos los niños son nuestros hijos. Porque es un error aquello de que "la niñez es el futuro".No, señores.Se trata de Cristo.Los niños deben ser nuestro presente; en ellos, especial y preferentemente en ellos está la Mirada amorosa de un Dios que nunca dejará de buscarnos.Amén Paz y Bien- Ricardo
Si hubiera que darle un nombre a lo monástico entendido como un ingrediente o un matiz de la identidad humana, yo lo llamaría ritmo. El monje, que todo ser humano ES, aspira a que su vida tenga el ritmo de Dios. La Verdad hecha carne no puede ser otra cosa que ritmo.
El Diccionario de la Lengua Española da cuatro definiciones de ritmo:
1. Orden al que se sujeta la sucesión de los sonidos en la música.
2. Ordenación armoniosa y regular, basada en los acentos y el número de sílabas, que puede establecerse en el lenguaje.
3. Orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas.
4. Velocidad a que se desarrolla algo.
Todo aquello que «no es verdad» no es otra cosa que una distorsión del ritmo. Pero esto no quiere decir que exista un ritmo ideal e inamovible al cual todo lo que suceda deba sujetarse mecánica o moralistamente. Afirmar que Dios es ritmo es sólo una forma de afirmar que Dios es silencio porque la interpretación simultanea de todos los ritmos posibles (es decir, lo que hace Dios: música) va más allá de cualquier posibilidad humana de percepción, nos desborda por completo. Y frente al silencio no nos queda otra que obedecer aquello que se nos revela. Una de las revelaciones del orden al que se sujeta la sucesión de los sonidos de la música divina es Jesús de Nazaret: una ordenación armoniosa y regular, basada en los acentos… que puede establecerse en el lenguaje. Obedecer lo que se nos revela en Jesús de Nazaret es darle a nuestra vida un orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas: imprimirle la velocidad pertinente (verdadera) a nuestro propio desarrollo. La verdad no es una imposición desde afuera, es la revelación de lo que sucede adentro, una manifestación, una epifanía, una interpretación musical de identidad.
«En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: "Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte". El les respondió: "Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado. Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste! Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».
(Lucas 13,31-35)
Ante el avance de la muerte que lo quiere copar, los colmillos del zorro, el monje Jesús de Nazaret afirma su propio ritmo: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado. Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén. Con su ritmo, que es su manera de hacer vida, lo que defiende es el lugar en que «debe» morir: Jerusalén, precisamente aquel que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. Y debe morir allí para ser eficaz, para que su fracaso humano, su imposibilidad de reunir bajo sus alas a los pollitos, haga que la casa les quede vacía, es decir, desencadene un ritmo que anticipe ese día (que vendrá después pero que ya sucede) en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Quien sabe vivir al ritmo que le permite morir en el lugar en que «debe» morir, aunque experimente la frustración y el vacío cosecha bendiciones. Es lo que nos envía a que vayamos a decirle al zorro, nuestro propio camino hacia Jerusalén. Un anuncio musical.
El monje, mediante su fidelidad al ritmo que le revela Jesús de Nazaret, siendo dócil al orden al que se sujeta la sucesión de los sonidos en la música que se le da, escoge todos los acentos, interpreta todas las posibilidades musicales: hace silencio, es eco de Dios.
El desarrollo inarmónico y desacompasado de lo humano genera ritmos aparentes. Es una manera de afirmar que en realidad niega.
«Disparos sobre una idea», como dice Benjamín Constant del ingenio. Efectivamente, el ingenio mata la idea, el problema, la pregunta. Es la costumbre más nefasta que se pueda adquirir. Hay un automatismo del ingenio del que hay que huir como de la peste y del que es necesario curarse si uno llega a contraerlo. El ingenio es una debilidad, sobre todo cuando es premeditado, quiero decir, explotado. (A. Artaud).
El ingenio que no está en sintonía con el modo de hacer de Dios no genera música sino ruido, interferencia, es la costumbre más nefasta que se pueda adquirir.
Ese automatismo del ingenio que es el sustento dinámico del tumor que hoy se llama «civilización» es la enfermedad de la que el monje intenta curarse. Sabe que en el orden del espíritu, cualquier producción hecha sin necesidad es un pecado contra el espíritu (A. Artaud), por eso se impone un ritmo dentro del cual todo lo que hace responde exclusivamente a una necesidad espiritual. No cede ante su propia debilidad explotándose a si mismo en el sentido del tumor, se niega a ser cómplice. La única premeditación que acepta es la de la revelación que se le hace. Vive sólo el afán de cada día porque sabe que el resto es añadidura.Es así como su ser genera el vacío que preña la realidad con la espera de la bendición. Así reúne a los hijos de Jerusalén como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos.
