1. EL SILENCIO DE LA VIDA. ELA PRIORI DE LA EXPERIENCIA.
El carácter inmediato de lo urgente muchas veces nos impide atender, percibir y considerar lo importante. En el fondo se trata de la tensión entre la praxis y la teoría. Nos lanzamos a una falsa praxis si lo urgente es importante; lo urgente puede entonces esperar y no vale la pena. Nos enfrascamos en una falsa teoría si lo importante no es urgente; lo importante es entonces una mera abstracción. Yo definiría la prudencia como la conjugación armoniosa entre lo urgente (función del tiempo) y lo importante (función del peso). El arte de saber combinar la urgencia con la importancia es una de las condiciones de la sabiduría, una de las condiciones del bien vivir.
Si por un momento nos olvidáramos de que somos profesores, albañiles, ejecutivos, etc.; si nos olvidáramos de que somos cristianos -y hasta seres humanos-, propiciaríamos con ello la apertura a una conciencia de la Realidad de la cual podemos hacernos portavoces.. Para ello debemos despojarnos, desasirnos, de todo el conjunto de atributos que, si bien conforman nuestra personalidad al identificar aquello que nosotros somos exclusivamente con ellos, nos limitan y, a menudo, nos asfixian.
El silencio de la Vida no es la vida del silencio: la vida silenciosa de los monjes, la del yermo. La vida del silencio es importante y necesaria para cumplir con nuestros objetivos, para proyectar nuestras acciones, para el cultivo de nuestras relaciones, etc., pero no es el silencio de la Vida. El silencio de la Vida es aquel arte de saber silenciar las actividades de la vida que no son vida para llegar a la experiencia pura de la Vida.
Nosotros, con frecuencia, identificamos la vida con las actividades de la vida e identificamos nuestro ser con nuestros pensamientos, sentimientos, deseos, voluntad, con todo cuando hacemos y tenemos. Instrumentalizamos nuestra vida olvidando que es un fin en sí misma. Inmersos, atareados, en las actividades de la vida, perdemos la facultad de escuchar; sólo aprendemos o dialogamos. El habla es el Logos. La escucha es el Espíritu. Y nos enajenamos de nuestra misma fuente: el Silencio, el NoSer, Dios.
El silencio asoma en el momento en que estamos situados en la fuente misma del ser; la fuente del ser no es el ser, sino "la fuente" de ser -el ser ya está de este lado de la cortina-. Este locus previo, anterior, originante, es el silencio de la vida. Diciéndolo en términos cristianos: "Yo he venido para que tengan vida y vida abundante " (Jn 10,10). Entrar en el silencio no es una huida del mundo, una dicotomía entre lo esencial y lo relativo. Es descubrir que lo esencial sólo es esencial porque estoy hablando desde lo relativo; y lo relativo sólo es relativo porque descubro que existe una relación que me permite estar en silencio desde el punto de vista esencial.
No se trata de restarle importancia a las actividades de la vida. Sin comer, ciertamente, no se puede vivir; tampoco sin pensar, sin sentir, sin amar. Más arriba hablé del denominado Tercer Ojo, de este tercer órgano o facultad, que nos abre a una Realidad que transciende el conocimiento que podamos adquirir a través de la mente y los sentidos. Sin un silencio de los sentidos y de la mente esta facultad permanece atrofiada y entonces la vida -la experiencia de la vida, previa a su expresión en diferentes actividades: la vida en su profundidad-, se nos escapa; el vinculo con el mundo latente se nos esconde, la participación en la plenitud cósmica -junto con dioses y demonios- nos pasa inadvertida. Entonces nuestras vidas, privadas de su fuente, se tornan pobres, tristes, mediocres. Para adormecer, para vencer esta miseria, recurrimos a una multitud de cosas que la endulcoren, que la enriquezcan, que le den un sentido, una relevancia, una dignidad. Y nos identificamos con esta multitud de cosas. Y nos agotamos en esta actividad incesante. Y nos olvidamos que da mayor gloria a Dios la flor, el lirio (Mt 6,28), el pajarillo (Mt 6,26) que todos nuestros afanes, prisas y carreras.
2. FRAGMENTOS EN TORNO A LA EXPERIENCIA DE DIOS
Filosóficamente y teológicamente cualquier experiencia de Dios es idolatría. Hay algo blasfemo en toda teodicea y en toda apologética. Querer justificar a Dios, probarle, significa colocarnos nosotros como el fundamente mismo de Dios. Se trata, en última instancia, del primado del pensar sobre el ser, que caracteriza al pensamiento occidental desde Parménides.
La experiencia de Dios no puede ser monopolizada por ninguna religión, por ninguna cultura, por ningún sistema de pensamiento. La experiencia de Dios, en tanto que experiencia de lo divino, es una experiencia no sólo posible, sino también necesaria para que todo ser humano llegue a la conciencia de su propia identidad. El ser humano es plenamente ser humano si hace la experiencia de lo divino; si no, no llega todavía a integrarse en lo humano.
La experiencia de Dios no es experiencia de nada, ni siguiera experiencia de nadie. Tanto la tradición Cristiana -desde Dioinisio Aeropagita hasta Thomas Merton-, como la mayoría de las tradiciones religiosas de la humanidad, nos han venido diciendo que de Dios no se puede saber nada. "Bienaventurado aquel que ha llegado a la ignorancia infinita", dijo aquel gran genio del mundo cristiano que fue Evagrio Póntico. "Agnosía": ignorancia, desconocimiento total. En el Katha Upanishad II,3 se nos remite a la misma experiencia.
La experiencia de Dios es, si se quiere, experiencia de nada; no hay un objeto "Dios" que se experimente. Es experiencia de la nada, experiencia de no inefable, experiencia de lo inexperimentable. Es aquella experiencia en la que se experimenta que la propia experiencia no agota el fondo de ninguna realidad. Es la experiencia del vacío, de la ausencia; la experiencia por la cual uno se hace consciente de que hay "algo mas", no en el orden cuantitativo no en el sentido de un algo que se complete, sino en el orden cualitativo: algo, "algo más", precisamente aquello que permite, que hace posible la experiencia. El lugar. El locus.
La experiencia de Dios no es una experiencia especial, no es una experiencia especializada. Cuando queremos hacer la experiencia de Dios, cuando queremos hacer cualquier experiencia, inevitablemente la deformamos, inevitablemente se nos escapa. Sin los lazos que nos unen con toda la Realidad yo no puedo tener experiencia de Dios. Es en la experiencia del comer, del beber, del dormir, del amar, del trabajar, del estar con uno, de darle un buen consejo, de dar un mal paso, etc., donde hay experiencia de Dios. La experiencia de Dios -ya lo he dicho- no es experiencia de nada: es la pura experiencia, es precisamente la contingencia de estar con, de vivir con, porque yo no soy, no puedo ser un ser aislado.
La experiencia de Dios es la raíz máxima de toda experiencia. Es la experiencia en profundidad de todas y cada una de las experiencias humanas: del amigo, de la palabra, de la conversación. Es la experiencia concomitante a toda experiencia humana: Dolor, belleza, placer, bondad, angustia, frío... Concomitante a toda experiencia en tanto que nos descubre una dimensión de infinito, nofinito, noacabado. Concomitante a toda experiencia y, por tanto, no susceptible de ser completamente expresada, comunicada en cualquier idea, pensamiento, sentimiento o sensación que uno quisiera transmitir.
La experiencia de Dios en términos cristianos, coincide con la experiencia de la contingencia, cuya palabra misma -cum tangera- ya es sugerente; tocar la tangente. Es en el reconocimiento de los propios límites donde uno se torna consciente, donde se propicia la apertura, donde se percibe que hay algo "más", "más allá", algo que supera, que escapa de los propios límites, que trasciende toda limitación. Es tan sencilla, en el fondo, esta experiencia que cuando la queremos explicar, la complicamos, la deformamos.
Es al contacto con la contingencia donde se descubre, precisamente, lo Otro, la Nada, el Vacío, la Vacuidad. Para citar el Eclesiastes: "Todo es vanidad" (Qoh 1,2): vanidad, vanitas, vacio, vacuus. Para comprender que todo es vanidad hemos debido darnos cuenta previamente de que todo está vacío. Es en la experiencia de Dios donde este darnos cuenta se nos da. Esta experiencia, que no puede ser -lo hemos dicho- una experiencia especializada, requiere nuestro entero ser y nuestro ser entero:
- nuestro ser entero: si no estamos integrados, si todavía nuestra experiencia va por un lado y nuestro cuerpo por otro, si los sentimientos nos inclinan hacia aquí y los deseos nos inclinan hacia allá nuestra experiencia de Dios estar tan deformada que apenas si podremos llamarla "experiencia de Dios".
El requisito indispensable para acoger la experiencia de Dios es que nuestro ser entero esté integrado, consagrado, abierto, dispuesto a reconocer el misterio divino. Si nuestro ser entero no ha sido integrado, cualquier experiencia que surja apareceré necesariamente, deformada. La experiencia china lo dice con una metáfora sencilla. "Cuando el gong est bien forjado, golpees donde golpees, pegues donde pegues, sonar siempre con un sonido armónico extraordinario". De la misma manera que el gong, cuando la persona está integrada, "bien forjada", reciba el golpe que reciba, transmitir siempre una vibración armónica.
Si yo no estoy unificado, no debería hablar de algo que, precisamente está en la cúspide de toda experiencia humana. De esto tendríamos que convencernos: todo discurso, toda teología, toda palabra de la que esta experiencia es tá ausente, no es más que palabrería, un mero repetir lo que nos han dicho, lo que hemos memorizado, lo que no sabemos.
La experiencia de Dios no es una experiencia del "yo". La experiencia de lo divino es la experiencia del ser mismo y no la experiencia del homo, de la inteligencia. En el fondo es la experiencia mística, la experiencia de la profundidad en la que descubro a Dios. No descubro tal cosa, seres distintos; descubro la dimensión de profundidad, de infinito, de libertad que hay en todo y en todos. Por eso una de las cosas que la experiencia de Dios confiere, casi automáticamente, es humildad; humildad por un lado y libertad total por otro.
Accedo a Dios si yo no me paro en mí mismo; es decir, si este mi yo profundo se trastoca, por decirlo así, en el Tú de Dios. Si no, puedo caer en un narcisismo espiritual espantoso. Por eso, la vida espiritual es peligrosa, ambivalente, constantemente ambigua. La experiencia me libera de todo miedo, incluido el miedo a la negación de mí mismo. "No vivo yo, sino que Cristo vive en mí" (Gal 2,20)
Dios es aquello que rompe tu aislamiento respetando tu soledad. Rompe tu aislamiento, entra en ti, dentro, y, al mismo tiempo, respeta tu soledad, te permite ser tú; tú y no lo que dicen de ti unos cuantos papeles identificativos, o la máscara de hermano, de padre, de hijo, de amigo, de correligionario, la máscara de lo que sea. Es la "beata solitudo" donde soy verdaderamente yo, porque Dios no es el Ser que escudriña, sino lo que me permite ser yo mismo al máximo. De otra manera: cuando yo estoy verdaderamente solo encuentro a Dios no como objeto, sino como -diciendo con san Agustín- "intimor intimo meo", lo más íntimo mío, lo que me es más interior, lo que me abre entonces, precisamente, para encontrarlo y verlo en los demás.
Por eso los consejos tradicionales insisten en que sin retiro, sin solitudo, no soy yo mismo, no toco el fondo de mi mismo, y, en definitiva, no propicio el encuentro con Dios. No apegándome a las máscaras con las que frecuentemente nos definimos como un "yo" es como puedo dejar que Dios me encuentre.
Otras tradiciones religiosas han tematizado también esta relación entre la experiencia de Dios y la experiencia del yo. En el Vedante, por ejemplo, la experiencia de Dios es la experiencia del Yo a la que se llega preguntando "¿Quién soy yo?". Al intentar responder esta pregunta empiezo a descubrir que soy un misterio, que yo no soy mi cuerpo, que cambia y pasar ; no soy lo que yo pienso, ese pequeño ego psicológico siempre en transformación. Busco aquel Yo, sujeto último de todas las cosas, del cual no puedo decir nada sin dejar de ser sujeto y convertirme en predicado. Al buscar la experiencia del "Yo soy" (Jn 8,24;13.19) participo en la última y única experiencia del sujeto único de toda operación.
La experiencia de Dios es la experiencia que está tanto al final como al inicio de todo; es la experiencia que nos permite comenzar a vislumbrar lo que es. La respuesta a la pregunta por la Divinidad ser siempre "el más allá de todos los campos de la experiencia humana".