El monje opta por ser bendición, es el motivo de su obediencia. Su ser es un vacío disponible dentro del cual Dios vuelve a tejer una sucesión armónica que tiene consecuencias «inesperadas» sobre la realidad. Es así como construye, negándose a matar la idea, el problema, la pregunta. Por eso R. Panikkar puede afirmar que Quizá los nuevos monasterios deberían ser centros donde se estudie y se cultive la verdadera “construcción” del mundo… realizando… un estudio contemplativo o una aproximación profunda a los problemas, de modo que no se consideren como simples cuestiones técnicas o como simples datos informativos, científicos o logísticos. Los dilemas globales de hoy no están sujetos a soluciones inmediatas o técnicas. El silencio del monje no es huida ni claudicación, es un estudio contemplativo, una aproximación profunda a los problemas, una forma de buscar soluciones sin considerar los dilemas globales de hoy como simples cuestiones técnicas o simples datos informativos, científicos o logísticos.
Y continúa Panikkar: aquí me siento impulsado a hacer una propuesta concreta… Va en contra de mi estilo, porque la historia demuestra que las cuestiones de este calibre no pueden ser resueltas organizando comisiones, sino más bien con el esfuerzo y la experiencia de unas pocas almas valientes. Quisiera transmitir la urgencia de construir una comisión o un grupo, o un simposio sobre la formación monástica en nuestro mundo contemporáneo. Esto podría quizá crear la atmósfera propicia para que se produzca un cambio más existencial. El tiempo no puede estar ya más maduro.
Más que la formación monástica en nuestro mundo contemporáneo, habría que decir la formación monástica del mundo contemporáneo.
El esfuerzo y la experiencia de esas pocas almas valientes ya está convocando a ese simposio sobre la formación monástica en (de) nuestro mundo contemporáneo. La madurez del tiempo así lo impone. Se nos ha encomendado la responsabilidad de crear la atmósfera propicia para que se produzca un cambio más existencial, somos los anfitriones.
… en estos principios entiendo está todo el bien para lo de adelante; porque como hallan el camino, por él se van las de después.
Santa Teresa de Jesús
Desde un punto de vista objetivo, vivimos un tiempo y unas circunstancias en las que apenas si alcanzaremos a ocuparnos de (nuevamente) principiar. No somos gente que vaya a ver lo de adelante. El camino que seamos capaces de construir sólo lo notarán quienes vengan después. Es lo que una lectura mesurada y objetiva de los datos que se nos imponen nos dice que debemos esperar. Sin embargo, hacer camino, así sea uno que por ahora tenga mucho de invisible, implica tomar opciones concretas cada día, y en tiempos tan confusos es imposible predecir qué desarrollo y qué resonancia inmediata pueden tener esas opciones. Por ahí puede resultar que somos una generación destinada, en contra de todas sus evidencias, a ver el florecimiento de lo inesperado. Es objetivo, irónicamente objetivo, permanecer abiertos también a esa posibilidad.
Éste es el pentagrama sobre el cual La Fraternidad Monástica del Sagrado Corazón tiene que ir colgando las notas de su propio aporte, en comunión con el gran desplazamiento espiritual que vive la humanidad y siendo fieles a las opciones que definen su identidad y vocación particular y que le permitirán principiar como estamos llamados a hacerlo. Tenemos que ir generando una familia espiritual muy amplia, capaz de darle abrigo y alimento a una gran diversidad, pero capaz también de realizar fielmente todos los desplazamientos que ese principio -que no nos inventamos nosotros sino que nos es dado- nos señale como necesarios e innegociables. En la práctica significa ser blandos y rígidos al mismo tiempo.
Lo que se nos ha dado y de lo cual somos responsables, es una semilla. Nadie ha visto todavía cuál será la forma que tendrá esa planta, por eso, después de haber sembrado nos toca estar muy atentos a todo lo que brote del terreno porque no sabemos cuáles son los cuidados necesarios para llegar hasta el fruto. A medida que crece tenemos que ir aprendiendo con ella, pero anticipándonos el mínimo suficiente y tomando previsiones para que los cambios inevitables del clima no la aplasten antes de que tenga un tamaño y una fuerza interna que le permitan defenderse sola. Quizá sea un tipo de planta que germina fácilmente pero de la cual sólo están llamados a sobrevivir los brotes más fuertes, o puede ser lo contrario, un tipo de cultivo destinado a producir rápido e intensivamente. No podemos instalarnos en nuestros propios gustos y expectativas porque nos haríamos muy lentos para acoger las sorpresas y novedades que nos salgan al paso, pero tampoco podemos olvidar que es en nuestro Ser más profundo donde reside la respuesta que Dios espera de nosotros. No nos va a exigir lo que no somos, pero tampoco estamos seguros de saber lo que realmente somos.