3. ACTITUD PASIVA: YIN
No es por nuestra voluntad de querer, de buscar, por la que nos abrimos a la experiencia de Dios. Dios no puede ser la contestación a ninguna pregunta. Lo convertiría en un ídolo, en un objeto, en un concepto, en una respuesta. Si Dios es algo superior a nosotros, la iniciativa debe partir de El; debe ser El mismo quien nos abra. Esto es probablemente lo que hace afirmar a Huang Po: "No busques la verdad. Tu propia búsqueda destruiría lo que buscas". Nos viene a decir que el yang (masculino), destruiría al yin (femenino), que Dios y el Mundo no son dos, sino una polaridad, que Dios no es objeto de investigación. La actitud frente a Dios, como saben todos los místicos, es más pasiva -¿debo decir femenina?-. La verdad es la que nos busca.
Precisamente una de las grandes dificultades que tenemos en Occidente es el patriarcado cultural, que también podríamos denominar "machismo", y que consiste en lo que yo llamaría la "epistemología del cazador"; esto es, salir con la escopeta del conocimiento, de la razón, a ver si doy alcance al objeto, a ver si lo aprenhendo. Es una epistemología masculina que, aplicada a Dios, constituye metodológicamente un error.
Para dejarse verdaderamente coger por la experiencia de lo divino hay que dejarse fecundar, sobrecoger. Esta experiencia de dejarse coger, conocer, de permitir que la experiencia tenga lugar en nosotros, no es exclusivamente cristiana. Toda experiencia, entendida en su sentido más profundo, es siempre pasiva; no es proyección, objetivación, no es ni siquiera el quererla. Puede suceder o puede no suceder; puede ser mediatizada o inmediata; puede ser un acto súbito que ocurre o puede ser un proceso, o un descalabro. No podemos reducirlo todo a nuestro sistema conceptual.
La experiencia de Dios sería una participación mía en la experiencia de Dios, a lo cual yo llamo "mi conciencia de El". Aceptar la experiencia de Dios de esta manera conlleva entender que el camino para llegar a ella no consiste en buscar, sino en hacerse el encontradizo. La iniciativa no depende de nosotros. Una breve historia china, de Huang Po, ilustra bien esto. Es el buscador de Dios que, buscando la experiencia de Dios, se va a un valle a hacer penitencia, meditación; va a prepararse, a purificarse. Pero no consigue nada, no encuentra nada. Entonces grita, chilla, pide. Y oye una voz que llega desde lo alto del monte. Y hasta lo alto del monte sube par escuchar aquella voz. Pero no encuentra ni escucha nada. Regresa al valle sintiéndose burlado, engañado, y grita y chilla de nuevo. Y de nuevo escucha la voz. Y de nuevo vuelve a subir, a no encontrar nada, sólo silencio. Y baja y sube, y sube y baja. Hasta que se queda callado; deja de pedir, deja de buscar. Entonces se da cuenta de que aquella voz que oía era su propio eco.
(Fragmento de: LA EXPERIENCIA DE DIOS. RAIMON PANIKKAR. EDITORIAL PPC. COLECCION GS -
La navidad es la gozosa encarnación y celebración de un gran misterio: Dios, teniendo un Hijo único, lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera Hijo de Dios (san Agustín).
La santa madre Iglesia, en el ciclo del año, desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la encarnación y el nacimiento... hasta la expectativa de la feliz esperanza y venida del Señor (SC 102).
El término navidad procede del latín nativitas y significa: nacimiento.
Navidad es el tiempo litúrgico que celebra los misterios del nacimiento según la carne del Hijo de Dios.
Cada año la Iglesia celebra la navidad del Hijo de Dios el 25 de diciembre, preparada por cuatro semanas de adviento.
¿Cuál es la teología de la navidad?
La expresión natale domini manifiesta el carácter histórico y concreto de esta fiesta: la venida del Hijo de Dios en la carne de las extrañas de María.
Pero su profundo significado teológico hay que buscarlo en el misterio de la encarnación. Por eso, el papa san León Magno (440-461) hablará del misterio de la Natividad de Cristo (sacrametum nativitatis Christi) para expresar el valor salvífico del acontecimiento:
La fiesta de hoy, el nacimiento de Jesús de la Virgen María, renueva para nosotros los comienzos sagrados (Homilías sobre el año litúrgico, 6).
La navidad hace presente el punto de partida de cuanto se realizó en la carne de Cristo para nuestra salvación.
La navidad se convirtió para la Iglesia en la celebración del misterio de la encarnación contra toda interpretación errónea, gnóstica, arriana, docetista, maniquea o monofisista.
La navidad es el admirable intercambio entre la divinidad y la humanidad. San Agustín lo expresará magistralmente: Dios, teniendo un Hijo único, lo hizo hijo del hombre para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.
La navidad está en la perspectiva de la pascua. El misterio de encarnación se orienta hacia el ministerio pascual.
Navidad es misterio de renovación del cosmos. El Verbo asume en sí toda la creación para levantarla de su caída y para reintegrar el universo en el designio del Padre.
... comenzó a existir en el tiempo para reintegrar en la unidad a la creación entera, reconstruyendo en su persona cuanto en el mundo yacía derrumbado (segundo prefacio de navidad).
¿Cuál es la espiritualidad de la navidad?
La manifestación del Señor que nace conduce al hombre a la participación en la vida divina.
La espiritualidad de la navidad es la espiritualidad de la adopción como hijos de Dios. En navidad nace nuestro hermano mayor Jesús. No somos huérfanos de Padre. Somos familia de la Santa Trinidad.
La navidad es configuración interior con Cristo; sincera imitación de su humildad y pobreza evangélicas; para encarnar su mismo estilo de vida.
El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (GS 22). La espiritualidad navideña es el horizonte de luz para el misterio del hombre, nuevo Adán.
Si un personaje importante te dijera: “Voy a habitar en tu casa”, ¿qué harías? Si tu casa es pequeña, no hay duda de que te quedarías desconcertado, te espantarías, preferirías que el encuentro no tuviera lugar. Ahora bien, tú no temes la venida de Dios. No temes el deseo de tu Dios. Al venir, no te reduce el espacio; al contrario, cuando venga, será Él quien te dilate (san Agustín de Hipona).
¿Cuánto dura el tiempo litúrgico de la navidad?
Comienza con las primeras vísperas de la fiesta de navidad (25 de diciembre), continúa con la octava de navidad, que concluye el primero de enero; sigue la fiesta de epifanía y finaliza con el domingo del bautismo del Señor.
¿Cómo se ordena la octava de navidad?
Navidad tiene su octava, ordenada de esta manera:
a)El domingo infraoctava tiene lugar la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
b)El 26 de diciembre es la fiesta de san Esteban, el protomártir.
c)El 27 de diciembre, la fiesta de san Juan, apóstol y evangelista.
d)El 28 de diciembre, la de los santos inocentes.
e)Los días 29, 30 y 31 son de infraoctava.
f)El día primero de enero –octava de navidad- es la celebración de la solemnidad de la Virgen María Madre de Dios, en la cual conmemora también la Iglesia la imposición del santísimo nombre de Jesús.
¿Qué significan los nombres de Enmanuel y Jesús?
Decían los latinos que nomen est omen: el nombre es significación. Enmanuel es un término hebreo que une en una sola palabra: con nosotros Dios.
Jesús es el nombre más acortado de Jesuáh quea su vez se deriva de otro más amplio: Jehosuáh; que quiere decir: Dios es salud, Dios es salvación.
¿Cuál es el mensaje de la estrellade Belén?
Ninguna crónica histórica de la época registra un episodio con las características de esta estrella que va desde Oriente hasta Jerusalén (de este a oeste) y luego de Jerusalén a Belén (de norte a sur) y que se detiene sobre una casa (Mt 2,9).
¿Para qué detenerse la estrella, primeramente en Jerusalén, delatando así el nacimiento del Salvador al cruel rey Herodes y promoviendo después la matanza de los inocentes?
La estrella no parece ser un fenómeno celeste sino simbólico. ¿Cuál es su significado? Mateo pretende así explicar que Jesús, nacido en Belén como un niño judío y para salvar a los judíos, quiso brindar también alpaganismo, ya desde la cuna, la posibilidad de un encuentro, para lo cual envía la luz de la fe (estrella), cuya misión es guiar a los gentiles (magos) hasta el Salvador (Jesús).
Por el judaísmo ha llegado a los gentiles la Buena Noticia. Por eso la estrella lleva a los paganos hasta Jerusalén, en primer lugar. Pero el judaísmo (Herodes) rechaza a Jesús. El camino queda expedito para que los paganos puedan ser guiados por la estrella (la fe) hasta el lugar mismo donde se encuentra el Salvador.
¿Qué es la epifanía?
Es una de las fiestas más importantes del año litúrgico cristiano. Celebra la manifestación del Señor Jesús a todos los hombres, de todas las razas y lugares.
¿Que significa epifanía? El término griego epifanía o teofanía tiene el significado de autonotificación, de entrada poderosa en la notoriedad, y se refería a la llegada de un rey o de un emperador. El mismo término servirá tambiénpara indicar la aparición de una divinidad o una intervención prodigiosa de ella.
¿Cuándo y dónde surge la celebración de la epifanía? Tuvo su origen en las Iglesias de Oriente, probablemente en Egipto.
En la segunda mitad del siglo IV, san Epifanio (351-403), obispo de Salamina, da la primera noticia de la fiesta ortodoxa de la epifanía, entendida como celebración de la venida del Señor, o sea, su nacimiento humano y su encarnación perfecta.
La primera noticia segura de su celebración en Roma son las homilías de san León Magno (440-461).
¿Cuándo se celebra la fiesta de Epifanía?Se celebra el día 6 de enero, a menos que en los lugares donde no sea fiesta de precepto se le asigne un domingo que caiga entre el día 2 y el 8 de enero.
Mariano Ballester S. J.Imaginaos por un momento el icono de la Virgen de Vladimir, y mantenedlo con la mayor claridad y precisión que podáis en el centro de vuestra vista interior. Podréis percibir algo que se libera de esta sagrada imagen, algo muy semejante al silencio. El silencio de la Vladimirskaia, como el de los ángeles de la Santa Trinidad de Rublev, es algo congénito a la atmósfera del icono, no es externo sino interno, es decir, nace desde el centro, desde el corazón de estas profundas pinturas espirituales. Podremos ignorar este aspecto del icono, o incluso suprimirlo voluntariamente, haciendo hablar a las figuras, imaginando que nos dicen algo y teniendo con ellas una hermosa conversación espiritual. Por supuesto que entonces habremos hecho una experiencia afectiva y reflexiva, pero habremos perdido la verdadera experiencia inefable de la gracia del icono, que se nos da a través de su transparente silencio. Las mejores obras maestras iconográficas no hablan, sino que sencillamente emanan su misterioso silencio. De este modo, también el meditante que llega a la otra orilla, permite que el silencio del Espíritu se manifieste y fluya, libre y espontáneamente, a través de su psique y de su cuerpo, como el icono a través de su forma y sus colores. Y lo transmite en el mercado de la vida, hasta incluso sin darse cuenta. Se dará cuenta de que vive de distinto modo las experiencias de sufrimiento, que antes le preocupaban y perturbaban, y las podrá armonizar con la calma y la paz de un Yo silencioso, en sintonía con la voluntad de Dios. Y sentirá la misma calma silenciosa cuando le ocurran hechos favorables que antes habrían levantado un montón de ansias, de ruidos interiores, de necesidad de satisfacer la eterna tendencia a consumir y poseer. Ahora estos sucesos se consideran como fuegos artificiales que estallan fuera de nosotros; algo bonito, divertido, agradable, a lo cual nos sentimos invitados como espectadores; pero manteniendo siempre el contacto con el Maestro Interior que nos guía en el gran océano del silencio.
(En el Corazón del Silencio - Mariano Ballester S.J. - Ediciones Paulinas - Pequeña fuente 28)
ESPERA CON HAMBRE DE UN REDENTOR ¿Cuál es la espiritualidad del adviento? Con la liturgia del adviento la comunidad cristiana está llamada a vivir determinadas actitudes espirituales esenciales: - la vigilante y gozosa espera - la esperanza - la conversión La Iglesia, viviendo esta espera en actitud vigilante, clama: Maranatha: Ven, Señor Jesús (Ap 22,17.20). El adviento celebra al Dios esperanza (Rm 15,13) y vive la gozosa esperanza (Rm 8, 24-25). Entrando en la historia, Dios interpela al hombre. La venida de Dios en Cristo exige conversión continua, y despertar del sueño (Rm 13,11-14). A través de la predicación de Bautista estamos llamados a preparar los caminos del Señor, a acoger a Dios que viene, convertidos de mente y corazón en el espíritu de las bienaventuranzas. Si Cristo vino, fue sobre todo para que el hombre supiera cuánto lo ama Dios y lo aprendiera para encenderse más en el amor de quien lo amó antes, para amar al prójimo según la voluntad y el ejemplo de quien se hizo prójimo prefiriendo no a los que estaban cerca de Él, sino a los que vagaban lejos. Ponte como fin este amor, al que referirás todo lo que digas; cuenta todas las cosas de manera que la persona a la que hablas crea al escuchar, espere al creer y ame al esperar (San Agustín).