Sin embargo, tal parece que sólo después de pasar (minuciosamente) por la muerte somos capaces de entender que la única salida es caminar juntos. Es lo que la historia nos señala. Sea como sea las cosas deben hacerse a «nuestra» manera. Todo medio para conseguir ese fin está justificado. Al otro lado piensan lo mismo y usan los mismos medios justificándolos con sus propios argumentos. Conclusión: uno de los dos debe morir. Pero como ninguno de los dos muere, el sufrimiento, la destrucción y la muerte se extienden a su antojo. No hay sino una manera eficaz de hacer opción por los pobres: haciendo opción por eso más grande que es lo único capaz de disolver la limitación humana: la misericordia.Eficacia en los términos más concretos socioeconómicos y políticos. Para que los pobres mejoren lo que ponen en su plato cada día lo que hace falta no es ser más luchadores sino más «grandes». Es el camino de Jesús de Nazaret. O todo y todos avanzamos, o nada y ninguno avanza. Es el gran dilema que, también como monjes, nos corresponde enfrentar hoy.
¿En qué consiste ser «grande»? En no distraerse. El problema son las distracciones. Si cada ser humano permaneciera en «su» lugar, si no cediera a la tentación de ocupar otros lugares que no le corresponden, reinarían el orden y la armonía.
Cesaría la muerte. Nuestro paso obligado por la muerte es el camino hacia la toma de posesión de nuestro lugar. Cada uno de nosotros va a morir todas las veces que le hagan falta hasta cumplir ese objetivo. En eso consiste vivir. Lo único que existe es la vida, la muerte no es más que un síntoma de desorden.
Cuando Jesús decide callarse y no toma el camino de la lucha, de la resistencia, lo que hace es permanecer en su lugar. Las consecuencias que los otros le obligan a cargar por ello, la cruz, son el resultado de su ignorancia: no saben lo que hacen. El que se deja manipular por la ignorancia de los demás, se distrae, parece que reacciona, que lucha, podría tener argumentos para defenderse, pero en realidad lo que hace es ceder al desorden, permitir que la muerte suceda y le suceda.
La medida de la fidelidad al propio lugar, es decir, la medida de la propia grandeza (de la propia santidad) es la que determina nuestra capacidad real de construir, de hacer vida. Ser «grandes» (ser santos) en un mundo habitado por seres que en su mayoría no saben lo que hacen, implica ser capaces de cargar con las consecuencias de un desencuentro permanente: cargar con la cruz. No es un asunto de coraje, es un asunto de lucidez espiritual, de fidelidad al propio lugar. Es así como vivimos nuestra ciudadanía espiritual en Jerusalén.
Estamos en un mundo que es menester pensar lo que pueden pensar de nosotros para que hagan efecto nuestras palabras.
Teresa de Jesús
¡Ay Teresa, qué cosas dices! Entonces hay que lograr que lo que puedan pensar de nosotros sea lo «necesario», según la situación y los interlocutores, para que hagan efecto nuestras palabras. He ahí la necesidad de que nuestro lenguaje espiritual tenga los acentos necesarios para que lo que anunciamos haga efecto. Quien convence es el Ser, y un Ser es una determinada acentuación. En el imperio de los disfraces, de las manipulaciones mediáticas, no nos queda otra que ser capaces de pasar, con nuestro ser, por encima de los ropajes del otro, para establecer comunicación con su ser, porque sólo a ese nivel se puede dar un verdadero diálogo.
Eso quiere decir que se puede dar perfectamente el caso de estar comunicándonos muy profundamente con otro que cree o piensa que no se está comunicando con nosotros, o incluso que somos sus enemigos. No sabemos en quién nuestras palabras harán efecto realmente, es decir, no serán sólo intercambio de ropajes, de apariencias, sino sacramento, comunión. Y muchos de quienes creen o piensan estarse comunicando porque usan entre ellos muchas palabras, pueden estar en realidad a años luz de encontrarse. Nunca se sabe con quien uno se está realmente comunicando porque las resonancias y sintonías que surgen entre los diferentes acentos, entre los diferentes seres, se nos escapan.
Por eso, cuando lo interpelan diciéndole: -Oye, tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablar contigo, Él contestó: ¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que pone por obra el designio de mi Padre del cielo, ése es hermano mío y hermana y madre (Mat. 12, 47-50).
Es una corrección espiritual de formas. Hacer la voluntad de Dios es lo que nos permite la manifestación real de nuestro ser. Por eso sólo quienes hacen la voluntad de Dios son dueños de su ser y pueden establecer comunicación, aunque en el plano de las apariencias humanas no den señales de estarse comunicando. Es a ese nivel que se desarrollan nuestros verdaderos parentescos, que hacemos parte de una «familia». Por eso, a pesar de que en esa circunstancia concreta pareciera que la comunicación entre Jesús y su madre se cuestionara, incluso que se rompiera, nadie como ellos estaban en una más plena comunicación en el sentido de que ponían por obra, fielmente, el designio del Padre sobre cada uno. Son técnicas monásticas, contemplativas, de comunicación, que como anfitriones de ese simposio tenemos que saber utilizar.