¿La Virgen María y adviento? El nombre de la Theotokos contiene toda la economía divina sobre este mundo (san Juan Damasceno, PG 94, 1029). La memoria de la Madre de Dios está indisolublemente unida a la obra salvífica del Hijo. El Concilio Vaticano II declara: En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María, unida con lazo indisoluble a la obra salvífica de su Hijo. En ella la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser (SC 103). En adviento resuenan las antiguas voces proféticas sobre la Virgen y el Mesías. La figura de María, la madre mesiánica, está proféticamente bosquejada en el Antiguo Testamento. María es el testigo silencioso del cumplimiento de las promesas. Es la encarnación ideal del Antiguo Israel que ha llegado a la plenitud de los tiempos. · En los libros del Antiguo Testamento aparece ya proféticamente bosquejada la promesa de victoria sobre la serpiente hecha a los primeros padres (Gn 3,15). Por María nos llega el linaje de quien aplastará la cabeza al maligno (Gn 3,15; Ap 12). · María es la nueva mujer, la nueva Eva, la primera redimida, abogada de Eva (san Ireneo), que restablece el sentido original de la historia de la salvación. · María es la heredera de la fe de Israel en el Sinaí (Ex 19-24). El nosotros haremos todo lo que el Señor ha dicho (Ex 19,8; 24,3.7) es el Fiat del Antiguo Testamento. · María es la Virgen que concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Enmanuel (Is 7,14; Miq 5,2-3; Mt 1,22-23). · María con su anunciación es la hija de Sión (Lc 1,26-38). Lucas aplicará a la Virgen las profecías de Zacarías (2,14-15; 9,9-10), Sofonías (3,14-17) y Joel (2,21-27) dirigidas a la hija de Sión. · María es el arca y tabernáculo de la nueva alianza. Es la morada de la presencia de Dios (sekinah), que encarna a su Hijo. Su seno puro y virginal es el arca de la alianza. La visita de María a Isabel está modelada según el traslado del Arca de la Alianza desde Baalá de Judá a Jerusalén, por orden de David (2 Sm 6). · María es la personificación de Jerusalén Si Jerusalén será madre de todas las gentes (Is 49,21; Sal 87), María es la nueva Eva que con su Sí y su maternidad junto a la cruz se constituirá madre de todos los pueblos (Jn 19,26). · La Virgen de Nazaret es el tipo representativo del resto de Israel; es decir, de ese pueblo humilde y pobre que confía en el nombre del Señor (Sof 3,12-13). · María es la memoria plena de Israel pues ella conservaba todas las cosas en su corazón y las meditaba (Lc 2,51).
Y además, María está indisoluble y activamente unida al cumplimiento del misterio de Cristo en la encarnación, en la pasión-muerte-resurrección, y en pentecostés (LG 55-59); es decir, a lo largo de la economía de la salvación de su Hijo (LG 66). María es presencia y ejemplo. La ejemplaridad de María respecto a la Iglesia reside en el hecho de que ella es la Iglesia-esposa asociada a la obra salvífica de Cristo: · La llena de gracia, símbolo de una Iglesia que ha de ser santa. · La Virgen del Sí, la sierva del Señor, la discípula que escucha, acoge y pone en práctica la Palabra de Dios: Hija del Hijo (Dante, paraíso 30). · La Madre-Iglesia junto a la cruz.
¿Por qué se coloca el nacimiento? El origen de esta buena costumbre cristiana de representar el nacimiento de Cristo es antiquísima, tanto en iconos, retablos, etc. Su finalidad es servir para la catequesis y, sobre todo, para contemplar el gran misterio del amor de Dios que se encarnó para nuestra salvación. Al parecer, el primero en recrear un nacimiento vivo fue San Francisco de Asís (1181-1226). Y sucedió así. Dos semanas antes de la navidad de 1223, llamó Francisco a su amigo Juan Velita, señor de Greccio. Este hombre, que había renunciado al ejercicio de las armas, poseía una alta montaña tajada, agujerada de grutas y coronada por un bosquecillo. Al bienaventurado Francisco le pareció el lugar muy adecuado para la escenificación que meditaba. Siendo esto una novedad, antes sometió su proyecto al juicio del papa Honorio III (1216-1227), quien gustosamente se lo aprobó. Francisco expresó a Juan Velita: Desearía celebrar contigo la próxima fiesta del Salvador y conmemorar su nacimiento en Belén de manera que se me presentaran a lo vivo los dolores y molestias que desde la infancia sufrió para salvarnos. Por lo cual quería que en aquel lugar de la montaña acomodaras un pesebre de veras, con heno y que trajeras un asno y un buey como aquellos que acompañaron al niño Jesús. Los lugareños con antorchas acudieron de todas partes. Francisco, diácono, en la eucaristía proclamó el evangelio y luego predicó al pueblo sobre el gran misterio de la encarnación. ¡Fue una noche inolvidable!
¿Qué simboliza el árbol de navidad? El árbol de navidad aparece en el siglo XVI, en Alemania. Pero tiene sus antecedentes en las representaciones religiosas de la Edad Media, especialmente sobre el paraíso, con el árbol del bien y del mal. Tras las representaciones, estos árboles eran llevados a las casas. El árbol verde de navidad evoca, pues, el árbol del paraíso. Entonces, Dios otorgó la vida a Adán y Eva. Ahora, es el nacimiento del segundo Adán, Jesucristo, simbolizado con el árbol de la autentica vida. La estrella de Belén corona este árbol. Las luces evocan a Cristo, desde su nacimiento, irradia su luz para todos los hombres. En el siglo XV nació la costumbre de añadir pequeñas obleas como alusión a la Eucaristía. Colocar regalos en las ramas del árbol, o a sus pies, representa los dones, frutos y gracias de salvación que nos trae el redentor. El árbol de navidad evoca el árbol de la cruz donde se consumió nuestra salvación. También hace alusión al árbol de la vida eterna, según el Apocalipsis: Dichosos los que laven sus vestiduras, así podrán disponer del árbol de la vida (22,14).
¿Qué es la corona de adviento? Más que un motivo litúrgico es un elemento pedagógico. Se trata de un soporte redondo o lineal, revestido de ramas vegetales verdes, sobre el que se colocan cuatro velas. El conjunto se sitúa cerca del altar o del ambón. Las velas de la corona se van encendiendo gradualmente en las cuatro semanas de adviento. En navidad se suele añadir una quinta vela más grande y de color blanco hasta el final de este tiempo litúrgico. ¿Cuál es el mensaje cristiano de la corona de adviento? Lo encontramos en sus símbolos: - La luz de las velas: nos llega el Salvador, luz de los pueblos. - El verde de las ramas: la vida y la esperanza que nos trae el Señor. - La forma redonda: la corona del Señor, rey que viene. ¿Se puede tener la corona de adviento en casa? Sería muy bueno tenerla en casa. Así la fe en la espera de Cristo, como nuestra luz y nuestra vida, afianzará nuestros lazos de familia y nos hará sentir más Iglesia doméstica.
¿Qué son las posadas? Es la escenificación del peregrinar de José y María embarazada, pidiendo posada en Belén. Es una alta expresión de la actitud hospitalaria. Y es que el Niño Dios ha derramado sobre la tierra el don del amor y nos pide calor humano, cordialidad, compasión, solidaridad y hospitalidad. La posada es la casa donde ese día va a tener lugar la celebración. La comunidad saluda a la familia que acoge la posada en su casa. Se desea que esta familia abra sus puertas al Señor y que Él la bendiga. Se ora con textos bíblicos y se entonan cantos religiosos y villancicos. Al final, se agradece a la familia de la posada y se concluye con una oración y bendición. Te pedimos, Señor, que la celebración del nacimiento de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, nos haga escuchar tu Palabra, nos una más a tu Iglesia y nos cambie el corazón. Que tú, Señor Jesús, puedas nacer en todos y cada uno de nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
El infierno no termina al cerrarse las puertas del campo de concentracion. Fuente: El País.-
El Ministerio de Cultura español promovió el Primer Encuentro Internacional de Memoria Histórica en la Universidad de Salamanca, la misma donde Miguel de Unamuno enfrentó al dirigente franquista Millán de Astray cuando éste entró a los claustros pistola en mano gritando “Viva la muerte, abajo la inteligencia” . En esa reunión, de la que participaron delegaciones de Chile, Argentina, República Dominicana, Portugal y Alemania, el poeta y columnista de Página/12 fue el encargado de realizar la conferencia inaugural sobre “el imperativo moral de la memoria colectiva”. Soy padre de un hijo de 20 años secuestrado, torturado, asesinado en 1976 por la más reciente dictadura militar argentina, que también desapareció sus restos. Fueron hallados, gracias a la infatigable labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, 13 años después. Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz. Sigue desaparecida y su hija fue entregada a un policía de matrimonio estéril. Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida y que mi mujer, Mara La Madrid, que no es la madre de mis hijos, y yo buscamos y encontramos al cabo de una larga investigación. Nada de esto hubiera sido posible sin el testimonio oral de sobrevivientes uruguayos y argentinos, sin expedientes judiciales y aun militares, sin ese archivo tan particular que es el banco de datos sanguíneos de familiares de desaparecidos del Hospital Durand de Buenos Aires, sin una campaña internacional de denuncia que tuvo la solidaridad de decenas de miles de poetas, escritores, artistas y gente de a pie de 122 países, sin libros, sin documentos, sin Internet, sin videos y, sobre todo, sin la voluntad imperiosa de encontrar la verdad. Hablo desde la experiencia argentina. ¿Por dónde empezar? ¿Por la madre de un desaparecido que año tras año y día tras día arreglaba el cuarto de su hijo y a la noche le preparaba la sopa que él solía tomar al regreso del trabajo? La sopa se enfriaba en la mesa sin remedio. ¿Por el sueño de la hija de una desaparecida? Este sueño: “Mamá vive en el departamento de la calle 47. Voy a visitarla. Tengo miedo de que me abrace y al hacerlo se convierta en fantasma”. Ha pasado mucho tiempo desde la desaparición de ese hijo y de esa madre, pero no hay final del duelo todavía. No lo habrá mientras no se encuentren sus restos y descansen en un lugar de recuerdo y homenaje. No lo habrá mientras esa madre y esa hija no sepan toda la verdad sobre su sufrimiento. No lo habrá mientras esa verdad no conduzca a la Justicia. El infierno no termina cuando se cierran las puertas del campo de concentración y los hornos se apagan: hace un cuarto de siglo que cesó el infierno militar en la Argentina y centenares de miles de personas –hijos, padres, hermanos, familiares, amigos de los desaparecidos– viven esa segunda parte del infierno que crepita en la memoria y no hay modo de apagar. “Desde entonces, a una hora incierta/esa agonía vuelve/y hasta que mi cuento espantoso sea contado/mi corazón sigue quemándose en mí”, dice el viejo marinero de un poema de Coleridge que recordó Primo Levi. Para muchos argentinos, uruguayos, chilenos, centroamericanos y nacionales de tantas otras latitudes del mundo esa estrofa poética es vida real y quema cada día. “En nuestro país el olvido corre más ligero que la Historia”, dijo el escritor Adolfo Bioy Casares. Pues no sólo en la Argentina. Desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores del olvido. “¿Para qué renovar las penas? –dice Ismene a Edipo–. El dolor se sufre al recibir las penas y se vuelve a sufrir al recordarlas.” El Día de Muertos, el pueblo mexicano acude a los cementerios, se sienta alrededor de sus difuntos, toca la guitarra y les canta, les pide que sigan muriendo en paz y que dejen en paz a los vivos para que los recuerden sin terrores. Pero los familiares de los desaparecidos no tienen dónde hablarles y ellos son fantasmas inciertos que vuelven a doler en la memoria. “Los padres quedaron sin hijos y no terminan sus quejas. Conocen al fin cuál es el dolor total sin remedio”, dice Esquilo. ¿Cada recuerdo trae un dolor que se amontona, capa sobre capa, y se convierte en una geología del dolor? ¿Es posible dialogar con el dolor, fingir que tiene rostro y que no es una potencia que viene y va y protesta contra la muerte del ser querido y le da cuerpo y la afirma negándola? ¿La locura sería la última puerta del dolor, una manera de convertirse en dolor para no padecerlo y desaparecer en el dolor? ¿No será ésa una forma de fundirse con la víctima y así morir con ella? Los familiares de los desaparecidos están en otro lugar. “Un loco, solamente un loco que perdió la mente olvidar puede la muerte de su padre”, dice Electra. O la muerte de un hijo. No es ésa la locura de los familiares: su única “locura” consiste en exigir verdad para las víctimas y justicia para los victimarios. Es un camino lleno de obstáculos con los que se tropieza día a día. Los comisarios del olvido tienen recursos y conocen su trabajo. Un pacto de silencio sella la boca de los militares argentinos, con pocas excepciones. Cuando sus camaradas conocen que alguno está dispuesto a hablar, lo callan con una buena dosis de cianuro: le ocurrió al prefecto naval Héctor Febres, a punto de ser condenado por los crímenes que cometió durante la dictadura militar. O desaparecen a testigos importantes de los juicios por delitos de lesa humanidad, como desaparecieron a Julio López, para agitar el miedo en las víctimas testimoniantes. La policía facilita la huida del represor atrapado o quema archivos de sus operaciones. La jerarquía de la Iglesia Católica argentina que, a diferencia de la chilena, santificó la matanza –un obispo del Vicariato llegó a decir “cuando hay derramamiento de sangre, hay redención”–, la jerarquía de la Iglesia Católica argentina, que ordenó tranquilizar a militares desasosegados porque venían de tirar prisioneros vivos al océano, se niega a abrir sus muy prolijos archivos de la época, que permitirían recuperar al menos los restos de numerosos desaparecidos. Ciertos jueces, ciertos fiscales y ciertas instancias judiciales como la Corte de Casación argentina encajonan procesos contra los represores, quienes pueden quedar en libertad por la falta de sentencia. Y lo peor, verdaderamente lo peor, es la perversión que mancha a sectores políticos y sociales que, de un modo o de otro, por acción o por omisión, fueron cómplices de la matanza y callan lo que saben y niegan al Otro lo que saben. Y luego, por qué omitirlo, la actitud pasiva de ciertos familiares que, ante todo por falta de medios, y luego por desánimo, cansancio, resignación, desesperanza o temor, todavía temor, depositan su no hacer en los organismos de derechos humanos. Y también, por qué omitirlo, ciertos organismos argentinos de derechos humanos que burocratizan el dolor o militan contra la búsqueda de los restos de los desaparecidos “para que sigan con sus compañeritos”. Así hacen tabla rasa de la historia personal de las víctimas y del lugar que ocuparon en la historia. Es la continuidad civil, bajo otras formas, del pensamiento militar. La voluntad de corregir la memoria, como es notorio, viene de muy lejos. En el siglo V antes de Cristo, la sangrienta oligarquía de los Treinta prohibió en Atenas por decreto recordar la derrota militar que le infligiera Esparta. Cada ciudadano fue obligado a pronunciar el juramento “No recordaré las desgracias”. Pasan los siglos y los vencedores siguen reorganizando el pasado a voluntad. En el año de gracia de 1040 el monje Arnold von Saint Emmeram explicaba así el método que había elegido para escribir la historia del ducado de Baviera: “No sólo es pertinente que las nuevas cosas modifiquen las viejas; también es correcto, si las viejas son desordenadas, el de-secharlas por completo, e incluso, aunque estén bien ordenadas pero sean poco útiles, el enterrarlas con reverencia”. La voz de los vencidos es “desordenada y poco útil” en los manuales de historia al uso, cuyo marco de referencia esencial es el Estado. Numerosas víctimas de crímenes contra la humanidad fueron y son carne de olvido, “ese acuerdo con aquello que se oculta”, al decir de Blanchot. Los que falsifican la historia así, falsifican la vida y están presentes y activas las antiguas herencias de nuestra tan moderna, o posmoderna, civilización occidental, en la que los extraordinarios avances tecnológicos conviven o malviven codo a codo con genocidios nunca vistos. Proliferan las teorías sobre la historia como relato y otras sobre todo lo contrario. De lo primero hay pruebas más que suficientes, algunas francamente ridículas. La historia del Partido Comunista soviético ha sufrido continuos liftings con el correr del tiempo y se convirtió en un acto de predicción del pasado. Es famosa la fotografía del estado mayor bolchevique tomada días después del triunfo de la Revolución Rusa, con Lenin en el centro, a su derecha una escalera y luego Stalin. El lugar de la escalera lo ocupaba Trotski, excomulgado por el Termidor stalinista. El acto tiene pretensiones mágicas y la voluntad de abolir la historia. De ahí la importancia fundamental de los archivos de la memoria. De ahí la importancia fundamental de esta reunión. La pretensión de mutilar la memoria cívica de todos los días corrompe su salud y despeja el camino a nuevos autoritarismos. El imperativo moral de la memoria colectiva tiene hoy más urgencia que nunca y no faltaron en la Argentina y en otros países quienes entendieron esto muy temprano y crearon y ordenaron personalmente, sin apoyo oficial alguno y movidos por su moral ciudadana, informaciones utilísimas que se pueden ver por Internet. Estos archivos contribuyen a deshacer las artimañas de los asesinos de la memoria, como ésas que pretenden que no hubo cámaras de gas y que el primer pueblo ocupado por el nazismo fue el pueblo alemán. Si queremos que la barbarie no se repita y pase al reino del nunca más, no deberían, creo, ser archivos mudos para la sociedad civil y viceversa: habría que acercar sus contenidos a sectores sociales y políticos en los que hay no poco a despejar todavía. ¿Y se podrá alguna vez despejar mentes en el estamento militar para que obedezcan a lo ético y opongan la desobediencia debida a órdenes criminales? El capitán de navío Juan Carlos Rolón, miembro de un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada de Buenos Aires donde la marina desapareció a 5000 personas, declaró impávido: “Nos enseñaron que la tortura era una forma moral de combatir al enemigo”. Se recuerda el diálogo que Hannah Arendt sostuvo con un oficial nazi que admitió haber gaseado y enterrado a prisioneros con vida en el campo de concentración de Maidanek. La pregunta de la filósofa: “¿Se da cuenta de que los rusos lo van a colgar!”. La respuesta del nazi: “¿Por qué? ¿Yo qué hice?”. Las dictaduras suprimen el testimonio de las víctimas, pero llevan sus propios archivos. En Auschwitz hay gruesos volúmenes que registran la muerte de los prisioneros gaseados. En la primera columna de cada página figuran el nombre, la edad y la nacionalidad de la víctima; en las dos restantes, hora y causa de la muerte. La hora es la misma a lo largo de páginas enteras, las 8.15, o las 8.30 o las 9.00 de la mañana. También se repite la causa de la muerte, “influenza” casi siempre. Este no es sólo un acto burocrático; sustituye la vida por una mentira de papel y muestra abismos de la condición humana. Se impone abrir esa clase de archivos. Pero ésta es una decisión de Estado y, lamentablemente, todavía hay gobiernos democráticos que no se atreven a disponer que se dé ese paso indispensable. Los familiares de los desaparecidos sólo conocen la dolorosa mitad del crimen. La otra yace oculta, custodiada por centinelas militares, policiales, eclesiásticos. Jacques Derrida habló del “mal de archivo”, pero ésos son los archivos del mal. Que se me perdone la insistencia en subrayar la importancia de los testimonios orales, vehículos de una memoria que en ocasiones se transmite de generación en generación. Frente a Panamá –narra el periodista José María Pasquini Durán– hay una isla llamada San Blas en la que vive una etnia indígena. Una vez al año todos se reúnen y los ancianos cuentan a los jóvenes la historia de la etnia, que arranca del casamiento del Sol con la Luna, para que su memoria perdure. Los jóvenes comenzaron a emigrar y a quedarse en Panamá, pero mandan grabadoras a la isla para registrar el relato de los ancianos. Ahora la maravillosa historia que comienza con el Sol y la Luna está en casete y los jóvenes lo tienen en su casa entre los discos más recientes de pop norteamericano. Menciono esto porque en muchas sociedades del mundo no hay casete todavía. En el año 1987 seguía yo exiliado en Francia y el diario recién nacido entonces para el que trabajo, Página/12, me pidió que cubriera el proceso a Klaus Barbie, el ex jefe de la Gestapo en Lyon, bautizado “El carnicero”. A una víctima que le detallaba sus crímenes, Barbie dijo: “Yo no me acuerdo de nada. Si se acuerdan ustedes, el problema es de ustedes”. Efectivamente: recordar y denunciar los crímenes contra la humanidad y exigir su castigo es un problema nuestro.
Señora del Adviento, Señora de los Brazos Vacíos, Señora de la preñez evidente y extenuante. Cuánto deseamos que camines con nosotros. Cuánto necesitamos de ti, mujer del pueblo, que viajas presurosa y alegre a servir a Isabel, a pesar de tu vientre pesado y fatigoso. Entre las dos tejerán esperanzas y sueños.
Señora del Adviento, Señora de los Brazos Vacíos, también nosotros estamos preñados de esperanzas y sueños. Soñamos con que el canto de las aves no vuelva a ser turbado por el ruido de las balas. Soñamos con nuestros niños sin temores, cantando al fruto de tu vientre ya cercano. Soñamos con los niños hispanos durmiendo tranquilos al arrullo de un villancico. Soñamos que nuestros viejos mueren tranquilos y en paz murmurando una oración.
Soñamos con que algún día podremos volver a tener sueños y utopías y esperanzas.
Señora del Adviento, la de los Brazos Vacíos, visítanos como a tu prima. Monta tu burrito y ven presurosa. Nuestros corazones son pesebres huecos y fríos donde hace falta que nazca tu Hijo. Ven, Señora, con tus gritos de parto a calentar nuestros corazones, a seguir tejiendo esperanzas con nosotros, como lo hiciste con Isabel. Solo así, en medio de la noche iluminada por tus brazos ahora llenos y por tus pechos que amamantan, podremos volver a soñar... podremos gritar ¡Es Navidad!
La palabra adviento proviene del latín adventus, que significa: llegada.
Adviento es el tiempo litúrgico de la Iglesia con una doble finalidad:
a)Preparación a la segunda venida del Señor, revelando su verdadera identidad: Hijo de Dios.
b)Preparación a la navidad que, junto con la epifanía, celebra la encarnación y manifestación del Señor en la historia humana, haciéndola historia de salvación.
La Iglesia, al celebrar el adviento unido a la navidad, es consciente de cumplir a la vez la espera del antiguo Israel en la expectativa mesiánica y su propia espera de la consumación de la filiación divina comunicada por Cristo en su venida histórica (Rm 8,19; 1 Jn 3,2).
Con el adviento se inicia el año litúrgico.
¿Cuándo comienza y concluye el adviento?
El adviento comienza con las primeras vísperas (oración del atardecer) del domingo 30 de noviembre o el más próximo a ese día.
Concluye antes de las primeras vísperas de navidad.
Se celebra con cuatro domingos.
¿Cuántas partes tiene la liturgia del adviento?
Tiene dos partes, en las que se presenta como el tiempo de la esperanza gozosa ante el Señor Jesús que llega.
La primera parte de la liturgia del adviento alcanza hasta el 16 de diciembre. Sus miras están puestas en la segunda venida del Señor al final de los tiempos (la parusía). Es el adviento escatológico.
La segunda parte, a partir del día 17 de diciembre hasta el 24, tiene como finalidad prepararnos para la primera venida del Señor Jesús (la navidad). Es el adviento natalicio.
¿Quiénes son los personajes más destacables en la liturgia del adviento?
En este tiempo litúrgico destacan de modo característico tres figuras bíblicas:
·El profeta Isaías
·Juan Bautista, el precursor
·La santísima Virgen María
¿Cuál es el gran grito del adviento?
Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto. Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas (Mt 1, 2-3). Así gritaba Juan el Bautista.
Este es el gran grito de adviento: preparen el camino a nuestro Dios, que viene a nosotros.
Si alguien está en tinieblas y en sombras de muerte como hijo pródigo, si alguien perdió la amistad con Dios, si alguien se salió del camino de la salvación, ahora es el tiempo de volver a Dios, preparando un lugar bien dispuesto y ordenado dentro de sí.
Es el tiempo de dejar a Dios entrar y habitar en nuestros corazones y mentes.
Es el tiempo para escuchar su voz; orar y vivir en verdad y justicia.
Es el tiempo de dar hospitalidad a Dios que ha de guiar y salvar nuestra vida